Edición 2543: Jueves, 14 de Junio de 2018

Viejo Aguafiestas

Escribe: Juan Carlos Ubilluz | Breve reflexión a 200 años del nacimiento de Karl Marx.

Estamos lejos de Marx; a pesar de que nuestra época corrobora sus principales tesis. Según Alain Badiou, el 1% de la población mundial posee el 46% de los recursos disponibles, el 10% (la clase alta) posee el 86% de los recursos, el 40% (la clase media) se reparte como puede el 14% restante y la mitad de la humanidad no posee nada. ¿No prueban estas cifras la tesis marxiana de que el capitalismo tiende a la concentración de la riqueza? Los estados del tercer mundo establecen mecanismos legales para el despojo de territorios de los pueblos indígenas y (el colmo del colmo) criminalizan la protesta social. ¿No es esto una evidencia flagrante de que “el gobierno del estado no es más que la junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa”? En el Perú de hoy se repite la palabra “emprendedor” como el súmmum de la virtud y se percibe como “perdedores” a quienes se les escabulle el éxito empresarial (es decir, a la inmensa mayoría). ¿No queda hoy más claro que nunca que “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época” ?

Monumento en Chemnitz, Alemania. Durante la RDA, Chemnitz fue conocida como la Ciudad de Karl Marx.
Monumento en Chemnitz, Alemania. Durante la RDA, Chemnitz fue conocida como la Ciudad de Karl Marx.
Sin duda hay teorías de Marx obsoletas, así como predicciones erradas. Pero no es el saber lo que nos separa de él. En la universidad al menos, se puede escuchar que su crítica del capital es rigurosa, que sus análisis sobre la lucha de clases en Francia son brillantes, o que el materialismo dialéctico es una valiosa herramienta epistemológica. Pero lo que no se escucha es a un profesor que comparta la confianza de Marx en que “la burguesía produce (…) a sus propios sepultureros (el proletariado)”.

Es más, mientras Marx pensaba que la victoria del proletariado era una necesidad histórica, nosotros creemos más bien que lo necesario es la permanencia del sistema capitalista. Cuando Syriza claudicó ante las demandas de la Troika, la reacción que subyacía a los gritos de desilusión indignada fue: “Qué se le va a hacer, estaba cantado desde el principio” Y cuando se alude al riesgo de que la máquina de producción y consumo destruya el medio ambiente y por tanto también a la raza humana, los hombros se encogen de resignación: “No se puede hacer otra cosa”.

El pensamiento de Marx es más que un saber “objetivo”. Es, ante todo, una convicción subjetiva en torno a la hipótesis comunista: a la hipótesis de que el capitalismo no es el fin de la historia y que un mundo más igualitario es posible.

Se dice (entre los viejos arrepentidos…) que ser marxista implica averiguar dónde se equivocó Marx, o por qué fracasaron los experimentos comunistas del siglo XX, o por qué en estos se cometieron tantos crímenes. Estoy de acuerdo, pero para acercarnos a Marx, estas preguntas deben ser inmanentes a la hipótesis comunista. En otras palabras, la autocrítica no debe confundirse con un mea culpa que apacigüe a los defensores de un sistema despiadado sino que debe estar en función de volver a tratar de probar en la realidad lo que estos consideran imposible: a saber, la validez de la hipótesis. Para realmente acercarnos a Marx, tenemos que sacudirnos de nuestro cinismo distópico y (como decía Beckett) “tratar de nuevo, fracasar de nuevo, fracasar mejor”.

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