Edición 2462: Jueves, 10 de Noviembre de 2016

Invasores Ilegales, Depredadores Legales

Lima, 6 de noviembre de 2016

Una embarcación ecuatoriana está detenida dentro de la zona núcleo del santuario. Dos pescadores de ascendencia afro con una inmensa red circular tendida en aguas peruanas esperan recogerla cargada de lisas y otras especies marinas de manglar. El guardaparque, con energía, saca medio cuerpo del bote que pertenece al área protegida. Llega a asemejarse a un mascarón de proa cargado de indignación. Grita a los pescadores furtivos e ilegales que ya basta, que es la segunda vez, que no han escarmentado de la primera en la que casi se les esposa y que en ese mismo instante deben alzar sus redes y partir por donde vinieron. Los guardaparques de las Áreas Naturales Protegidas del Perú merecen un homenaje por algo cercano al heroísmo en su trabajo. Como los bomberos, digamos.

Los dos pescadores ecuatorianos simulan estar arrepentidos pero los delata la risa que baila en sus ojos. Es que ellos ya saben cómo funcionan las cosas de este lado del estero Matapalo, la parte peruana. En efecto, meses atrás fueron interceptados por el mismo guardaparque, quien se presentó con un policía y los llevó a la base de la Marina de Guerra instalada en el Santuario Nacional Manglares de Tumbes. Seis individuos uniformados ocupan las precarias instalaciones robadas a los parches de mangle. Los marinos no tienen combustible para acompañar a patrullar a los guardaparques, ni menos para salir a detener a pescadores ilegales ecuatorianos. De modo que estos ingresan al área con la certeza de que recibirán, cuanto más, un par de gritos angustiados del abnegado personal que se ocupa de vigilar el recurso natural que ocupa 2,973 hectáreas, situado en Zarumilla, Tumbes.

Esta segunda vez que son reprendidos, los pescadores ilegales levantan las redes con centenares de lisas grandes, inquietas, fuertes, que terminarán en algún muelle o mercado artesanal en Huaquillas. El guardaparque recuerda que en la oportunidad anterior el policía que acompañó a la persecución de los mismos pescadores, no abrió la boca, no dijo nada, su figura flotaba en las aguas barrosas y grises del estero como si de una malagua se tratara. Es así como las normas de un área protegida situada en frontera son ignoradas, son violadas porque los guardaparques no tienen autoridad para detener y quienes sí la tienen, la Policía y los marinos, no cuentan con un centavo para salir de sus puestos de madera medio podrida ya, o la inercia los ha acostumbrado a que lo único por lo que vale la pena seguir allí es por el almuerzo de hoy: una lata de atún por persona y una porción de arroz, eso sí, bien graneado.

Al sur, hasta la frontera de Piura con Lambayeque, los pescadores artesanales están dejando su actividad tradicional. La pesca desaparece de manera acelerada y no tanto por los cambios del clima, que también ponen lo suyo, como por el feroz impacto de la pesca de arrastre, que se lleva todo, peces en edad reproductiva, hembras, especies en extinción, crías de lobos que son matadas a palazos. Esa pesca busca langostino, para las plantas de crianza del norte. Por su lado, la pesca industrial no respeta las cinco millas de protección establecidas por ley, y entran a extraer a la zona artesanal, llevándose lo que pueda sustituir a la anchoveta que, en su momento, esa misma pesca extinguió. En resumen, los pescadores artesanales deben conseguir trabajo como serenos de los municipios, o salir a buscárselas de lo que sea, fuera de sus caletas donde se quedan sus mujeres, sus hijos.

Organizados y valientes, pescadores de El Ñuro han llegado hasta altas autoridades del Ministerio de la Producción para presentar su reclamo sobre las langostineras y los barcos industriales. Han recibido una respuesta transparente: “Esos de los que ustedes se quejan tributan al Estado, ustedes no. Jerárquicamente son más importantes, lo sentimos”.  Humala no quiso firmar la categorización de esta parte del mar como Reserva Marina del Pacífico Norte, diseñada para evitar que ocurran estos abusos. “PPK tampoco la va a firmar –sentencia un dirigente– él es un hombre de empresa”. (Rafo León)