Los antiguos pobladores de Lima, los ichma, extraían las totoras, los juncos, aneas y carrizos de las lagunas para sus embarcaciones y viviendas.
Los antiguos pobladores de Lima, los ichma, extraían las totoras, los juncos, aneas y carrizos de las lagunas para sus embarcaciones y viviendas.
Edición 2579: Viernes, 1 de Marzo de 2019

Cómo era Lima cuando llegó Pizarro

Exposición describe cómo era el paisaje limeño cuando llegaron los españoles. Quiénes habitaban en este valle, cómo eran y cómo estaban organizados.

Los antiguos pobladores de Lima, los ichma, extraían las totoras, los juncos, aneas y carrizos de las lagunas para sus embarcaciones y viviendas.
Los antiguos pobladores de Lima, los ichma, extraían las totoras, los juncos, aneas y carrizos de las lagunas para sus embarcaciones y viviendas.

“Lo que más llama la atención es que Lima era verde, siempre hemos creído que era desértica, pero en realidad tenía mucha agua”, señala sorprendida la historiadora Pilar Ortiz de Zevallos quien junto a su colega Gilda Cogorno viene derribando mitos y dando a conocer la cultura prehispánica de nuestra capital en el libro La Lima que encontró Pizarro.

 Cerámica ichma utilizada con fines ceremoniales.
Cerámica ichma utilizada con fines ceremoniales.
El libro, que se presentó en la última Feria del Libro, se reeditó para el aniversario de Lima y dio pie a esta exposición en la Casa O’Higgins (Jr. de la Unión 554, Lima) abre con una gran interrogante que algunos habitantes de la urbe se han hecho alguna vez: ¿Por qué Pizarro eligió el valle de Lima para fundar la capital del naciente virreinato?

“Fue para él el espacio ideal ya que estaba lleno de arboledas y bosques”, responde Ortiz y agrega que “el español necesitaba leña para construir sus casas”, a diferencia del indígena que construía con adobe.

Aunque sea difícil de imaginar ahora tal escenario, los cronistas de 1535 cuentan que “caminaban por Lima dos leguas sin que les diese el sol”.

La prescencia de humedales en Lima se extendían desde Ancón hasta San Bartolo.
La prescencia de humedales en Lima se extendían desde Ancón hasta San Bartolo.
Pero no solo eso, cuando los españoles, empujados por la resistencia, llegaron a la ribera del Rímac se toparon con caminos que conectaban con todos los pueblos, campos cultivados, redes enormes de canales que iban desde Ate hasta los Pantanos de Villa y acequias. Además el valle quedaba cerca de la bahía del Callao, un lugar perfecto para el puerto que necesitaban.

Los pobladores que dominaban en estas tierras desde el año 900 hasta 1460 eran los ichma, quienes llegaron desde Yauyos hasta Huarochirí, empujados probablemente por las sequías. Aunque en los últimos siete años de su existencia fueron “sojuzgados de manera pacífica por los incas”.

La historiadora explica que ellos se dedicaban a la pesca, el cultivo, la crianza de llamas y alpacas en las lomas de Ancón y San Bartolo. “Tenían una relación mágica con la naturaleza, eran una sociedad muy bien organizada y todas sus necesidades estaban cubiertas”, apunta.

 Las llamas y alpacas no solo servían como animales de carga, también se utilizaba su fibra y en los rituales se ofrecía su sangre.
Las llamas y alpacas no solo servían como animales de carga, también se utilizaba su fibra y en los rituales se ofrecía su sangre.
Después de toparse con tal riqueza, “Pizarro no se demoró un minuto, el 18 de enero de 1535 estaba fundado la ciudad de Lima”, afirma Ortiz de Zevallos. Por su parte, los ichma no opusieron resistencia, sabidos del poderío español esperaron un tipo de reciprocidad que alguna vez les dieron los incas, pero con los españoles no sucedió.

 Antes y después de extraer el guano de las islas. que era utilizado como fertilizante, los ichma agradecían a la naturaleza por sus bondades.
Antes y después de extraer el guano de las islas. que era utilizado como fertilizante, los ichma agradecían a la naturaleza por sus bondades.
Esta fascinante y poco difundida historia del pasado prehispánico limeño ha suscitado el interés de los peruanos. A poco más de un año de su publicación todos los ejemplares de La Lima que encontró Pizarro estaban agotados, pero ya se han reimpreso 1000 ejemplares más.

La exposición de la Casa O’Higgins que incluye piezas originales de los ichma y acuarelas fieles a la realidad de ese entonces ya ha superado los 26,000 visitantes.  Hay tiempo para verla hasta este domingo 3 de marzo.