Jorge Peña confía en que los plantones donados por Anibal Varea le traigan un mejor futuro.
Jorge Peña confía en que los plantones donados por Anibal Varea le traigan un mejor futuro.
Edición 2595: Jueves, 20 de Junio de 2019

En Calango sin Paltas

Empresario ayuda a agricultores del Valle de Mala a perderle el miedo a la exportación.

Jorge Peña confía en que los plantones donados por Anibal Varea le traigan un mejor futuro.
Jorge Peña confía en que los plantones donados por Anibal Varea le traigan un mejor futuro.

Tradicionalmente, en las tierras a lo largo del río Mala, los pobladores sembraban manzanas. Una cosecha que, aunque noble, no es un cultivo nativo del Perú y no deja muchos dividendos, a diferencia de otros cultivos a lo largo de la costa peruana.

En los años 90, cuando el gobierno fujimorista abrió las importaciones, entró una variedad de manzanas que hizo que las de los pequeños agricultores de Mala dejaran de ser competitivas. Las extranjeras eran más sabrosas y las locales no podían igualar el precio.

Hace algo más de ocho años, el empresario Aníbal Varea llegó a Calango buscando un terreno, pensando en sus días de retiro. Cuando conoció la situación de los agricultores de Calango, quiso actuar.

Actualmente ya se está produciendo 200 mil kilos al año. La meta es llegar al Bicentenario produciendo 500 mil.
Actualmente ya se está produciendo 200 mil kilos al año. La meta es llegar al Bicentenario produciendo 500 mil.

“Vi que la gente estaba en una situación muy precaria”, dice el empresario. “Tenían tierras y agua pero estaban cultivando la fruta equivocada”. Y con esa visión que lo caracteriza desde joven dijo: “Yo sabía que la palta podía ser mucho más rentable”.

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Aníbal y su hija Úrsula, contentos con lo que los agricultores están logrando.
Aníbal y su hija Úrsula, contentos con lo que los agricultores están logrando.
Aníbal Varea, convencido de que este era el camino para sacar a la gente de la pobreza, formó primero la ONG Exportando y compró 8,000 plantones de palta injertada. La exposición de estos pequeños árboles fue acompañada de una campaña explicándole a los agricultores los beneficios que tendrián si cambiaban de cultivo. A pesar de los esfuerzos y las intenciones, “la gente tenía miedo de cambiar y desconfiaban del señor Aníbal”, recuerda Paola Quispe, mujer orquesta de la ONG. “Tenían la idea de que él se quería quedar con sus tierras o al menos con la cosecha”. No era nada de eso. Al contrario.

Esta desconfianza tiene una explicación de acuerdo con la filósofa Onora O’Neill. En una charla en TED Talks, la británica explica que desconfiar “es humano y normal, sobre todo si no se dan las condiciones”. Para O’Neill, que además es miembro de la Cámara de los Lores, “la responsabilidad de generar un entorno de confianza es de quien quiere la confianza y debe hacer cosas para ganársela”. Y es eso lo que justamente hizo Aníbal Varea.  

La cosechas de paltas ha permitido mejorar su ingresos y hasta ha hecho que sus hijos regresen porque ven mejores oportunidades.
La cosechas de paltas ha permitido mejorar su ingresos y hasta ha hecho que sus hijos regresen porque ven mejores oportunidades.

Han pasado siete años desde aquellos primeros 8,000 plantones y ya van casi 50,000 donados. Hasta el momento, el trabajo de Varea y su ONG ha cambiado la vida de al menos 100 familias y no todos son de Calango mismo. Los agricultores satisfechos están pasando la voz porque, además de recibir árboles de palto pequeño, tienen a su disposición a un ingeniero agrónomo que les da asistencia técnica, lo cual permite mejorar sus cultivos y optimizar su cadena de valor.

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es el que los jóvenes estén regresando a los pueblos porque ahora sí hay trabajo y riqueza. Aníbal Varea dice estar satisfecho con ello porque, además, “las familias se vuelven a unir”. 

El cultivo tradicional de este valle de la costa peruana ha sido siempre la manzana.
El cultivo tradicional de este valle de la costa peruana ha sido siempre la manzana.