El libro de 775 páginas es una publicación de Lluvia Editores.
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Edición 2553: Jueves, 23 de Agosto de 2018

Una Novela Majestuosa

Escribe:Ricardo González Vigil | El espía del Inca de Rafael Dumett.

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Difundida en el mundo virtual el 2012, El espía del Inca de Rafael Dumett (Lima, 1963) recién este año ha sido impresa en un monumental volumen. En buena hora, porque estamos ante la mejor novela peruana publicada en esta década.

Una prueba mayúscula de la maestría de un novelista (óptica de Ciro Alegría y Vargas Llosa que compartimos) es la de crear personajes matizados psíquica y éticamente, complejos como seres reales, que sufren cambios al calor de los acontecimientos. Dumett moviliza más de 200 personajes, decenas de ellos de actuación relevante, sobresaliendo el espía de múltiples nombres, su madre, su esposa, Atahualpa, Felipillo, Calcuchima, Cusi Yupanqui, Inti Palla y Usco Huaraca.

Otro mérito fundamental es el punto de vista elegido y su plasmación en las técnicas empleadas. Dumett nos obsequia un relato polifónico que intercala capítulos en el presente de la prisión de Atahualpa y capítulos en el pasado, finalizando con un capítulo ubicado en el futuro, 30 años después de la muerte del Inca. Lo escribe el espía en un “gigantesco quipu” que “siglos después (el 2008) es descubierto en su tumba. Un quipu sobre el que aparece un artículo académico, que aparece al final de la novela, que lo describe exhaustivamente, que intuye la importancia de su contenido, pero que al que jamás podrá comprender” (palabras de Dumett, en la presentación de su novela en la FIL). Siendo un quipu, su visión es la de los “vencidos” (afinidad con Guaman Poma, quien interviene joven en la novela, pp. 707-714); por eso, los españoles son personajes planos, esquemáticos (codiciosos, viles), retratados desde fuera con la ortografía y el léxico del español del siglo XVI, mientras que los indios ostentan la riqueza humana que destacamos arriba, y ocupan la mayor parte del relato, en pasajes donde la ortografía y el uso gramatical es el actual aunque, por cierto, nutrido por la cosmovisión andina propia de un quipu (inserta vocablos indígenas que no se explican en el glosario, donde sí se registra el léxico español del XVI). El acudir a la ortografía del siglo XVI permite, verbigracia, que Pizarro se grafique “PiVaRo” invitando a leer “Pícaro”.

En cuanto a los géneros literarios, El espía del Inca exhibe la totalización discursiva de las grandes narraciones (las epopeyas y las novelas “totales” o “polifónicas”): rasgos épicos (plan de rescate, combates, venganzas, traiciones, utopía andina del “retorno de las huacas”), dramáticas (suspenso, tensión al interior de varios personajes, diálogos intensos) y líricos (amorosos, sexuales, nexo animista con la naturaleza).

Dentro de las especies novelescas, remite, según Dumett, a la novela de espionaje ejemplificada por John Le Carré, mediante personajes que “se mueven entre dos o tres o más lenguas, entre dos o tres o más culturas (…) navegando entre ellos con fluidez y versatilidad para informar mejor sobre ellos, para traicionarlos mejor (…) siempre con inocentes pagando los platos rotos”. Un objetivo central es “exponer los dilemas del Estado en su lucha por sobrevivir”.

Empero, así como Eco se apropia del relato policial en su gran novela histórica El nombre de la rosa, Dumett potencia majestuosamente el espionaje anudando una de las novelas históricas más admirables de las letras peruanas (junto a La guerra del fin del mundo de Vargas Llosa) y, en general, hispanoamericanas. Reconstruye cabalmente el contexto histórico, familiarizado con las crónicas y los estudios sobre el Perú en el siglo XVI; buena porción de sus personajes han existido, incluso el dato de un espía infiltrado en Cajamarca lo tomó de la crónica de Betanzos, pero desechó al espía real (“arrogante y erróneo en sus informes”) para dar vida a un hábil espía chanca (nace en el pueblo natal del padre de Dumett, en la provincia ayacuchana de Lucanas) “necesario para ofrecer una versión no cusqueño céntrica del imperio”.

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