Edición 2472: Jueves, 26 de Enero de 2017

Autoridades Por el Estilo

“La figura del troll es el mensajero de nuestros días. El troll y su estilo calzan con la autoridad bruta”.

Misterio, 21 de enero de 2017

Fue el naturalista francés Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, quien acuñó una frase célebre críptica, difícil de descifrar: “el estilo es el hombre”. Aunque no tanto. Si hacemos un viaje alrededor del mundo reciente comenzaremos a comprender cómo la esfera pública está cada vez más caracterizada por el modo que adoptan autoridades, desde las máximas hasta las mínimas, de las que tradicionalmente se ha esperado la apelación al buen sentido y la cordura. Un estilo marcado por la agresividad, el achoramiento, la violencia verbal, el insulto y la descalificación en sus formas más extremas.

Pocas imágenes tan impactantes y desagradables como la de Donald  Trump, en carrera, parodiando el aspecto físico de un periodista con discapacidad que se mostró crítico con él. El tope de la incorrección política, tanto como su mención a que él puede levantarse a cualquier mujer, acompañada con el gesto de meter la mano por debajo de una falda, no escocesa precisamente. Una gaffe como esa, viniendo de un candidato que ya tenía la mitad de los votos en los Estados Unidos, era como dar licencia de pirata a cualquiera que quisiera denigrar sin castigo. Así, una alcaldesa republicana, al poco tiempo, dijo públicamente que con Melania Trump por fin se iba a volver a una figura decente de Primera Dama, “y ya basta de un primate con tacones”.

Putin, macho alfa, una suerte de 007 venido de Rusia con amor, se coronó cuando dijo en declaraciones públicas en favor de Trump, “nuestras chicas son las mejores del mundo”, refiriéndose a las prostitutas rusas con las que el ordinario gallito de las rocas neoyorkino habría disfrutado presuntamente en sonoras fiestas en Moscú.

Un inclasificable presidente filipino, Rodrigo Duterte, ha entendido que es necesario golpear más fuerte para destacar en esta Babel paleolítica. Así, luego de defender su estrategia de dar pena de muerte a los delincuentes, se refirió a la iglesia católica como una institución decadente en la que abundan los homosexuales y los pedófilos, una “idiota” que le critica sus maneras de combatir el crimen. Poco antes había mandado un mensaje con escasa sutileza a la Unión Europea: “vete al carajo”.
El estilo es el hombre. O la mujer. Entre nosotros tenemos verdaderas perlas en cuanto a malos modales se refiere, y curiosamente abundan entre el bello sexo. La actitud de Cecilia Chacón durante la interpelación al exministro Saavedra mostró los talentos de la señora para postular a vaporina. Aunque va a ser difícil superar a Lourdes Alcorta y su reciente calificación de la persona de Verónica Mendoza: “No tiene autoridad moral ni siquiera para existir”. Por su lado, Becerril defiende la camiseta de los varones con pachotadas que de pronto mejor fuera no recordar.

La cuestión, como siempre, es el porqué. No parece que la opción política fascistona, chauvinista y dictatorial de los personajes mencionados necesariamente implique tales apelaciones a la vulgaridad. Chile tuvo a un Piñera ultraderechista que nunca usó un micrófono para tal fin, al igual que el Macri argentino. Y los deslumbrantes corruptos brasileños hasta en sus peores momentos han conservado la elegancia en el decir. Entonces, si ese hombre deslenguado y procaz es su estilo, el ser le viene por otros lados.

Las redes sociales. El anonimato y el acceso de cualquiera a una tribuna han producido una ruptura de todo autocontrol y distancia para “opinar” sobre lo que sea. La figura del troll se está convirtiendo en el mensajero de nuestros días, el que se vale de la imposibilidad de normar los contenidos del internet para mentar la madre, mentir, aporrear al mundo con insultos en letra mayúscula, generalmente sin contenido ni sustento. Pero el troll se ha ganado su espacio. Hoy, seamos sinceros, ante la opción de leer un comentario sensato y mesurado o una avalancha de infundios trolleros, todos vamos de frente a la segunda. Allí hay tomate, como se dice en España. El troll y su estilo calzan a la perfección con la autoridad bruta y obcecada que no necesita argumentar porque con ofender se la lleva fácil. Hasta un cardenal, fíjese usted, ha aprendido esa lección: “La ideología de género es como dar de comer excrementos a un niño en lugar de carne”. (Rafo León)

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