“¿Cómo ganarle a Costa Rica después de realizar seis cambios solo en el segundo tiempo?”, se pregunta Balo.
“¿Cómo ganarle a Costa Rica después de realizar seis cambios solo en el segundo tiempo?”, se pregunta Balo.
Edición 2567: Jueves, 29 de Noviembre de 2018

La Trampa de un Estilo Definido

Por: Abelardo Sánchez León | Sin alternativa viable ni Plan B, o nos jugamos a muerte con nuestro estilo o lo renovamos.

“¿Cómo ganarle a Costa Rica después de realizar seis cambios solo en el segundo tiempo?”, se pregunta Balo.
“¿Cómo ganarle a Costa Rica después de realizar seis cambios solo en el segundo tiempo?”, se pregunta Balo.

Con estos bueyes aramos”, es una de las expresiones favoritas de mi amigo Luis Peirano, cuando de dirigir se trata. Estoy seguro que Ricardo Gareca comparte esa manera de acercarse a la realidad: sentido práctico, transparencia, honestidad, sin hacerse muchas ilusiones. Ricardo Gareca ha logrado labrar, con precisión de relojero, un estilo de juego, y lo ha hecho con los jugadores que disponía. Según él, no eran muchos. Su universo era más bien reducido y se había envejecido y sensualizado, esto último según la versión de Mario Vargas sobre ciertos izquierdistas que caían sucumbidos por la tentación de los placeres mundanos. Los jugadores más veteranos no tenían mayor interés en vestir la camiseta nacional; en verdad, en su evaluación costo–beneficio, era muy poco lo que ganaban. Por eso, y esta ya es historia conocida, renovó a la selección y encontró un grupo joven de futbolistas deseosos de alcanzar la fama, el éxito y comulgar con una sociedad ansiosa no solamente de triunfos, sino de honestidad en la entrega. La política, ayer y hoy, es un fraude. Un negociado de personas impresentables. Y la selección se convirtió, así, sin darse mucha cuenta, en un referente frente a la política local a través de un conjunto de personas que daban lo mejor de sí.

Gareca: ¿no le importan los amistosos?
Gareca: ¿no le importan los amistosos?

Pero la vida te juega, casi siempre, malas pasadas. Después de forjar un estilo de juego (según los intelectuales, propio del Perú, de nuestra manera de entender la vida), los diversos rivales se han percatado en qué consiste y han logrado neutralizarlo. Hemos caído en la trampa de nuestro propio estilo, y no tenemos a mano ninguna alternativa viable y menos aún un Plan B. Nuestro estilo es una adaptación estricta a nuestro biotipo, a nuestra dificultad de afrontar la vida (y el fútbol) frontalmente, pues preferimos el bosque barroco a la simpleza de la línea recta, y cuando el rival se tira para atrás, cuando se encierra, cuando no nos deja ingresar, cuando nos teje una sutil tela de araña, corremos el riesgo de que nos hagan muchísimo daño a través de los contragolpes. Es en ese momento crucial que nos percatamos que nuestro estilo ha llegado a su límite y que ha dejado de ser una virtud.

Nosotros le tenemos terror a los desbalances, al equilibrio, no olvidemos que somos un país desbalanceado, con muchos desequilibrios, fragmentado, más bien, afirman algunos sociólogos, descompensados, y después de mucho atacar sufrimos cuando en una sola jugada nos meten un gol. Para algunos ese gol resulta injusto. Para otros, ese gol es gol, así como en el amor las obras son solo las buenas razones (recordemos al boxeador Romerito, que después de atacar y desgastarse, Bom Bom Mancini lo envió a la lona de un potente cruzado). Dinamarca y Francia neutralizaron nuestro estilo en el Mundial de Rusia; Ecuador y Costa Rica nos han demostrado que si no cambiamos de estilo, será muy difícil ganar algún encuentro en la próxima Copa América y en las clasificaciones al Mundial de Qatar.

“Ecuador nos demostró que si no cambiamos de estilo será muy difícil ganar.”
“Ecuador nos demostró que si no cambiamos de estilo será muy difícil ganar.”

El fútbol se juega, pero se retransmite y se comenta y se critica a través de los medios de comunicación. Todos tenemos nuestros puntos de vista, pero la única persona que decide es el D.T.: o sea,  Ricardo Gareca. Si bien ha ampliado su universo de jugadores, en teoría, porque es fácil deducir que si hubiese un gran futbolista, lo conoceríamos, estos últimos partidos amistosos nos han llenado de confusión. No sabemos bien qué se entiende por partido amistoso: ¿se trata de encuentros entre amigos, entre rivales que no disputan puntos, de un divertimento, un simple vacilón? Cuando los jugadores de Costa Rica disputaban con ardor un balón dividido, los comentaristas se desconcertaban, pues se trataba tan solo de un amistoso. ¿Debemos pensar, acaso,  que a  Ricardo Gareca no le importaban los resultados de los partidos amistosos? ¿Bajo qué criterio puso en Alemania, de visita, al juvenil Marco López, de tan solo 20 años, cuando Alemania ponía justo a su delantero estrella Thomas Müller? ¿Era un acto de soberbia? ¿Gareca intentaba probar justo ante Alemania a un novato y no ganar la contienda? ¿Le daba igual ganar o perder ante Holanda de visita?  ¿Cómo ganarle a Costa Rica después de realizar seis cambios solo en el segundo tiempo? Todos sabemos lo que pueden dar en el campo Horacio Calcaterra, Yordi Reyna o Canchita González: en verdad, lo decimos con la mano en el pecho, no mucho. Pero la pregunta está planteada, y tiene visos existenciales: o nos jugamos a muerte con nuestro estilo labrado  o lo renovamos, total o parcialmente. ¿Pero cómo, con quiénes, haciendo qué? Recordemos que el Perú es un país bastante conservador y que no nos gustan los cambios. 

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