Creció escuchando a Libertad Lamarque, Sinatra, Aznavour y mucho flamenco.
Creció escuchando a Libertad Lamarque, Sinatra, Aznavour y mucho flamenco.
Edición 2568: Jueves, 6 de Diciembre de 2018

Maestro Del Vals

Escribe: Pablo Macalupú Cumpén | Los 76 años de José Escajadillo, sus 50 años de trayectoria y sus más de 700 canciones.

Creció escuchando a Libertad Lamarque, Sinatra, Aznavour y mucho flamenco.
Creció escuchando a Libertad Lamarque, Sinatra, Aznavour y mucho flamenco.

Hay una historia en torno a “Jamás impedirás” que, aunque se escuche cien veces, no deja de sorprender. El maestro José Escajadillo escribió la letra en la pared de su habitación con un clavo. Fue en medio de una crisis artística que lo llevó a quemar al menos 80 canciones que, en sus propias palabras, “no tenían la respuesta que yo esperaba”. Ese sentimiento, confiesa, vino luego de algunas copas demás, tras una reunión de amigos. “¿Alguna vez has vivido esos momentos en que dices ‘se acabó todo para mí’?”, me pregunta el compositor.

Pero Escajadillo siente que fue elegido para componer. Así, en medio del desencanto, surgió el texto y los acordes de “Jamás impedirás”, una obra que, años después, ya es emblemática y se sigue grabando. Su vals más amado.

Ganó 18 festivales criollos.
Ganó 18 festivales criollos.
Visitamos al maestro José Escajadillo (Monsefú, 1942) hasta una de sus casas artísticas: APDAYC. El nuevo reto del Compositor de las Américas (OEA, 2014) es rescatar los extintos festivales de la canción criolla para llegar al bicentenario con nuevos temas e intérpretes.

Él es, sobre todo, un amante de la obra de Felipe Pinglo. “Pintó la realidad de su tiempo de una forma tan poética y tan atractiva, que todo el mundo lo admiraba”, explica. El gusto por la música del autor de “El Plebeyo” viene de las enseñanzas de su padre. “Nada lo hacía pensar en ese momento que su hijo, algún día, iba a ser un compositor respetado hasta hoy, cantado por muchos”.

Pero con la música de hoy no es muy optimista. “Las letras que escuchamos en cada reggaetón solo se siente en los pies, pero no en el alma”, lamenta.

El maestro sintió la misión de renovar el criollismo. “Venía con un nuevo estilo de vals criollo y en esto me acompañaron mucho los hermanos Dávila. Ellos pensaban que faltaba algo, que ya no debía conservar ese tundete de antes, sino mejorarlo con los acordes y disonancias que tenían las canciones mías”, recuerda.

“Yo quería que mi vals fuera acariciador, que enamorara a la pareja”. Y lo logró. (Pablo Macalupú Cumpén)

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