Alfredo Bryce cumple hoy 80 años y en entrevista a CARETAS asegura que el film de Un Mundo para Julius, novela que lo llevó a al fama, "está bien encarrilada".
Alfredo Bryce cumple hoy 80 años y en entrevista a CARETAS asegura que el film de Un Mundo para Julius, novela que lo llevó a al fama, "está bien encarrilada".
Edición 2577: Jueves, 14 de Febrero de 2019

Con Bryce en San Isidro

Entrevista: Carlos Cabanillas | A días de celebrar sus 80 años, Alfredo Bryce Echenique anuncia dos nuevos libros y confiesa su constante lucha contra la depresión.

Alfredo Bryce cumple hoy 80 años y en entrevista a CARETAS asegura que el film de Un Mundo para Julius, novela que lo llevó a al fama, "está bien encarrilada".
Alfredo Bryce cumple hoy 80 años y en entrevista a CARETAS asegura que el film de Un Mundo para Julius, novela que lo llevó a al fama, "está bien encarrilada".

 Como la cama tenía un mal somier, un poco gastadito ya, la pareja siempre se unía al fondo de la hondonada”, recuerda Alfredo Bryce Echenique, antes de sorber su vodka tonic. “Aunque hubieran tenido un lío esa noche, la cama los unía”, sonríe con sus ojos caídos como signos de paréntesis. Entonces es Martín Romaña en una esquina de la librería El Virrey de Miraflores, añorando el colchón deforme del ático que compartía con Inés, la esposa que lo abandonó. Es Pedro Balbuena, recreando a Sophie, una vieja fotografía que cobró vida propia en la ficción. Y es finalmente Bryce, explicando el nombre de su nuevo libro de cartas. Su correspondencia escogida saldrá bajo ese título abiertamente bryceano: Desde la hondonada (Peisa, 2019), y estará lista para la FIL Lima 2019. Meses antes, en marzo, lanzará Permiso para retirarme (Peisa, 2019), el tercer tomo de sus antimemorias. Y mucho antes, este 19 de febrero, celebrará sus 80 años con un fiestón.

–Ha anunciado que serán sus últimas publicaciones. ¿Irse sin despedirse sería de mala educación?

–Por supuesto. Como torero viejo, ya no puedo volver al ruedo.

–El 2020 se celebrarán los 50 años de Julius. ¿Cómo se leería ahora? Hay una nueva clase alta con sus códigos.

–En aquella época uno aspiraba a ser educado en un colegio inglés. Para mí, entrar a la Universidad de San Marcos fue conocer el Perú. La gente que ahora posee no aspira a las mismas cosas. Antes si uno no era socio del Club Nacional se suicidaba. No sabes el escándalo que fue cuando vendí mis acciones.

Ver también: "Bryce entre dos Mundos"

Su favorita es Tantas veces Pedro. En el sanatorio escribió La felicidad jaja.
Su favorita es Tantas veces Pedro. En el sanatorio escribió La felicidad jaja.
–Decían que usted estaba loco.

–Estaba loco. Yo, por ejemplo, fui a dar una conferencia en Villa El Salvador. La persona que me introdujo me pidió que no hablara de ‘barriadas’ y que les llamara Lima 4. Esa fue la única vez en mi vida que firmé muchísimos libros. Cada muchacho y muchacha que se acercaba me traía todas mis obras. Y no había ningún libro pirata. Entonces eso significa que allí hay mucho dinero pero nadie quiere ser miembro del Club Nacional.

–¿Qué le dijeron cuando volvió?

–Cuando volví al Perú me llevaron al Club Nacional y ahí había unos señoritos oligarcas venidos a menos. Y uno de ellos me preguntó: ¿qué haces en Lima, Alfredo? Y el otro respondió por mí: ha venido para echarnos una mirada y cagarse de risa de nosotros en otro libro.

–¿Qué lo aqueja a los 80 años?

–La depresión, el insomnio.

–¿Va al psicólogo o al psiquiatra?

-Tengo la suerte de haber tenido un gran psiquiatra en España, al cual yo iba como quien peregrina. Él me daba pastillas.

-¿Dormía bien?

-Me pasé un año sin dormir. En Francia tuve que hospitalizarme. Recién en España me quedé dormido en casa de un amigo. Estaba harto de Francia.

Velasco lo felicitó por Julius. Der. Le dio monedas a Alan García en París.
Velasco lo felicitó por Julius. Der. Le dio monedas a Alan García en París.

***

El psiquiatra Ramón Vidal Teixidor se convirtió “en un segundo padre” para Alfredo Bryce Echenique. Lo conoció en sus días de descanso, entre sus semestres universitarios en París. El escritor acababa de entregarle Un mundo para Julius a Carlos Barral. Un peruano había ayudado a corregir la primera versión, pero al leerla Bryce detectó hasta 750 erratas. Barral tuvo que quemar esa primera tirada. Finalmente, el libro se publicó sin erratas y fue un éxito. Pero Bryce terminó en un sanatorio. Fue el primero de cinco internamientos. Y a partir de entonces empezó un tratamiento psiquiátrico que continúa hasta el día de hoy. Una rutina que no ha evitado que piense más de una vez en suicidarse. “La fobia, la depresión, la tristeza, la ansiedad que me produjo Un mundo para Julius fueron aterradoras”, le dijo al contó al periodista Sergio Vilela. “Me daban ataques de locura, era una depresión neurótica”, explicó. “Veía monstruos por la calle. Terminé encerrado, con una camisa de fuerza, en calabozos”. Vidal, que había sido el médico y cómplice de bacanales de Salvador Dalí, le dio un consejo que le sirvió de por vida: imprima, no deprima

-Cuenta la leyenda que de noche se escapaba en bata…

-Estuve hospitalizado. Escribía todas las mañanas, daba mis clases con una enfermera, me tomaba la presión. Mis colegas me odiaban porque no tenían excusas para faltar.

Desde su sillón Voltaire planea un próximo viaje a España para visitar a una amiga con cáncer.
Desde su sillón Voltaire planea un próximo viaje a España para visitar a una amiga con cáncer.
 

-¿Cómo lidiaba con el insomnio?

-Creo que lo que me provocó el insomnio fue el terror en la noche. No había una sola persiana abierta. Afuera no había nada. Salvo París, solo había campos en Francia.

-¿No le da miedo mezclar sus once pastillas diarias con alcohol?

-No. La depresión no es una enfermedad que tenga cura. El depresivo puede tener momentos de euforia. El depresivo es un ser que la pasa muy mal en esta vida porque la gente no se da cuenta y no respeta la depresión. Los demás se comportan de una forma insultante delante del paciente.

-Alguna vez dijo que las relaciones le duran solo cinco años

-Así es. Mis matrimonios me han durado cinco años exactos.

-¿Y ahora lleva la cuenta?

-Cuenta pa’ atrás.

-El año pasado se cumplieron 50 años de Huerto cerrado. Los personajes de sus cuentos a veces son parafraseando Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tin, un relato de otro libro suyo “ricos con sueños de pobreza”. Eran caviares antes de que existiese el término.  

-Ese personaje era real. Fue la noticia de un desalojo. Y era conmovedor. Presa de mil contradicciones.

-Usted tiene muchos personajes así: contradictorios. Con culpa de clase.

-Exactamente.

"La película se filma este año, está bien encarrilada", dice sobre Julius.
"La película se filma este año, está bien encarrilada", dice sobre Julius.
 

-Una afirmación que he escuchado: en la literatura peruana no hay grandes historias de amor. Salvo las de Bryce.

-Hay esta peruanidad, esta nostalgia mezclada con amor.

-Quitamos a Bryce y quedan historias de frustración, poder, corrupción. Muchas apasionantes, claro. Pero poco amor ni humor.

-Yo he escrito con una absoluta soltura, por no llamarla irresponsabilidad. He escrito muy libremente siempre. Todo tema es bueno para un escritor. Me sentí cómodo con el humor. No me importó un pepino que la gente dijera ah, este se burla de las cosas o no hay que tomarlo en serio. Eso no me importó nunca. El humor era lo mío, no se podía escribir mi libro sin humor. Yo creo que en literatura todo viene de mí y acaba conmigo, probablemente

-Bryce se distingue por crear notables personajes femeninos, dicen. No suelen pensar lo mismo sobre Vargas Llosa, por ejemplo.

-Buena parte de mis novelas son campos de amor. En el último tomo de mis memorias hay historias de varias chicas con las cuales tuve relaciones preciosas. Yo estuve en París en el 68, y en esa época todo estaba permitido. Las buenas clases terminaban en la cama.

-Hoy las universidades también sancionan el sexo consentido entre profesor y alumno. ¿Qué opina de la llamada tercera ola feminista?

-La de ahora no es una militancia como la que había entonces. Todavía soy cercano a quienes fueron mis alumnas.

-¿Tiene miedo de ser predecible en su oralidad? El monólogo de Joyce, el fraseo de Cortázar.

-No. No me siento deudor sino de aquellos escritores que hacían de la oralidad su instrumento de trabajo. También de aquellos escritores que hablando, por ejemplo, de París, como Cortázar, contaban la Argentina. Quise escribir desde París sobre el Perú.

-A la manera de Cortázar debatiendo contra Arguedas, usted no sintió la presión de escribir sobre dictaduras. Fue más cosmopolita, más rebelde en cierta manera. ¿Tiene herederos? Ahora muchos narradores peruanos hablan de los afectos, de la familia en clave de autoficción.

-No he tenido la necesidad de dejar hijos literarios. Y creo que nadie se ha reclamado como tal.

***

Sorprende lo poco que realmente se conoce de Alfredo Bryce Echenique. Su padre, Francisco Bryce Arróspide, viajaba consuetudinariamente a Tarma con el pequeño Alfredo y vivió en Jauja hasta los 18 años. La primera capital hispanoamericana fue la tierra de su abuelo Bryce, quien se enfermó de tisis y falleció allí mismo. Años, después, el notable escritor jaujino Edgardo Rivera Martínez lo ayudó a hallar su tumba. Algo de ese calostro andino mamó el pequeño Julius —metafóricamente hablando— gracias a sus amas de leche literarias, décadas antes de que Alfonso Cuarón eternizara a su nana en Roma.

 Echenique: "primer impeachment".
Echenique: "primer impeachment".
  No solo hubo un Bryce andino: también hubo un Echenique negro, prohijado. “Había un descendiente de esclavos, un negro liberto que fue portero del Hospital San Juan de Dios. Mi abuelo se veía con él dos o tres veces al año. Muchos años después fui a ponerle gasolina a mi carro y vi a un negro con un mameluco blanco que decía Francisco Echenique. Le pregunté si era pariente del otro Francisco Echenique y resultó que era el hijo. Y me dijo: ‘pero yo sí me he sabido situar mejor en la sociedad que usted, usted está más perdido...’.”

Y hay, finalmente, un Bryce político. Es el que rechazó la Orden del Sol de Fujimori en 1995. Y es quien ahora dice que Vizcarra es “un hombre de acción como pocos, como Castilla y Cáceres”, que “vivimos un admirable momento político por la extinción del fujimorismo y el aprismo”, que “no puedes dejar de pensar en Paniagua cuando piensas en Vizcarra”, que “solo votó por Belaunde en su primer gobierno, pero se decepcionó” y que “Echenique no fue corrupto (sic), pero no tuvo la dureza de parar a los que robaban frente a sus ojos”. Este Bryce recordará en su tercer tomo de memorias su encuentro con algunos ex presidentes, desde Velasco (“le pedí ser embajador en Venecia luego de varios vasos de whisky, aunque creo que él tomaba té”) hasta Alan García (“no aguantó la mirada de un peruano, le puse unas monedas y me odió, me vetó en todos los eventos cuando fue presidente”). En su libro de cartas, en cambio, honrará a dos buenos amigos: Federico Camino y Françoise Mujica, con quien compartió el viaje en barco a Europa. “Acabo de leer con mucho placer el libro de su hija”, agrega. “También he leído a Renato Cisneros; leo bastante a los jóvenes”.

Jóvenes y viejos. Extranjeros y extraños. Amigos y cómplices. Todos han sido invitados, a trancas y barrancas, a la fiesta del próximo 19 de febrero. “Vivo en un Piccolo mondo antico, como esa novela italiana”, dice el Premio Planeta 2002, recordando a los que ya no están. Para todos los demás hay cantidades festivas de vino tinto crianza de Rioja Marqués de Cáceres, vodka Absolut, agua tónica Britvic y champagne Veuve Clicquot. No lo esperen en marzo.