Edición 2464: Miércoles, 23 de Noviembre de 2016

K’erenda Homet

“Don Víctor es un héroe vivo que nos da mensajes capaces de neutralizar la cara de Moreno ”.

Hay héroes que terminan cuando se inaugura el busto en su homenaje, y héroes que siguen siendo. Los primeros deben su trascendencia a una circunstancia. Los segundos son los bomberos, los guarda parques, los vigilantes voluntarios del patrimonio cultural. Y don Víctor Zambrano.

Cercano a los setenta años, a Zambrano no le sobra un gramo de grasa en el cuerpo, es que no para un instante de hacer cosas bajo el sol de los bosques próximos a Puerto Maldonado, o reuniéndose con agricultores y ganaderos que solo quieren hacer crecer sus chacras y potreros a punta de destruir la Amazonía, o de darse de cabezazos contra la estupidez de autoridades que no se enteran de que ya son más de 85 mil las hectáreas deforestada en la región por la minería ilegal. Además, debe dedicar varias horas a su fundo de 36 hectáreas, llamado K’erenda Homet: dos palabras de distintas lenguas nativas, la primera Ese’eja y la segunda Harakmbut, que combinadas dan un saludo a la naturaleza. Y por si fuera poco, todas las mañanas le pone al menos dos horas a la tarea de interpretar su bosque a los niños de los colegios que lo visitan y a los que pasea, explica y educa entreteniendo mediante funciones de títeres que ofrece una asociación civil amiga. Es que uno de los principios que  maneja don Víctor como puntal de conservación es lo que él llama ‘transferencia generacional’, que no es sino el aseguramiento de generaciones que continúen y profundicen una relación con la naturaleza que en principio, no debería terminar jamás.

Don Víctor se crió de niño en el fundo que hoy maneja, cuando la banda del río Tambopata que éste ocupa era trabajada por abnegados migrantes japoneses, quienes con técnicas agrícolas traídas de sus tierras lograban producir hortalizas de todo tipo en las orillas y restingas del río, algo asombroso en un ecosistema donde estas especies son desconocidas, salvo que vengan servidas en un plato. Zambrano observaba y aprendía de estos laboriosos hombres y mujeres que llevaban a los mercadillos de una vez por semana sus portentosas verduras. Pero además de los agricultores japoneses Zambrano hizo suya una sabiduría que aprendió de los nativos Ese’eja. Entre gentes de este grupo, Víctor, el joven blanco, adquirió una mirada alerta contra los enemigos de la selva y a la vez, la pericia para con la tierra, considerada como un ser vivo al que hay que saber tratar. De niño Zambrano se rehusaba a usar zapatos y de hecho, al regresar de la escuela a su casa el par de torturas de cuero pasaba a mejor vida hasta el día siguiente.

Pero Víctor tuvo que trasladarse a Lima, donde ingresó a la Marina de Guerra. Allí estuvo varios años, luego se retiró y desempeñó tantos trabajos como los que contabilizan el ser peruano. Nunca perdió sin embargo la obsesión por volver a su fundo, ubicado en el barrio Ishuyama, bautizado así en homenaje a uno de los migrantes japoneses mencionados. Hace casi treinta años Zambrano retomó el fundo que había estado arrendado, y perdió el aliento al descubrir que lo que él dejó como bosque primario, se había convertido en un inmenso potrero cubierto de tierra muerta, donde sobrevivían apenas algunos árboles de los más altos.

Lo que vino después es historia. Zambrano no se deprimió –al menos según el diagnóstico de la ordinaria de la Fujimori–, recurrió a lo aprendido de niño sobre la tierra, a la que comenzó a tratar como a un convaleciente. Sembró gramíneas regeneradoras, plantó ciertas especies de árboles con técnicas exquisitas, dejó que la naturaleza volviera a gobernar con sus propias leyes. Hoy las 36 hectáreas de don Víctor son un símil de bosque primario. Gracias a esta concreción de una utopía, el conservacionista ganó el Premio National Geographic de Liderazgo en Conservación 2016. Sin embargo don Víctor no descansa. Ahora lidera la oposición a la minería ilegal y su vida corre peligro, sin exageración. Pero don Víctor es un héroe vivo que nos da mensajes capaces de neutralizar, por ejemplo, la cara de monrero del doctor Moreno, o dios, la de Cecilia Chacón.  (Rafo León)