Edición 2598: Jueves, 11 de Julio de 2019

No Hace Yaya

Escribe: Gabriel Ruiz Ortega |

A estas alturas del partido, sabemos que Renato Cisneros es uno de los escritores peruanos más relevantes de estas dos últimas décadas. Lo es gracias a la novela La distancia que nos separa. En dicha publicación, Cisneros logró que miles de lectores se identificaran con las travesías emocionales y cuestionamientos existenciales entre un hijo y su padre militar. La polémica en cuanto a la figura paterna no se hizo esperar. No sorprende: el libro era una invitación a la discusión.

Ahora, ¿qué sucede con su última entrega, Algún día te mostraré el desierto (Alfaguara)? No negaremos las cualidades de la marca CR: la agilidad de escritura y la capacidad de persuasión. Tampoco sus yerros, que nos lleva a preguntarnos lo siguiente: ¿de qué vale escribir tremendamente bien si no vas a decir algo sustancial? Cisneros anuncia pero no presenta ningún conflicto y se regodea hasta el hartazgo en la digresión sentimental. Para Henry Miller esto sería cobardía, más cuando se hace uso de un registro confesional que brinda innumerables senderos de conexión con los lectores y que no admite innecesarias distracciones discursivas, con mayor razón en un tópico tan sensible como la paternidad.

Cisneros no tiene la obligación de demostrar su valor narrativo. Lo que debe hacer es regresar al nervio expositivo de LDS y aferrarse a la calmada violencia anímica en la que braceó a gusto y sustentó su prestigio. Por otro lado, ADMD es una cruel metáfora general de la situación de nuestra maravillosa narrativa: una que no transgrede, no incomoda y no hace yaya, porque transita en el efectismo, confundiendo sentimentalidad con cursilería, No es consuelo: ADMD fracasa, pero a la vez es superior a muchos proyectos llevados con corrección y ya sabemos que eso es insuficiente para hablar de epifanía literaria. Escribir es dejar la piel.