Padura fotografiado por Daniel Mordzinski.
Padura fotografiado por Daniel Mordzinski.
Edición 2539: Jueves, 17 de Mayo de 2018

Crimen y Caribe

El último libro de Leonardo Padura: un híbrido entre el relato policial y la novela histórica.

Padura fotografiado por Daniel Mordzinski.
Padura fotografiado por Daniel Mordzinski.

La reciente novela de Leonardo Padura (Cuba, 1955), La transparencia del tiempo (Tusquets, 440 pp.), constituye la novena entrega protagonizada por Mario Conde, el detective más cálidamente humano de la cada vez más abundante (y con mayor número de exponentes de alta calidad literaria) narrativa policial en español.

Padura ha transculturado las pautas características del policial negro norteamericano: menciona a Chandler en las pp. 295 y 297, las “películas de Bogart” en la p. 297, y en el trasfondo remite a la novela que inauguró dicho policial (El halcón maltés de Hammett), llamando al barco “El Halcón del Temple” y haciendo que gire la intriga alrededor de una valiosísima virgen medieval. Cubanísimo, Mario Conde difiere totalmente del cinismo y la misantropía de los detectives de Hammett y Chandler: ama a Tamara, sus amigos, su ciudad, su isla, sus perros, los deleites de la comida, la bebida, la literatura, la música y el arte; en general, ama el hecho de existir. Batalla en contra de la miseria, la corrupción y el dogmatismo (tanto el religioso como el político), a favor de la verdad, la libertad y el derecho a vivir placenteramente.

Cubanísimo, Mario Conde tampoco posee la brillantez deductiva de los detectives del policial clásico (el Dupin de Poe y el Sherlock Holmes de Conan Doyle) y obedece a sus presentimientos y corazonadas.

Además, Padura teje un híbrido entre el relato policial y la novela histórica. No es meramente el gusto por la recreación histórica que tenía Conan Doyle (le disgustaba que sus cuentos policiales tuvieran éxito, y no sus novelas históricas), el cual lo hizo regodearse en la información histórica en las narraciones más extensas de Sherlock Holmes: Estudio en Escarlata, El Valle del Terror, El signo de los cuatro y El mastín de los Baskerville. Se basa en la importancia que el marxismo (autodefinido como materialismo histórico) otorga al contexto histórico. Los crímenes ocurren en un marco social que los condiciona; y, precisamente, el principal marco que desnuda Padura es el fracaso de la revolución cubana, causante de la desnutrición y el desencanto de la población, los que conllevan el deterioro de la hermosa y alegre capital cubana, y el naufragio de los principios éticos: corrupción de las autoridades, drogadicción, prostitución infantil, etc.

En Padura dicho híbrido existe desde la primera novela (1991) y se acentúa en las siguientes. Después de la quinta (Adiós Hemingway, 2001), no duda en dejar a Mario Conde y privilegiar el factor histórico en La novela de mi vida (2002), sobre el poeta José María Heredia, y en El hombre que amaba a los perros (2009), sobre el asesinato de Trotsky. El paso siguiente nos trae a un Mario Conde ante enigmas de La Habana antes de la revolución (su novela más hermosa: La neblina del ayer, 2005), del siglo XVII de Rembrandt (Herejes, 2013) y del barrio chino (La cola de la serpiente, 2011).

Y ahora, en La transparencia de tiempo, Conde, deseoso hasta entonces siempre de escribir como el norteamericano Salinger, termina componiendo un relato (ambientado en los siglos XII-XIII) que homenajea al gran novelista histórico cubano Alejo Carpentier. Remite, sobre todo, a la idea del eterno retorno del tiempo (de ahí su transparencia), colocando como epígrafe una cita de “El camino de Santiago” de La guerra del tiempo; a la noción carpenteriana de lo real maravilloso (recordemos que el “agnóstico” Conde obedece a presentimientos misteriosos), incluso la virgen es manca como el esclavo Mackandal (citado en la p. 329) de El reino de este mundo.

Loading...