Ocurrió el 19 de mayo del 2005 en la charla Críticos Versus Escritores, en la PUCP. “Él me pidió perdón”, dice Agui  rre. “Y no sé porqué, pero Álvaso Lasso (organizador) también se disculpó.”
Ocurrió el 19 de mayo del 2005 en la charla Críticos Versus Escritores, en la PUCP. “Él me pidió perdón”, dice Agui rre. “Y no sé porqué, pero Álvaso Lasso (organizador) también se disculpó.”
Edición 2538: Jueves, 10 de Mayo de 2018

Segundo Round

Trece años después del golpe que los separó, Sergio Galarza y Leonardo Aguirre publican sendas novelas y liman asperezas.

Ocurrió el 19 de mayo del 2005 en la charla Críticos Versus Escritores, en la PUCP. “Él me pidió perdón”, dice Agui  rre. “Y no sé porqué, pero Álvaso Lasso (organizador) también se disculpó.”
Ocurrió el 19 de mayo del 2005 en la charla Críticos Versus Escritores, en la PUCP. “Él me pidió perdón”, dice Agui rre. “Y no sé porqué, pero Álvaso Lasso (organizador) también se disculpó.”

Era el año 2005. No había redes sociales y los magros debates literarios se armaban en los simposios –ese mismo año el I Congreso Internacional de Narrativa Peruana desataría la polémica ‘andinos contra criollos’–. Y en la blogósfera, claro: ese vertedero de insidia que luego dominaría las redes sociales. Sin embargo, la mierda tenía su lugar. Había blogs a secas y ‘blogs basura’ como Puerto el Hueco. Tiempos más ordenados, sin duda. Tiempos en que una reseña podía desencadenar cartas notariales, amenazas públicas, apariciones en el prime time televisivo y hasta puñetazos. Todo eso le pasó a Leonardo Aguirre.

“Había más libertad”, dice Aguirre dando una calada, o acaso un suspiro. “No eran excesos porque en el arte no hay excesos. Los valores para juzgarlo nunca son morales, solo son estéticos.” Aguirre no cree que los excesos de aquellos años nos hayan llevado por reacción a los actuales tiempos de auto censura y corrección política. Tampoco cree que su último libro –el borrador de un narrador que es constantemente corregido por su editora– sea una metáfora de la relectura que el feminismo viene haciendo de la literatura masculina. “Es una casualidad”, dice. También dice que la voz femenina en el texto es solo un personaje creado en oposición al protagonista, una voz “conservadora, algo moralista”. ¿Pensaste en la editora de Planeta? “Más bien pensé en Víctor Ruiz Velasco”.

Sergio Galarza irrumpe. “Antes era un lector de literatura, pero trabajar como librero en España me hizo descubrir mi ignorancia”, explica. “Ahora leo más historia, filosofía y política”. Su último libro es precisamente la historia de un político, pero también el recuerdo de un amigo. Como Aguirre, habla del pasado. “Fue una etapa de aprendizaje. No tenía la suficiente madurez. Mi primer libro (Matacabros, 1996) me sigue gustando, le tengo cariño. Pero luego debí esperar un poco más. Ahora edito mucho y busco el buen ritmo en la prosa, aunque no sea un buen prosista. Eso es difícil de cambiar porque está en mi estructura” Conoces tu debilidad. ¿Cuál es tu fortaleza? “Construyo frases que contienen una idea”. Tiene un cuento sobre la pedofilia en el Colegio San Agustín, pero sabe que el tema da para más. “He sido testigo de eso”.

Del golpe de Vargas Llosa a García Márquez al golpe de Galarza a Aguirre hay un largo trecho generacional. La distancia del desnudo griego al cholo calato, digamos. Galarza se avergüenza. “Fue un episodio lamentable. Hubo gente que pidió que se me declare persona non grata. Johann Page nos separó”. Antes de despedirse, habla sobre la novela Contarlo todo. “Es una exacerbación del arribismo”, argumenta. “No hablo de su calidad literaria, sino de su personaje amoral y cínico, quien representa la ideología del emprendedor.” Hoy, Galarza acepta la crítica. Incluso la ejerce. Un avance. (CC)

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