Obra Los siete contra Tebas. Y dice: En casa, las mujeres; los varones / En la muralla velen; que las hembras / No harán daño en   sus lares encerradas / ¿Me habéis oído, o no?
Obra Los siete contra Tebas. Y dice: En casa, las mujeres; los varones / En la muralla velen; que las hembras / No harán daño en sus lares encerradas / ¿Me habéis oído, o no?
Edición 2567: Jueves, 29 de Noviembre de 2018

Ovarios al Frente

Escribe: Jaro Adrianzén / Francesca Martens | En un contexto mundial de lucha contra la violencia hacia la mujer, la historiadora María Emma Mannarelli hace un balance del accionar feminista en Latinoamérica.

Obra Los siete contra Tebas. Y dice: En casa, las mujeres; los varones / En la muralla velen; que las hembras / No harán daño en   sus lares encerradas / ¿Me habéis oído, o no?
Obra Los siete contra Tebas. Y dice: En casa, las mujeres; los varones / En la muralla velen; que las hembras / No harán daño en sus lares encerradas / ¿Me habéis oído, o no?

En una escena de La Odisea, Penélope entra a un salón del Palacio y se queja de la pieza que interpreta un cantor. Pero su hijo, Telémaco, la manda de regreso a su cuarto a que haga ‘labores de mujer’. La historiadora Mary Beard toma ese paraje para ejemplificar cómo el sexo femenino ha sido silenciado desde el inicio de la cultura occidental. “La historia del planeta está atravesada por la exclusión de las mujeres”, complementa Mannarelli.

El pasado domingo 25 de noviembre se conmemoró el Día internacional de lucha contra la violencia hacia la mujer. Pero no hubo nada que celebrar. La contienda ha evolucionado pero está lejos de terminar. Hoy, el principal campo de batalla es el cuerpo (y el derecho de cada mujer a decidir sobre este). Aunque el trecho por recorrer es largo y espinoso. “En el Perú ha existido una suerte de ‘pacto patriarcal’ tácito mediante el cual el poder público le ofrece al poder doméstico, en particular masculino, un amplio margen de acción”, argumenta Mannarelli, directora de la Biblioteca Nacional del Perú.

“Al ser doméstico, el Estado no toma distancia como autoridad pública”, dice.
“Al ser doméstico, el Estado no toma distancia como autoridad pública”, dice.

–¿Se sigue tratando de domesticar a las mujeres? Aquella tesis fue la línea trasversal de su último libro (CARETAS 2549).  
–Se seguirá tratando mientras las reivindicaciones feministas no se conviertan en políticas públicas. Los logros civilizatorios pueden siempre desmontarse. Ninguna sociedad puede bajar la guardia en este ámbito.

–¿Cómo ha evolucionado el feminismo en América Latina?  
–Cada vez hay más formas de solidaridad entre las mujeres. Y lo que concentra la atención y moviliza son las denuncias de mujeres de gran presencia mediática contra hombres poderosos y su conducta sexual abusiva.

El campo de batalla es el cuerpo.
El campo de batalla es el cuerpo.
–A pesar de eso, todavía altos índices en comisión de delitos contra la mujer.
–Latinoamérica es la parte del mundo donde la Iglesia católica mantiene una fuerte influencia. Sin duda es una coincidencia muy sugerente. Al mismo tiempo, es el continente que exhibe las mayores desigualdades socio-económicas. Vale la pena poner todo esto junto para plantear el problema y pensar en la solución: un profundo y crítico cuestionamiento del pacto patriarcal. El Estado ha desplegado tímidamente los tentáculos de su burocracia para penetrar en la domesticidad y atenuar las desigualdades entre hombres mujeres. Por otro lado, los umbrales de nuestra sensibilidad se han expandido, y ciertas conductas que anteriormente podrían haber sido relativamente toleradas en la vida cotidiana, hoy resultan inaceptables o tienen la calidad de delito.

–¿Qué opina de Jair Bolsonaro? Una vez se refirió a una legisladora María do Rosario como una mujer “muy fea para ser violada”.
–En el masivo y preocupante apoyo que Brasil le da a Bolsonaro confluyen más de una corriente. Esa agresión también habla del miedo masculino, de las fantasías inconscientes que puede producir la demanda ciudadana de las mujeres. Y de las fatales dificultades de los hombres para renunciar a sus privilegios y a sus fuentes de placer.  

–¿Pasa lo mismo en el Perú?
–Creo que los hombres están desconcertados con el ingreso de las mujeres con voz propia a un espacio público, lo que implica que ellos pongan en cuestión sus modos de definir la masculinidad, consciente o inconscientemente. Por eso tiene que construirse un nuevo concepto de masculinidad que no implique el sometimiento de la mujer.

Manifestación feminista en Brasil contra el presidente Jair Bolsonaro.
Manifestación feminista en Brasil contra el presidente Jair Bolsonaro.

–¿Qué tan distinto es el panorama en Europa?
–Existen países donde el islam es gravitante y el Estado es laico, como Turquía, donde el aborto es legal. Es otros países islámicos, donde el parentesco permanece indiferenciado de lo político, el control patriarcal del cuerpo y la sexualidad de las mujeres es férreo. Los países de Europa occidental de tradición católica, en medio de las tragedias del siglo XX, han logrado sacudirse de este control, en buena parte gracias a la movilización política de las mujeres. El único continente donde El Vaticano se mueve con relativa confianza y que va quedando es América Latina. Un Estado-Iglesia donde los que toman las decisiones de modo exclusivo son hombres y donde las mujeres son oficial y formalmente subordinadas, y ajenas a las funciones medulares de la institución, es cada vez menos confiable.

–¿Qué opina de la iniciativa tomada por el presidente Vizcarra en la lucha contra la violencia contra la mujer?
–En pocos meses, el presidente Vizcarra dejó de asignarle el asesinato de una mujer a un ‘designio de la vida’ a colocar en el discurso y en la escena pública a las víctimas de feminicidio, pronunciando sus nombres completos en la celebración de un aniversario más de la república. Esto puede tener diferentes interpretaciones, pero ninguna puede desconocer un dato de la realidad: son el movimiento de mujeres, las organizaciones y colectivos los que han tenido en el centro de sus prácticas políticas la denuncia de la violencia de género y del feminicidio en particular.

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