Edición 2479: Jueves, 16 de Marzo de 2017

¿Qué Hacer?

“Si el problema se viraliza, con suerte puede enganchar con movimientos colectivos”.

Lima, 10 de marzo de 2017

Cuando todo era felicidad y la mayor parte de mi generación le besaba el bies de la enagua a la izquierda, recuerdo haber escuchado muchas veces como respuesta a una pregunta, lo siguiente: “organícense”. Y la pregunta solía provenir de pobladores de un barrio marginal, o integrantes de una comunidad campesina, o de algún club de madres, que tenían demandas muy urgentes. Alimentación, trabajo, salud, educación, emergencia por desastres. “Organícense” era la palabra mágica que habría de convertir cualquier reivindicación en la toma del poder. Así era.

Han pasado los años, muchos, y sobre todo ha ocurrido la auténtica revolución en los mecanismos de relación entre las personas, los grupos, dentro de la sociedad. Hoy no es necesario “ensuciarse los pies” (Keiko dixtit) en San Juan de Lurigancho para saber de primera mano qué problemas, qué tragedias vive la gente. Estos se conocen a través de las redes, en tiempo real. Sin embargo, quienes conforman esa demanda, quienes la sufren, siguen preguntándose, como en la tapa del libro de Lenin, qué hacer.

Ahora bien, las redes sociales tiene sus códigos y entre ellos está el glamour que debe mostrar una noticia para merecer un like y eventualmente un comentario. Ese encanto ha de combinar alguna historia más o menos (mejor más que menos) sensacionalista, con una agresión potente a algún derecho, ya sea de la mujer, el niño, el discapacitado o el perro. Esa fórmula es ganadora y genera infinidad de respuestas al qué hacer, desde una catártica coprolalia hasta soluciones maximalistas, delirantes, inviables, pasando por citas de Osho. Sin embargo quien coloca un comentario tipo, “yo no sé qué espera el gobierno de PPK para hacer a Philip Butters ministro de Educación y que nuestros hijos puedan caminar tranquilos a su colegio”, está convencido de que aporta algo crucial en el encaramiento y solución de algún grave problema nacional.

Si el problema se viraliza, puede tener la suerte de enganchar con movimientos de colectivos y similares y terminar en una marcha. Una marcha no orgánica sino espontánea, que por lo general es exagerada al día siguiente en fotos trucadas, en las mismas redes. Pero quien opinó sobre feminicidio con un chascarrillo fulminante y luego fue un rato a la marcha, ya puede considerar que resolvió el apremiante qué hacer.

El asunto no es tan leve como parece. Por ejemplo, ¿cuánto tiempo ya lleva el tema Butters en el primer plano de las redes? Por lo menos diez días y cada jornada que pasa se calienta más, en la medida en que este señor se esmera en atizar el fuego en las laptops y las cabinas de internet. Muchísima gente que lo insulta o lo desagravia está respondiendo a su propio qué hacer en la realidad virtual. Hasta que venga otro viralazo y Butters ya fue.

Mientras tanto el norte costero de nuestro país pasa por una situación gravísima. Luego de diecinueve años de sequía, el cielo se ha desbordado y ya van varias semanas en las que Tumbes, Piura y Lambayeque sufren las consecuencias de este fenómeno tan imprevisto como predecible. Es decir, las autoridades nunca hicieron nada por la prevención. Y la gente muere, pierde sus casas, las calles desaparecen, la agricultura pierde un año entero. Por supuesto, son daños para pobres. Los desbordes de dos ríos en Arequipa están también haciendo lo suyo, y aquí nomás, en Huarochirí, en Mala, los pobladores locales la están pasando muy mal, con casi nula intervención del Estado en la emergencia.

Es que las inundaciones son todas iguales, no tienen garra, ver sufrir a los damnificados aburre, salvo que se trate de la casa de la tía de Chibolín en Sullana y ahí sí. Lo que pienso es que esta actitud no se explica solo por la banalización –o la civilización del espectáculo definida por MVLl– sino porque enfrentarte a una catástrofe como la climática que viven tantas regiones del Perú, no te da opción sino, como mucho, a comentar “¡Pobre gente!”. Y ahí quedó tu qué hacer, no tienes opción a colaborar en nada.

La verdad de las cosas es que vivimos una metástasis de información no estructurada, que nos inmuniza frente a ciertos temas mientras nos estimula a ver otros. Pero si a mí me preguntan, ¿qué harías tú?, ante las imágenes de familias de campesinos pobres cargadas de niños cruzando en balsa desde su casa anegada a la inexistente vereda del frente, solo se me ocurriría responder, “que se organicen”. (Rafo León)

Loading...