La última vez que se le vio al San Telmo tenía averiados el timón y la verga mayor. Al  año siguiente fueron hallados sus restos en las Islas Shetland del Sur en la Antártida y ningún sobreviviente.
La última vez que se le vio al San Telmo tenía averiados el timón y la verga mayor. Al año siguiente fueron hallados sus restos en las Islas Shetland del Sur en la Antártida y ningún sobreviviente.
Edición 2593: Jueves, 6 de Junio de 2019

El Naufragio que Cambió la Historia

Escribe: Jorge Ortiz Sotelo | El navío de guerra español San Telmo llegaba con 644 hombres de refuerzos cuando desapareció en Cabo de Hornos, en 1819.

La última vez que se le vio al San Telmo tenía averiados el timón y la verga mayor. Al  año siguiente fueron hallados sus restos en las Islas Shetland del Sur en la Antártida y ningún sobreviviente.
La última vez que se le vio al San Telmo tenía averiados el timón y la verga mayor. Al año siguiente fueron hallados sus restos en las Islas Shetland del Sur en la Antártida y ningún sobreviviente.

Hace algunos días se develó en la fachada del convento de Santo Domingo, en Cádiz, una placa en homenaje a los 644 hombres que zarparon de dicho puerto el 11 de mayo de 1819 como dotación del navío de guerra español San Telmo, perdido cuando doblaba el Cabo de Hornos. Entre los desaparecidos en esa nave había al menos dos peruanos, el brigadier Rosendo Polier y el teniente de fragata Pascual de Herazo.

Porlier venía al mando de una división formada por el referido navío, donde izaba su insignia, y el Alejandro I, y la fragata Prueba, debiendo asumir el mando de las fuerzas navales españolas en el Callao, que habían perdido el control del mar ante una fuerza naval chilena sensiblemente superior.

Peruano Rosendo Porlier iba a asumir el mando de la escuadra española en el Callao.
Peruano Rosendo Porlier iba a asumir el mando de la escuadra española en el Callao.
Las naves zarparon a mediados de mayo, pero las cosas no salieron como habían pensado. El Alejandro I se encontraba en muy mal estado y habiendo ya cruzado el Ecuador se decidió que retornara a Cádiz por estar embarcando mucha agua. Ya en el Cabo de Hornos, el mal tiempo se encargó de dificultar más aún la travesía, separando primero a la Prueba y luego a la mercante Primorosa Mariana, que venía en conserva de la división. A su arribo al Callao, a mediados de octubre, el capitán de esta última informó que había perdido de vista al San Telmo el 2 de setiembre de 1819, en 62° de latitud sur, pudiendo percatarse que tenía averías en el timón, tajamar y verga mayor, que no podían ser reparadas por las duras condiciones de mar que habían encontrado.

Sin gobierno, el San Telmo encalló en la actual punta Shirreff, isla Livingston, Shetland del Sur, convirtiéndose así en la primera nave en arribar, de muy mala manera por cierto, a ese continente.

En enero siguiente, el capitán británico William Smith, en el bergantín Williams, desembarcó en dicha isla y descubrió los restos del referido navío y algunos indicios de un campamento improvisado, aunque no vieron ningún cadáver. Esto sugiere que algunos tripulantes sobrevivieron al naufragio, y que en un desesperado intento trataron de abandonar la isla para alcanzar el continente, pereciendo en el intento.

Placa conmemorativa colocada en el convento de Santo Domingo, en Cádiz.
Placa conmemorativa colocada en el convento de Santo Domingo, en Cádiz.

Porlier había tenido una distinguida carrera en la Real Armada, y su su memoria ha sido honrada con una placa en el Panteón de los Marinos Ilustres, en San Fernando, Cádiz; y otra en la estación antártica peruana Machu Picchu. El otro peruano perdido en las frías aguas antárticas fue el también limeño Pascual de Herazo, quien venía prestando servicios en la Real Armada desde 1787, y venía en el San Telmo para asumir su cargo de capitán de puerto de Valparaíso.

Sin poderlo afirmar de manera categórica, es posible que ambos fuesen los primeros peruanos en llegar a la Antártica; y por ello merecen ser recordados.