Grito y rito de gol. Guerrero, Advíncula y Ramos en eterna celebración. (Foto: ANDRÉS LINO / ITEA PHOTO)
Grito y rito de gol. Guerrero, Advíncula y Ramos en eterna celebración. (Foto: ANDRÉS LINO / ITEA PHOTO)
Edición 2543: Jueves, 14 de Junio de 2018

Goles, Sudor y Lágrimas

Escribe: Eloy Jáuregui | Perú debuta contra Dinamarca el sábado 16 de junio a las 11 a.m. (hora peruana). Treinta y seis años después, vuelve a un mundial.

Grito y rito de gol. Guerrero, Advíncula y Ramos en eterna celebración. (Foto: ANDRÉS LINO / ITEA PHOTO)
Grito y rito de gol. Guerrero, Advíncula y Ramos en eterna celebración. (Foto: ANDRÉS LINO / ITEA PHOTO)

Nadie canta su himno nacional como los seleccionados peruanos. A los gritos expresan este momento de nuestro fútbol. Igual, en los hinchas y a los que les llega el fútbol, el equipo de Gareca genera una inédita expresión de fervor y enamoramiento del puro amor. Ya lo aseguraban en la Universidad de Coimbra, en Portugal, que los sentimientos despertados, el mecanismo de expresión entre una persona enamorada y un apasionado por el fútbol simulan la misma naturaleza. Es decir, que el amor del enamorado y el amor del futbolero serían la misma vaina. O al menos comprenden los mismos circuitos cerebrales.

Gareca supo imponer disciplina.
Gareca supo imponer disciplina.
De este equipo nos enamoramos todos. Es la novia sencilla, trabajadora, eficiente y bonita. Cuando Perú viajó a Nueva Zelanda para el repechaje y en los partidos preparatorios en Estados Unidos y Europa, los peruanos han gritado en los hoteles como los amantes de serenata. Luego casi siempre hemos jugado de locales. Cierto, la mayoría no viajaba acompañando a la selección. Eran peruanos que huyeron del Perú desde 1980 abatidos por la violencia y la miseria. Eran peruanos que están enamorados de su país y que hoy están templados de este novio serio, responsable y sacrificado.

Pero el novio tuvo que cambiar. Dejar el trago y las broncas. Gareca evitó los inveterados problemas de disciplina de nuestro fútbol. Siempre manejó el tema con prudencia y lucidez. Detrás de Gareca hay un hombre que sabe de esos conflictos. Juan Carlos Oblitas, el gerente técnico de la FPF y que vivió de esos dramas siendo DT para Francia 98. Oblitas escogió a Gareca y es el personaje detrás de las luces y las lisonjas.

Cuando recordaba esos días para armar la selección que finalmente iba a llevar a Perú a Rusia, me contó que no había absolutamente nada, que se tenía que organizar todo. Con el nefasto Manuel Burga se había marchado el peor momento de nuestro fútbol y se abrió una nueva existencia. Contratar un técnico que conozca el medio y que sepa. Se reorganizó la FPF, para mayores y menores.

El camino fue heroico pero había decisión y sueños. El equipo que era el de “los fantásticos” pasó a la historia y se armó un colectivo al que le pusieron un nombre: el equipo. Ya no había las estrellas del pasado. Esta vez se había optado por aquellos chicos que solo pensaban en ganar. Esta vez no tenemos ni diamantes ni poetas. Esta vez el equipo era peruano con Cueva que es de Huamachuco, con Flores que es vecino de Collique, con Advíncula que nació en El Carmen, Chincha, y con Trauco que es oriundo de Tarapoto. Todos del pueblo, hijos de la república de los olvidos y los silencios.   

Entonces la gente se dio cuenta y, aunque el fútbol origina emociones, a veces irracionales, que cruzan la frontera entre el amor tribal y el fanatismo, el equipo de Gareca comenzó a ganar y, de atropellada, chapó pasaje a Rusia. Cierto, ocurrió lo de Paolo Guerrero. Que el mate de coca, que el mozo del hotel, que los tatuajes. Pero el pueblo del fútbol le gritó a los cuatro vientos que el enamoramiento por el fútbol será eterno.

Dicen los psicólogos que el vínculo amoroso –exagerado por la pasión más loca– puede romperse cuando se acaba la etapa del enamoramiento. En cambio en el ardor por el fútbol difícilmente suceda eso. Que es parte de la identidad, mandatos culturales muy fuertes de los cuales uno nunca puede desprenderse. Así lo aseguarab Germán Diorio, psicólogo del Vélez Sarsfield argentino: “Como es un vínculo abstracto, el enamoramiento por el fútbol no termina nunca, se eterniza. El fútbol te lleva a vivir una pasión siempre joven, siempre adolescente”. Y yo digo digo que todos somos jóvenes solo cuando nos enamoramos. Y mejor si es del fútbol, que jamás te será infiel. 

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