Edición 2496: Jueves, 13 de Julio de 2017

Ya Hemos Empezado

Escribe: Rafo León |“Son las autoridades las que dan la pauta de la destrucción de los valores naturales y culturales”.

Lima, 4 de julio de 2017

La empresa Claro respondió a la presión y retiró el agresivo panel con que había adornado el lugar. Al menos para algo sirven las redes sociales. Fue el viajero y escritor de bitácoras vasco instalado entre nosotros, Íñigo Maneiro, quien colocó el tema en Facebook, con foto y video. Realmente espeluznante y no solo por el hecho mismo sino por lo que revela: la falta absoluta de criterio para ordenar el crecimiento de un lugar de valor natural y cultural una vez que se ha operado en él una intervención para mejorar la calidad de los servicios. Me estoy refiriendo a la manera silvestre, desprogramada y violenta con que se está dañando la periferia de la base de salida de las cabinas, hablando del teleférico que recientemente se ha inaugurado para llegar a Kuélap.

Las imágenes que colgó Maneiro muestran el despunte urbano de un espacio que no debe tener construcciones mayores. “Ojalá estemos a tiempo y no nos arrepintamos después, cuando haya hacinamiento, pésimo servicio, basura, desorden y mal gusto. O graves problemas, por el clima o los terremotos, por construir en laderas que antes estaban cubiertas de árboles”, dice Maneiro.

El emblema es el antiguo Aguas Calientes, hoy distrito de Machu Picchu, la base para ascender al santuario de Pachacútec. Desde hace ya varias décadas se ha instalado allí un desordenado y peligroso pueblo, donde, en efecto, como señala Íñigo, las laderas están del todo tugurizadas en una zona de fuertes lluvias y el paisaje cultural es un collage de mal gusto donde se encuentra el metro cuadrado más caro del Perú. El modelo de Aguas Calientes se repite allí donde un nuevo lugar turístico se pone de moda, y así tenemos un Chivay en el Colca, que en nada envidia al esperpento cusqueño.
Continúa Maneiro: “Lo digo por Kuélap, las recientes telecabinas y Tingo, el lugar donde se encuentra la estación desde la que se sale hacia la impresionante ciudadela que corona el cerro La Barreta. Todo augura que van a llegar miles de nuevos turistas a la bellísima región Amazonas”.

Desde que se puso la primera piedra del ahora archifamoso aeropuerto de Chinchero, en sus proximidades comenzó a crecer un barrio entero en un área elevada llamada La Loma, construcciones de ladrillo y cemento sin concluir, a la manera de Juliaca, con los fierros a la vista y sin agua ni desagüe. Rápidamente los vecinos de Chinchero denominaron al nuevo barrio “los Maldini”, pues sus gestores habían sido los campesinos que vendieron sus chacras para el proyecto aeroportuario y que destacaron económica y socialmente, como los ricos de Al fondo hay sitio. En una oportunidad tuve la ocasión de hablar sobre este tema con quien era viceministro de Patrimonio en el Ministerio de Cultura, y su respuesta me dejó congelado: “No podemos sacarlos, en los parques arqueológicos no existe la zona de amortiguamiento, por tanto ellos tienen derecho de construir allí”. Toda la discusión sobre el polémico proyecto de Chinchero ha girado en torno a sus aspectos contractuales y financieros; en cambio, el impacto social y cultural, que ya está ocurriendo, pareciera no preocupar a nadie.

Íñigo Maneiro pone la alerta ahora que el desastre está empezando: “Pero los comienzos ya asustan. Tingo es una pequeña localidad de casas de adobe y techos de teja o calamina, pero vean el inmueble que se ha construido el alcalde Víctor Alan Alvarado García… En el video observamos las laderas, antes cubiertas de miles de árboles de tara, totalmente deforestadas por la municipalidad. Esto se ha hecho para crear lotes de terreno y venderlos después (con las telecabinas y el auge del turismo... todo es negocio). Ojalá estemos a tiempo”.

La construcción mencionada es un edificio con frente en esquina, de varios pisos, en “material noble” y formas intrusas. La posibilidad de que se urbanice lo que fue un bosquecillo de especies nativas no hace sino garantizar que el edificio del alcalde se multiplicará, y con agravantes.

Ya es un dogma en el turismo cultural que si la población local no se involucra en la puesta en valor y gestión de un destino, éste, al no ser sostenible, cae en decadencia. Pero ojo, lo que ha empezado a ocurrir en Tingo nada tiene que ver con ese principio de turismo moderno. Y lo más grave es que son las autoridades las que dan la pauta de lo que es la destrucción de los valores naturales y culturales, desde esa combinación fatal entre ignorancia y “emprendedurismo” en la que andamos empantanados. 

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