Edición 2476: Jueves, 23 de Febrero de 2017

¿Para Qué Complicarse La Vida?

“La estrategia apunta a que el sistema cure en sí mismo aquello que hoy es injusto”.

Misterio, 19 de febrero de 2017

Pregunto. ¿Es ortodoxo y posible suscribir las grandes ideas del socialismo pero aisladas ya de la utopía de la toma del poder? ¿Se puede ser socialista, mantener una práctica socialista, luchar por las reivindicaciones del socialismo, pero ya en un estadio político ciudadano común y corriente, sin aspirar a que tu proyecto personal se convierta en un régimen? Las premisas y el ideario socialista son perfectamente válidos en sí mismos y tal como pinta el mundo de hoy, no hace ninguna falta que sus impactos en la sociedad sean mucho más efectivos que si estuviéramos hablando de un Estado con bandera, himno y constitución de colores socialistas. Sobre todo cuando nos enfrentamos a los socialismos realmente existentes en el planeta.

Kim Jon-nam, el hermano mayor del dictador norcoreano Kim Jong-un, fue asesinado en el aeropuerto de Malasia por dos mujeres que le apretaron contra la cara unos trapos mojados conteniendo veneno. Kim Jon-nam cayó en desgracia cuando decidió salir ilegalmente de su país movido por un deseo irrefrenable de conocer Disneyworld. Su hermano en el trono no se lo perdonó e hizo contactar a las dos mujeres para que ejecutaran al pobre hombre. Pero como para confirmar que la realidad verdadera ya no existe, ambas mujeres eran constantemente contratadas por los shows malayos de cámara indiscreta para hacer entrar en confianza a hombres y luego tirarles las telas empapadas y que la gente se ahogue de la risa. Ellas no sabían que su popular número estaría destinado a asesinar a alguien que quiso huir para darle la mano a Pluto. ¿Eso quieres para tu país, joven socialista?

Daniel Ortega (y señora) elegido una vez más presidente de Nicaragua, la emprende contra el anciano y respetado poeta Ernesto Cardenal, alguien que mantiene vivo su ideario sandinista, y le clava una multa de ochocientos mil dólares por ser un disidente. El mundo progre entero se moviliza en favor de Cardenal, y nadie por el socialismo que Ortega dice representar en su país, hoy entre los más peligrosos y pauperizados del planeta. Pero ojo, hay que insistir, la enorme movilización está pensada para defender al poeta de una medida tiránica emprendida por un socialista en el poder. Gran diferencia.
Cuba sigue exhibiendo los principales logros del socialismo castrista: salud y educación universales y de óptimo nivel. Gratuitas, además. Pero dos políticas públicas no hacen un régimen, y la tragedia de Cuba ha sido la de tener que depender de la Unión Soviética y luego del petróleo venezolano para seguir erigiéndose como un ejemplo de la revolución entronizada, hasta que todo se derrumbó y ahora el país, muerto Castro, sin mayores culpas se sincera con los Estados Unidos y seguramente la salud y la educación pronto empezarán a caer en perversas manos privadas. Tan malas como reales.

Yo nunca he podido cuadrar en mi mente el que gobiernos como los de Chávez, Bachelet, Lula, los Kirschner, Humala, Mujica, Correa o Evo, hayan conseguido el sueño socialista de la toma del poder. La política económica de estos regímenes ha seguido el modelo capitalista o peor aún, en su afán por desmarcarse de este ha caído tan hondo como solo puede verse en la Venezuela de Maduro. Son –o han sido– gobiernos con una retórica política internacionalista emparentada con el movimiento No Alineado de los setentas, y en el frente interno, populistas sin medida ni clemencia. Solo se mantuvieron con decoro y continuidad democrática aquellos, como el chileno, que supieron absorber las inquietudes progres sobre todo las de los jóvenes. La gran corrupción, por su parte, ha creado un nuevo concepto del ejercicio político, “ni capitalista ni comunista”, como declaraba su identidad Velasco Alvarado.

Hoy las causas que mueven masas de jóvenes a marchar con energía no son capitalistas ni comunistas: la calidad de la educación, la lucha anticorrupción, el respeto a la mujer, el matrimonio igualitario, el tema ambiental, la lucha LGBT, hasta el animalismo. La estrategia apunta a que el sistema cure en sí mismo aquello que hoy es injusto y discriminatorio. Pero, ¿la toma del poder? ¿A quién se le ocurre en un mundo sin sindicatos, sin campesinos organizados, movido por lo virtual, viviendo la realidad aumentada, sostener esa utopía? Quizás a Cordero y Velarde, de seguir vivo. (Rafo León)

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