Edición 2481: Jueves, 30 de Marzo de 2017

Nuestras Ratas

“Ahí está el Chino con su baile, Toledo con su mujer, Humala y familia. Allí está el libro de Quiroz”.

Lima, 26 de marzo de 2017

Los ratones están en casa, son de la familia. Hay que cuidarse de ellos porque son capaces de mordisquear hasta comérselo todo. El presidente del Perú no puede declarar al país en emergencia aunque el país esté en emergencia. Si lo hace, los gobernadores regionales y los alcaldes, libres de todo candado, se lanzarán sobre el botín y harán ciertas  compras sobrevaluadas, otras del todo falsas, malversarán fondos, conseguirán que sus ratas de confianza les emitan recibos vacíos, que sus auditores se sienten a la misma mesa a banquetearse con ellos. La aceptación de la emergencia vendría a ser la abolición de los controles. El país está en emergencia pero el presidente no lo puede decir en voz alta, sería dar luz verde a  los roedores que habitan la propia casa.

El evento climático, vuelto catástrofe social, está transparentando demasiadas situaciones espurias que con el tiempo han pasado a formar parte del sistema. Todo el mundo ha sabido de ellas y se las ha dejado ser. La corrupción como forma de gobierno, central, regional, local. El presidente del Perú tiene a la mano un recurso vital para encarar el desastre producido por las lluvias en gran parte del Perú, una opción que permitiría agilizar adquisiciones, cerrar contratos con terceros, dinamizar la ayuda inmediata y sentar las bases para la reconstrucción. Salvar vidas, frenar la destrucción total de pueblos, mantener las escuelas en pie, las postas médicas, las carreteras transitables, los desagües en su lugar. Pero hacerlo es muy peligroso, pone al gato de despensero, al gitano a hacer colecta. A las propias autoridades les abre el arca para que hasta el justo peque.

Sostiene el abogado José Ugaz, estudioso de nuestra cornucopia, la corrupción, que la diferencia entre el comportamiento de este fenómeno entre nosotros y otros países de la región, debe conocerse. En Brasil, Argentina, México y Venezuela, la corrupción se da a lo grande, Lava Jato nos lo pone por delante, los Kirshner, Maduro. En el Perú también se da a lo grande, desde siempre, ahí está el Chino con su baile, Toledo con su mujer, Humala y familia. Allí está el libro de Alfonso Quiroz donde se detalla la verdadera historia del Perú. Pero esa diferencia a la que apunta Ugaz salta en que además del banquete macro, la corrupción como una cascada va formando parte de la práctica cotidiana a todos los niveles sociales, de rey a paje, de presidente a asesor y de asesor a ministro y de ministro a viceministro y de vice a jefe de compras y de pronto, se enreda como una liana en el tronco del Poder Judicial, de las aduanas, de los organismos que se ocupan de los impuestos, del comisario y del policía de la esquina. Es por ello que el presidente del Perú no puede decretar la emergencia nacional, aunque estén dadas las condiciones para que ello ocurra. A pesar de que eso sería lo adecuado para atacar una situación de gravedad extrema. Pero las ratas viven entre nosotros, son la familia extensa. Las hemos elegido, ya no podemos reclamar.

Varias negociaciones entre el gobierno y empresas o consorcios privados a cargo de obras de infraestructura o de industrias extractivas se atracan porque los concesionarios se niegan a aceptar en los contratos la cláusula anticorrupción. Les preocupa que de pronto su modus operandi se ponga en evidencia como algo que no debería ocurrir porque significa para el país una estafa, un robo.  Es para preguntarse quién tiene entonces el deber para con la población, si el Estado o el empresario. Si fuera el primero no cabría duda alguna sobre la cláusula anticorrupción, simplemente se firmaría y de darse el caso, se aplicaría. Pero el privado no quiere que haya ninguna cláusula anticorrupción, lo irrita, lo pone nervioso, qué se ha creído este paisucho para venir a ponerme seguros de honradez a mi proyecto.

Se ha vuelto habitual que las licitaciones para grandes obras de infraestructura las obtengan los postores que más bajo cotizan. Una medida pensada para ahorrarle recursos al Estado. Y en efecto, así se dan estos concursos. Lo que pasa es que una vez otorgada la concesión, no pasa mucho tiempo y aparecen las adendas que terminan triplicando el presupuesto inicial. Y hay que cubrir el forado con fondos del Tesoro. Caballero nomás, la ley lo faculta. La ley que no se quiere cuando en el contrato el Estado busca protegerse de la corrupción. La ley que el presidente del Perú no puede dar, declarando la emergencia, porque las ratas habitan entre nosotros. (Rafo León)

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