Ginsberg llegó a Lima el 5 de mayo de 1960, con 33 años. Trajo ejemplares de Howl (1956) bajo el brazo.
Ginsberg llegó a Lima el 5 de mayo de 1960, con 33 años. Trajo ejemplares de Howl (1956) bajo el brazo.
Edición 2529: Jueves, 8 de Marzo de 2018

¡Santo, Ginsberg!

Escribe: Renzo Porcile | A más de 60 años de la publicación del mítico Howl, de Allen Ginsberg, el escritor peruano Mario Pera lanza una reedición.

Ginsberg llegó a Lima el 5 de mayo de 1960, con 33 años. Trajo ejemplares de Howl (1956) bajo el brazo.
Ginsberg llegó a Lima el 5 de mayo de 1960, con 33 años. Trajo ejemplares de Howl (1956) bajo el brazo.

Parece inaudito que haya pasado desapercibido. Allen Ginsberg (Newark, 1926-1997) es, indudablemente, uno de los poetas estadounidenses más importantes del siglo XX. Además de ser el portavoz de la llamada beat generation, (coordenada que agrupa, entre otros escritores, a Jack Kerouac y William Burroughs), el impacto en la cultura a través de susbellosa la vez que hipercríticos poemas le valió un lugar céntrico no sólo dentro de la poesía, sino del espectro general del arte como forma de espiritualidada partir de los años cincuenta.

Las reediciones de sus libros son, al igual que sus lectores, incontables. Y es su primer poemario, Howl and other poems (1956, con introducción a cargo del poeta William C. Williams), aquel que selló su nombre a toda esfera de la cultura contemporánea desde su aparición.Pero más concretamente, el poema homónimo, Howl (Aullido), un extenso continuum segmentado en tres partes y una “nota al pie” que a lo largo de una desenfrenadaletanía de veinte páginas no hace sino delinear el desafío vital que enfrenta el individuo moderno. La crítica era feroz y la veta clara, y los jóvenes escritores en todo el mundo no tardaron en atenderla e incorporarla a su propia producción. Aquello, por supuesto, no eximió en lo más mínimo a la poesía peruana.

El tono ginsbergriano es patente en nuestra tradición, en especial a partir de la década del sesenta, cuando la influencia de la literatura anglosajona se hacía cada vez más fuerte. Es en esa medida que el año pasado aparece (inadvertidamente) esta edición-homenaje realizada por el escritor y editor peruano Mario Pera a través del sello Vallejo & Co., probablemente la única edición peruana de este libro hasta el momento.

“Creo que no hay poeta peruano que no haya leído a Ginsberg y haya quedado igual. La potencia de su voz, junto con su mensaje, pega duro.Es una poesía que cambia algo en ti, no hay manera de salir ileso”, comenta Pera.

En efecto, golpea. Sin mencionar la legendaria visita del mismo Ginsberg al Perú en busca de la ayahuasca, sus recitales dados en 1960 en el ya inexistente IAC, y el sucesivo encuentro con Martín Adán en las mesas del café Cordano, algo más parece unirnos a ese aullido. En palabras del editor: “Se vinculó con muchos poetas peruanos: con Sebastián Salazar Bondy, quien lo trajo invitado, Javier Sologuren, quien lo publicó en La rama florida, Walter Curonisy fue su amigo cercano... Es decir, no sólo por la lectura de su obra.Instaló en la lírica peruana la manera beat de concebir la poesía y de escribirla”.

Esta impecable edición reproduce el diseño de la príncipe Howl and other poems, publicada por City Light Books, con la diferencia de que sólo contiene el poema homónimo, traducido por el chileno Rodrigo Olavarría (principal traductor de Ginsberg al castellano); más un detalle en la portada, hechura del pintor Rafael Hastings. Como editor decidí que sólo se incluyera la versión en español del poema, puesto que si bien una edición bilingüe ayuda al lector a corroborar ciertos aspectos del poema, no es este el caso de una edición para el estudio, sino un homenaje para tributar el aullido de una generación”, concluye Pera.

Esa es, acaso, la ruta de esta nueva edición de Howl. No sólo celebración de los más de 60 años de un extraordinario libro, sino la demostración de que entre el notable autor de Kaddish y The Fall of America y la importante poesía del Perú existe un fuerte vaso comunicante.Y eso también hay que celebrarlo.

Los poetas están malditos, pero no están ciegos: ven con los ojos de los ángeles. —William C. Williams.

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