Edición 2521: Jueves, 11 de Enero de 2018

Torturas en Dictadura

Comentario al libro de Selenco Vega Jácome

Hay dos autores peruanos surgidos a inicios de los noventa que tienen varios puntos en común: Miguel Ildefonso y Selenco Vega. Ambos empezaron su trayectoria como poetas y sumaron a su vez una consistente obra narrativa. Ambos poseen un perfil discreto pero tempranamente maduro, lúcido y afilado. Los dos han obtenido con casi todas sus obras los premios de literatura más importante del país. Tal es el caso del concurso nacional de cuento de la Asociación Peruana Japonesa, cuya última edición fue adjudicada a El japonés Fukuhara (2017) de Vega Jácome, uno de cuyos jurados fue precisamente Ildefonso, ganador en la versión del 2004. El japonés Fukuhara está conformado por cuatro cuentos más el extenso relato que da nombre al libro. Este relato entrecruza, desde la conciencia de un joven narrador, historias de dos ancianos moribundos: la de su padre y la de Ryosuke Fukuhara, amigos desde la temprana infancia en Cinco Esquinas, de cuando los colegiales humillaban públicamente a cualquier japonesito por representar al Mal Absoluto en los años de la Segunda Guerra Mundial. Ambas historias son complementadas por la del propio narrador. Son cuentos marcados por la Historia en cuanto guardan relación con la violencia política durante la dictadura fujimorista. Por parte del narrador, la obligación de presenciar de niño en Vicos la violación de sus tías ancashinas quechuablantes presumiblemente por cuatro senderistas, que lo marca como un ser huraño y retraído. Por parte de Fukuhara, el execrable uso para torturas militares (a nombre del propio presidente de la República) de una histórica cámara secreta en su ferretería de Paruro, punto de ruptura con el padre. Historias y aspectos otros (como la sincrética recámara del japonés o la muerte de ambos ancianos) que suscitarán la liberadora catarsis del narrador. Estamos ante un significativo relato en tono confidencial sobre nuestros desgarros nacionales de fin de siglo que no cesan de interpelarnos hoy. (Paolo de Lima)

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