Poeta reconocido, ha publicado Los dioses (1992), El gallo de cristal (2006) y microrrelatos en El cielo & el infierno.
Poeta reconocido, ha publicado Los dioses (1992), El gallo de cristal (2006) y microrrelatos en El cielo & el infierno.
Edición 2594: Jueves, 13 de Junio de 2019

Cantar de Gesta

Poeta reconocido, ha publicado Los dioses (1992), El gallo de cristal (2006) y microrrelatos en El cielo & el infierno.
Poeta reconocido, ha publicado Los dioses (1992), El gallo de cristal (2006) y microrrelatos en El cielo & el infierno.

La novela cobró forma diferenciándose del poema épico (la epopeya, en la Antigüedad; el cantar de gesta, en la Edad Media): el acontecimiento histórico (la gesta) reelaborado por la memoria colectiva, con su dimensión mítica y su estatuto arquetípico (el héroe, paradigma a imitar) se vio reemplazado por el suceso ficticio (sin base histórica), extraordinario. Es decir, de la gesta colectiva se pasó a la aventura, protagonizada por personajes ficticios, con rasgos heroicos al comienzo (aunque los pierden pronto, hasta llegar a ser antihéroes: el Satiricón, siglo I; la novela picaresca, siglo XVI), pero con carácter problemático, en conflicto con la moral reinante o en búsqueda de una “vida nueva” o utopía.

Volver a las gestas históricas y a la heroicidad épica de la novela histórica forjada por Walter Scott (Waverley, 1814, Rob Roy, 1817, etc.), siendo su fruto máximo Guerra y paz, de Tolstoi, quien conscientemente emuló a La Ilíada.

No conocemos una novela histórica hispanoamericana que, como Los Túpac Amaru de Omar Aramayo (Puno, 1947), reconstruya tan minuciosamente los sucesos históricos (no hay personajes ficticios, como sí los hay en los grandes frescos de Carpentier, Mujica Láinez, Roa Bastos y Del Paso, y en las dos mayores novelas históricas peruanas: La guerra del fin del mundo y El espía del Inca) y posea los rasgos de la poesía épica: una gesta decisiva para el nacimiento de la nación (el proceso emancipador y el anhelo de Túpac Amaru de una nación de indios, negros, mestizos y criollos); la heroicidad de los protagonistas y felonía de los antagonistas; la óptica mítica (la mentalidad andina); y el lenguaje poético (con símiles y repeticiones enfáticas), aunque vertido en prosa (en el Quijote, Cervantes sostuvo que “la épica tan bien puede escribirse en prosa como en verso”, parte I, cap. XLVII).

La experiencia de Aramayo ha cuajado en Los Túpac Amaru, novela que es un cantar de gesta tejido durante más de diez años. Una obra magna, única, en la que, siguiendo el ejemplo de su admirado Churata, ha modernizado lo antiguo (es decir, la épica y la cosmovisión andina): además de lo que hablan y/o piensan los personajes, inserta las voces de la multitud (artífice fundamental de la historia, según Basadre), mediante un logrado montaje (técnica de la “nueva novela” que asimila con originalidad y expresividad soberana). Y aquí y allá, aflora un narrador que privilegia la textura de las palabras (su ritmo, su morfología, etc.); que carnavaliza festivo lo narrado y, sobre todo, los prejuicios y la hipocresía de los personajes, y que inserta elementos del futuro (hechos, dichos y obras de los siglos XIX-XX) para sugerir que la gesta de los Túpac Amaru sigue pendiente, tan próximos al Bicentenario de la Independencia.