Edición 2456: Jueves, 29 de Septiembre de 2016

Los Pajaritos

“En Madre de Dios la explotación de menores está cobrando niveles de escándalo internacional”.

Lima, 27 de septiembre de 2016

Eliseo y doña Lola se paran frente a cámara, detrás el río Tambopata nos revela la urgencia de un chapuzón. El termómetro marca 40º a las doce del mediodía. Madre e hijo sonríen y luego de la claqueta comienzan a recitar: Pajaritos/ sin alas/somos los niños/que a nuestros/padres pedimos/pan y cariño. Repiten, lo vuelven a hacer, se termina la grabación con carcajadas. Me dice mi amiga Valeria que lo que más sorprende de los Balarezo es que son gente feliz. Doña Lola acaba de cumplir ochenta años y el tercero de sus hijos anda por los cincuenta y cinco.

En la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata se ha juntado un grupo de propietarios de fundos para cada uno de ellos ofrecer al visitante un aspecto de la Amazonía: excursiones por el bosque, deportes de río, descanso, investigación, educación ambiental, observación de fauna, gastronomía, tonazos selváticos. Estamos en el distrito de Isuyama, a quince minutos de la ruidosa Puerto Maldonado. Pero acá solo se escuchan el río, los comentarios de las señoras en la cocina, el trajín de las ollas, los cucharones y el fuego chisporroteando en la parrilla y la carcajada de Eliseo y su madre, hermosa doña Lolita. Observa con cautela don Eliseo, esposo y padre. Él se acerca a los noventa y está sordo, pero parece también plenamente feliz.


El fundo de los Balarezo –pareja y trece hijos– se llama Los Pajaritos. Una treintena de hectáreas que se asoman al río a través de un puerto con mirador donde están instaladas las mesas en las que almuerzan los viajeros: aperitivo de ungurawi con pisco, una porción abundosa de pescado en paca (doncella embutida en un tronco de bambú puesto luego al fuego), tacacho, chilcano de carachama, paco a la parrilla, yucas algodonosas y refresco de cocona. A pesar del atracón de comida me queda la pregunta, ¿por qué Los Pajaritos?

Ríen todos, las hermosas hijas que han cocinado, los dos Eliseos, doña Lolita. Cuando Eliseo hijo estaba en la primaria, los profesores impusieron la costumbre de que cada semana los niños llevaran al aula una poesía. Así se hizo, pero cuando le tocó al pequeño Balarezo, no tenía ninguna. Tímido y solitario, se decía de él que se le había metido el demonio. Eliseo sufría por su propio temperamento, pero también por haber fallado al no saber una poesía. Se encerró más en sí mismo, lo que no pasó desapercibido para su madre. Doña Lola lo buscó y lo abrazó, ¿qué tiene mi hijito? Eliseo soltó la lengua y la respuesta de la madre fue inmediata. Te voy a enseñar una poesía para que mañana la lleves a tu colegio. Y así fue cómo Balarezo no solamente cumplió con la tradición establecida por sus profesores, sino que la letrilla Los Pajaritos se hizo tan popular que todos los niños del plantel la memorizaron para repetirla, y fue en ese momento que el familión quedó bautizado con el mismo nombre.

La historia es una delicia. Eso lo captó de inmediato José Antonio Medina Pérez, amigo de Eliseo Jr., economista especializado en desarrollo sostenible y gran conocedor de nuestro país. Medina descubrió el poema y el porqué de su popularidad. Tan encantado como quedé yo, el economista, quien vivía en Piura, se llevó en el recuerdo la anécdota y dibujó una hermosa historieta titulada Eliseo el Pajarito. A todo color y en papel cuché la hizo imprimir y un ejemplar llegó a mis manos, lo tengo en este momento al lado de mi laptop. Y me sorprendo una vez más del valor de lo contradictorio. En Madre de Dios la explotación de menores está cobrando niveles de escándalo internacional. Adolescentes obligados a trabajar en los lavaderos de oro, niñas secuestradas para prestar servicios sexuales a los mineros en los infernales campamentos de La Pampa y otros lugares invadidos, deforestados, depredados, envenenados. En el mismo ámbito, la familia Balarezo exhibe con impudicia su felicidad. Y son felices porque lo son, pero también porque como sus vecinos de Isuyama ellos están dejando que la naturaleza vuelva a convertir su fundo en un parche símil del bosque primario para que regresen árboles, arbustos, plantas silvestres y animales a poblarlo todo. Un tercer camino habrá de surgir del contacto entre la codicia que mata al bosque y secuestra niños, y la dicha de la familia los pajaritos. (Rafo León)

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