Apoteósica celebración en París incluyó disturbios e intervención policial.
Apoteósica celebración en París incluyó disturbios e intervención policial.
Edición 2547: Jueves, 12 de Julio de 2018

France en Trance

Escribe: Eloy Jáuregui |Francia llega a su tercera final en un mundial a ritmo de campeón.

Apoteósica celebración en París incluyó disturbios e intervención policial.
Apoteósica celebración en París incluyó disturbios e intervención policial.

En París sigue la jarana. La peinada de Samuel Umtiti, al mejor estilo de un fígaro diplomado, llevó a la selección de Francia a ser finalista del Mundial de Rusia. Su tercera final en la historia. Y los hinchas franceses se zafaron a celebrar, y hasta el lunes no hay colegio. En las principales calles de la capital la explosión es una mezcla de alarido nacional y fervor a las patadas. En los Champs Élysées hay vino y besos, felicidad y emoción, desahogo y desenfreno.

Mientras que en San Petersburgo el martes y el lunes en Moscú, si no fuese por los souvenires y la mascota, el lobo Zabivaka, todo sería y es la militancia de la normalidad. El vodka adormece a los rusos y siguen en las mismas en la república de Putin. Y parece mentira que esta tierra que fuese  el paraíso del comunismo durante décadas, ahora sucede todo lo contrario. Y mejor para algunos y qué pena para otros, los ortodoxos de Lenin y el socialismo realmente existente.

Umtiti marcó el gol del triunfo.
Umtiti marcó el gol del triunfo.
  El fútbol no cambia tanto como el amor. Y ese juego de hoy que ha prevalecido en este Rusia 2018, se terminó con el fútbol totalitario. Ese de la posesión del balón y el otro, de meterse en el fondo y solo contragolpear. Hoy vivimos entre el pragmatismo y el juego de transición. Tanto como jugó Bélgica e igual que los ingleses. Y es que ahora tener la pelota –como España o Brasil– no te garantiza nada. Jugar a lo Guardiola o emplear el “tiki-tiki” (‘camotito’) o el “todos atrás” como Islandia, tampoco.  Entonces ganó la pelota parada (casi la mitad de goles se hicieron así) y la velocidad. Pragmatismo puro. Belgas e ingleses se acomodaron al rival, regalaron la pelota y en velocidad de los traslados, los fulminaron.  

Lo dicen los comentaristas argentinos –llegaron a raudales a Rusia– que lo mejor de los franceses es que les haya tocado jugar con Perú en la zona de grupos. Los peruanos somos ‘la mami’ de los mundiales. En 1930 jugamos con Uruguay y los celestes salieron campeones. En el de México 70 nos tocó Brasil y el scratch se llevó el título. En 1978 fue la Argentina del 6 a 0 y los de Menotti campeonaron. Los italianos nos tocaron en España 82 e igual, fueron campeones. Y ahora Francia ya tiene la mitad del título en las medias, y gracias a que jugó con el bueno de Perú.
Pero las estadísticas son las meretrices de los cálculos, dicen. Por eso el domingo de la final, los bleus con su espectacular equipo deben poner broche de oro a su brillante paso por este mundial, que fue labrando su meta con categoría y diría, casi sin apuros. Porque Francia hoy demuestra ser armazón sin fisuras físicas, técnicas o psicológicas, que contiene todos los elementos necesarios para ser casi imbatible.

Contra los belgas, y en muestra de su solvencia no se cansó de jugar con una táctica implacable, de una velocidad sorprendente y jamás renunció a tirar tacos. Con Lloris echando llave a su pórtico, con Pogba como comandante en jefe y con Mbappé, un elegante verdugo siniestro, demostró que si ha llegado a su tercera final, es que fue el mejor de 30 equipos y luce el tatuaje de ese equipo que hace dos años, en la final de la Eurocopa, también cantó victoria antes de tiempo y hoy llega vacunado a su domingo de gloria.    

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