El ojo en tinta fue retratado por el fotógrafo Rodrigo Moya Moreno en México, un día después del incidente del 12 de febrero de 1976. Nunca más volvieron a hablarse.
El ojo en tinta fue retratado por el fotógrafo Rodrigo Moya Moreno en México, un día después del incidente del 12 de febrero de 1976. Nunca más volvieron a hablarse.
Edición 2516: Jueves, 30 de Noviembre de 2017

Prehistoria de un Golpe

Un libro cuenta la historia secreta detrás del célebre puñetazo que Mario Vargas Llosa le propinó a Gabriel García Márquez.

El ojo en tinta fue retratado por el fotógrafo Rodrigo Moya Moreno en México, un día después del incidente del 12 de febrero de 1976. Nunca más volvieron a hablarse.
El ojo en tinta fue retratado por el fotógrafo Rodrigo Moya Moreno en México, un día después del incidente del 12 de febrero de 1976. Nunca más volvieron a hablarse.

Llegaron muy pocos ejemplares a Latinoamérica”, explica Xavi Ayén (1969), autor del libro Aquellos años del boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo. (RBA, 2014). Un ambicioso volumen de 880 páginas y más de 300 fuentes consultadas que llegó a Lima sin apoyo de la prensa y directamente a los estantes de la librería Crisol. Y que según Ayén, será reeditado el 2018 para Latinoamérica por Debate (Penguin Random House).

Dice Ayén que Fuentes fue el propagandista, que Donoso escribió un libro solo para asegurarse de estar incluido, que Cabrera Infante no entró por ser anti Fidel, que Cortázar rechazó la visión mercantil del  “club de machos”, club que a su vez rechazó a autoras como Nélida Piñón.

Pero el golpe acabó definitivamente con el boom. Una historia que empezaría en 1974, cuando Patricia había convencido a Vargas Llosa de volver a Lima. Ayén recuerda que “García Márquez, Donoso y sus esposas acompañan al puerto al matrimonio Vargas Llosa y sus tres hijos. A bordo de ese barco Barcelona-Lima, el Rossini, que hace escala en Santa Cruz de Tenerife –donde la familia se verá con su amigo canario Juancho Armas Marcelo–, viaja una mujer peruana, Susana D.C. Está casada con un arquitecto amigo de Bryce Echenique, Andrés B., con quien vive en Madrid. Se celebra una cena de gala y el capitán la sienta junto al escritor en la mesa principal, que él preside. La fascinación es mutua, aunque tal vez no repentina, pues ya se conocían de antes. Hay una orquesta y Vargas Llosa la saca a bailar varias veces. ‘Patricia estaba furiosa’, explica un amigo de ambos, buen confidente. Tendrá sus razones porque al llegar a Lima, Mario ya tiene nueva pareja y decide ser coherente con la pasión que le arrebata, abandonar a su familia y emprender un viaje junto con su amante (...)”.

“Fui el único periodista que estuvo en el apartamento de MVLl en NY el día que le dan el Nobel”, recuerda. “¿En Perú qué pasa?”, se preguntaba porque demoraron en llamarlo. “No recuerdo si lo llamó primero Alan García o Alejandro Toledo”.
“Fui el único periodista que estuvo en el apartamento de MVLl en NY el día que le dan el Nobel”, recuerda. “¿En Perú qué pasa?”, se preguntaba porque demoraron en llamarlo. “No recuerdo si lo llamó primero Alan García o Alejandro Toledo”.

Según Ayén, Mario se va con Susana D.C. a Barcelona en septiembre de 1974. “Es una peruana”, recuerda Ayén. Ante la presentación en sociedad de la nueva pareja, “Jorge Edwards empieza a circular la broma de que son parientes. Después le inventaron cosas graciosas para dispersar todo el revuelo”, agrega. La pareja rompe al poco tiempo. Ya en 1975, el incidente entre Patricia y García Márquez se da luego de una cena en Barcelona.

El fin del boom frustró varios proyectos literarios. “He visto la correspondencia cruzada sobre la novela a cuatro manos en Princeton”, cuenta Ayén sobre el conato de novela en torno a la guerra Perú-Colombia. “También había otro proyecto de libro con seis u ocho autores sobre dictadores latinoamericanos”. Esto se suma a los tantos papeles perdidos: la novela inédita que la familia de García Márquez no quiere publicar (En agosto nos vemos), los archivos prohibidos por Vargas Llosa en Princeton (“hay una carpeta con cuatro o cinco cartas que no pueden leerse, hay una cláusula”) y hasta los libros celosamente guardados en la biblioteca homónima de Arequipa (“hay varios libros de Vargas Llosa con anotaciones, crítica y puntuación que no pueden verse, parece que no deja bien parado a los autores”). 

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