Fe y fenotipo. Guerrero amalgama todas las sangres derramadas en una taza de té.
Fe y fenotipo. Guerrero amalgama todas las sangres derramadas en una taza de té.
Edición 2543: Jueves, 14 de Junio de 2018

Paolo: Hoja de Vida

Escribe: Abelardo Sánchez León | Paolo Guerrero encarna al nuevo peruano: urbano, emprendedor, exitoso, líder y querido.

Fe y fenotipo. Guerrero amalgama todas las sangres derramadas en una taza de té.
Fe y fenotipo. Guerrero amalgama todas las sangres derramadas en una taza de té.

El rostro de Paolo Guerrero es la esencia de la peruanidad: tiene algo de negro, de blanco, de cholo, de chino. Esos rasgos reunidos, como un gran trazo, garantizan una identificación con las masas, porque el pueblo está con Guerrero. No hay distingo entre hombres y mujeres: es lo suficientemente varonil, en su versión de entrega valiente, y femenino, en tanto expresa sus emociones, llora, y muestra sus alegrías al festejar sus goles. Paolo es ídolo de hombres y mujeres, porque es humano. Una persona expresiva, expansiva, tanto en los momentos de felicidad como en los adversos. Paolo, a pesar de llamarse José Paolo Guerrero González, es miembro indiscutible de la familia del fútbol peruano, sea por Rivera o González Ganoza. Ha jugado al fútbol desde la más tierna edad, es compadre de Jefferson Farfán, al estilo de Don Willy y Valeriano, y a diferencia de estos dos grandes jugadores, es un emprendedor, un profesional que no ha estado envuelto en escándalos, en líos de faldas, en alcohol o drogas y no ha despilfarrado su dinero.  

De pronto, de un día para otro, de la noche a la mañana, Paolo pasó del éxito, de la gloria, de la fama a la más profunda oscuridad, a ser alguien a quien le habían robado el sueño de jugar el Mundial, su profesión, su rutina. Y a todos nosotros, a quienes habían robado una imagen que valorábamos.  

Este es un año intenso en la vida de los peruanos: todavía vivimos los ecos de la amnistía a Alberto Fujimori, la vacancia de PPK, la desagradable constatación de tener a cinco autoridades políticas bajo la sospecha de haber cometido actos de corrupción, sea perseguidos, acorralados o encarcelados; un año, sin duda, tenso, desgarrado. La sanción de 14 meses a Paolo Guerrero significaba el final del sueño de quien encarna al nuevo peruano urbano, emprendedor por naturaleza, exitoso en todos los ámbitos (con el dinero, con su profesión, con las mujeres), líder indiscutido del grupo y querido por todos los peruanos.

Siempre en el plano de lo simbólico, Guerrero y Pizarro competían por el mismo puesto, sea en el club alemán como en la selección nacional: los dos eran 9, se desenvolvían dentro del área y hacían los goles. Pizarro fue el capitán que Guerrero reemplaza; Pizarro alude al Conquistador (solo en Alemania es conocido como el Bombardero de los Andes) y Guerrero al Depredador, al nuevo peruano que irrumpe en medio de las adversidades, metido entre la defensa. La fuerza de Guerrero radica en su potente valor simbólico en la nueva sociedad peruana: su capacidad de evocar, reunir y amalgamar a todas las famosas sangres, derramada en una taza de té donde estaría la hoja maldita, la hoja que las potencias del norte califican como droga digna de castigo (es lo que alude Paolo) en medio de un hotel de San Isidro.   

Loading...