Edición 2546: Jueves, 5 de Julio de 2018

Considerando en Frío

Como le sucede  a ciertas personas, nuestra selección puso sus expectativas en una valla bastante alta: pasar a los octavos de final. La tarea era ambiciosa, pero no imposible: había que derrotar a Dinamarca, eso sí, un equipo compacto, decidido, que en los encuentro de grupo ha terminado invicto. Más allá del penal errado, no pudimos ganar ese preciso partido. Cueva, como Messi y Ronaldo, falló el penal, pero si a los otros no les ha afectado demasiado, a Cueva sí; como él mismo confiesa, lo va a llevar como una espina durante toda su vida.

No pasar a octavos de final nos ha quitado el verdadero regusto de la victoria. Saber que lo pudimos hacer, que nuestro rival hubiese sido Croacia, nos inquieta aún más; pero todos sabemos, y ahora lo sabemos muy bien, que el Mundial es un torneo corto, donde los errores no se perdonan. No todas las decisiones equivalen a los errores. La decisión de no iniciar el Mundial con Guerrero en la cancha  y el penal errado, creo yo, dificultaron nuestro apretado pase a octavos.

Si bien es verdad que esta selección nos ha brindado alegrías más allá del propio fútbol, es a través del fútbol como lo ha expresado: el fútbol de hoy es ordenado, planificado, serio, profesional, honesto, más allá de las eventualidades y accidentes propios de la vida. Nosotros no hemos sido Argentina en este Mundial: rebeldías, desorden, egos, disputas internas. El Perú, su selección, ha sido por primera vez el referente, el modelo que nuestra sociedad debe seguir. En el 70 nos dio alegrías, pero ahora se propone como una conducta en el siglo XXI. Para los jóvenes la existencia de esta selección es clave, fundamental, porque se trata de vida o muerte: o la selección, tal como está, nos orienta, o somos un país a la deriva con los políticos que tenemos.  

Una idea que corre por estos días, es que si los peruanos nos unimos, podemos lograr muchas cosas. Es verdad. ¿Pero por qué no nos unimos? ¿Porque somos país complicado, diverso, multicultural? ¿Por su agreste geografía? ¿Por su turbia historia? Quizá por todo lo anterior, pero debemos añadir un elemento político actual: el fujimorismo divide al Perú en un cincuenta y cincuenta, lo parte en dos, es como una cuña que se nos ha incrustado en el corazón y no la podemos sacar. Por eso no estamos unidos. Esta selección estuvo más allá de esa división política, social y cultural, y nos demostró que el Perú podría estar unido si esa brecha, esa frontera, no existiera.

El Mundial, hasta el momento, ha mostrado una constante: si bien América Latina (los 5 sudamericanos y México) han pasado a octavos, lo moderno, lo funcional, lo práctico, lo tienen los equipos europeos. Llegan más rápido, usan la diagonal, rematan desde cualquier ángulo y saben a lo que juegan. La crisis argentina (social, política, económica y futbolística) deja solo a México, Brasil y Uruguay en el firmamento de los que pueden amoldarse a las nuevas concepciones del fútbol actual. Al Perú se le cerró el arco rival. Pero no fue capaz de abrir brechas, crear atajos, sacarlos de su terreno; le faltó variables, reacomodos, hacer unos cambios que modificara en algo la propuesta de su entrenador. Tener una propuesta, ya es una virtud; tener jugadores que la respeten, es orden; pero con los avances tecnológicos, todos nos conocemos de memoria, y el Perú, conocido por su rivales, era un cuadro previsible. Solo en el Mundial del 78, los escoceses conocían a Muñante, pero no a Oblitas. Hoy, todos se conocen de memoria. Quizá el desconocido mayor haya sido Pedro Aquino, fuera y dentro, un verdadero valiente de marca.

Nuestra selección es querida otra vez, es reconocida, ha sido ovacionada en su retorno, la gente la respeta y la tiene en el corazón. ¿Por qué hemos actuado así, si los peruanos somos a veces tan resentidos y tan mezquinos con los logros ajenos, los éxitos de nuestros compatriotas? Aventuro unas respuestas: porque han sido honestos, no han vendido humo, han sido transparentes, se han acercado a la gente, han abierto las puertas de su concentración, han dado la mano, han sonreído, han sido agradecidos. Además, por cierto, no han competido entre ellos, no han peleado por premios, no han trasnochado y no le han dado la espalda a su pueblo. En todo, sin duda, se diferencian de nuestra clase política y de nuestros funcionarios públicos. El Estado no nos quiere y nosotros nos queremos a nosotros mismos solo a través de nuestra selección. 

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