El discurso de Daenerys frente a sus soldados es una versión medieval de El triunfo de la voluntad.
El discurso de Daenerys frente a sus soldados es una versión medieval de El triunfo de la voluntad.
Edición 2593: Jueves, 6 de Junio de 2019

GOT: Factor Miedo

Por: Juan Carlos Ubilluz | Miedo a la revolución en Game of Thrones.

El discurso de Daenerys frente a sus soldados es una versión medieval de El triunfo de la voluntad.
El discurso de Daenerys frente a sus soldados es una versión medieval de El triunfo de la voluntad.

Hay cierto consenso en que a la última temporada le  faltó un mejor desarrollo psicológico de los personajes que diese verosimilitud a sus decisiones finales. Y mi intuición es que estos errores se debieron no a la falta de maestría de los guionistas sino a su incapacidad para traspasar el horizonte ideológico de nuestra época.

Me explico. Daenerys es un personaje feminista, imperial y revolucionario. Desde la sexta temporada, esta pequeña mujer que se abre paso en un mundo de hombres (lo feminista) parece predestinada a recuperar el trono usurpado a la dinastía Targaryen (lo imperial) pero también a fundar una sociedad más justa (lo revolucionario). Ella no es la dictadura del proletariado, pero sí una promesa de emancipación. Pero esta promesa se ve truncada por la fábula ideológica de la “democracia” capitalista: que toda revolución concluye en el genocidio y el totalitarismo. Es el temor que genera esta fábula lo que determina que el dragón incinere Desembarco del Rey.

Slavoj Zizek sostiene que los guionistas replicaron la fantasía masculina de la mujer que se sirve del poder para dar rienda suelta a sus pasiones. Y tiene razón. Es la misma fantasía que dio credibilidad a la caricatura de Nadine Heredia como una “borrachita de poder” y que llevó a los creadores de House of Cards a convertir a Claire Underwood en una presidenta satánica. Pero esta fantasía no fue la causa del genocidio en GOT. Fue tan solo una muletilla de sentido común para imposibilitar la revolución victoriosa.        

Descalificada Daenerys, el candidato ideal para el trono era John Snow, un bastardo amigo de los salvajes que resulta ser el verdadero heredero. Pero contra ello se irguió el miedo a la condena moral de los nuevos vientos feministas. Ya habían jugado con fuego sacando a Daenerys; no iban a poner a un hombre varonil y mesurado. Pudieron reemplazarla con Tyrion Lannister “Medio Hombre”, pero su predilección por el vino y las prostitutas evoca al hombre entero. Fueron a lo seguro: Bran Stark, una suerte de vegetal post–genérico sin deseo sexual.

Al ser el resultado del miedo, el final decepcionó. La gente puede resignarse a que Syriza claudique ante la Troika, pero no a que este “realismo” impotente se inmiscuya en sus épicas. Y dado que los espectadores buscan en la ficción la solución a los problemas de la realidad, me pregunto cómo hubieran digerido este final: Daenerys destruye a la casa Lannister, incluido el enano, pero le perdona la vida a los pobladores de Desembarco del Rey y les explica que no se puede querer la revolución sin la revolución y que desde ahora les esperan tiempos de paz e igualdad con John Snow como Protector del Norte y Ministro de Inclusión de los salvajes.