La música animó el almuerzo de Penguin Random House en La Nueva Palomino. Derecha, “Mi libro no fue un intento por quitarle a Hitler la responsabilidad de sus actos”, advierte Norman Ohler.
La música animó el almuerzo de Penguin Random House en La Nueva Palomino. Derecha, “Mi libro no fue un intento por quitarle a Hitler la responsabilidad de sus actos”, advierte Norman Ohler.
Edición 2514: Jueves, 16 de Noviembre de 2017

Plumas y Picanteras

Escribe: Carlos Cabanillas | Escritores, científicos, historiadores y pensadores animaron la fiesta de las letras del Hay Festival Arequipa 2017.

La música animó el almuerzo de Penguin Random House en La Nueva Palomino. Derecha, “Mi libro no fue un intento por quitarle a Hitler la responsabilidad de sus actos”, advierte Norman Ohler.
La música animó el almuerzo de Penguin Random House en La Nueva Palomino. Derecha, “Mi libro no fue un intento por quitarle a Hitler la responsabilidad de sus actos”, advierte Norman Ohler.

Cees Nooteboom estira el brazo y para un taxi. Rojo, para mayores señas. Le dice al taxista en su español masticado que vaya a la calle Leoncio Prado 122, a La Nueva Palomino, rápido por favor. Gracias. Allá a lo lejos, cruzando el puente Grau, ya empezó el almuerzo programado para el viernes 10 de noviembre. Y Cees Nooteboom, o “mister Cees, como le dice un periodista arequipeño” no parece estar dispuesto a perderse la buena mano de Mónica Huerta. Adobo de cerdo, rocoto relleno, chupe de camarones y una larga lista de platillos que no conviene dejar enfriar.

Los 22,257 asistentes a la tercera edición del Hay Festival Arequipa andaban desperdigados por todos lados. En las catacumbas, en el mercado, en la biblioteca y, más tarde, en el Deja Vu, tácita estación final de las noches del Hay. Pero la hora del almuerzo equivale al ancestral llamado de la tribu, tamborileando el estómago. Ya llegaron los Ruiz Rosas. También el vino. Las mesas rociadas, las ollas de barro enrojecido, los punteos de la guitarra. Y las infaltables chicheras con sus enormes vasos coloridos. Hay que tomarlos con ambas manos para que no se resbalen.

El documental de Jago Cooper, curador del Museo Británico, se llama Los incas: amos de las nubes (2015).
El documental de Jago Cooper, curador del Museo Británico, se llama Los incas: amos de las nubes (2015).

Cerca del mirador de Yanahuara, un grupo de periodistas intentaba armar “la foto distinta”. En los oídos del público asistente al Teatro Municipal de Arequipa, al otro lado de la ciudad y cruzando el río Chili, aún resuenan las palabras de la periodista Lydia Cacho compartiendo con Gustavo Gorriti las historias de sus respectivos secuestros, como quien intercambia anécdotas de oficina. De vuelta en la picantería, un poeta acompaña su porción de queso helado con trozos de papaya arequipeña y una explicación no pedida: al parecer Claudia Piñeiro había cancelado su presentación por una emergencia familiar. “Ojalá su hija esté bien”, le responde un periodista local.

Patricia Llosa y Roxana Valdivieso estuvieron presentes. También Morgana VLl.
Patricia Llosa y Roxana Valdivieso estuvieron presentes. También Morgana VLl.

Tras el postre, una comitiva decidió bajar la grasa (y los ánimos) con la charla apocalíptica de Alan Weisman. Su ponencia se titula “¿Tenemos futuro en la tierra?” y la respuesta es “no”. La conferencia del escritor alemán Norman Ohler cautiva a la portátil que ha ido a verlo. Con solo ver al autor, una narradora que prefiere mantenerse en el anonimato (algo insólito en un escritor peruano) sugiere que el conocimiento de Ohler sobre el mundo de los opiáceos y los alucinógenos no debe ser mera teoría. El autor de High Hitler: las drogas en el Tercer Reich (Planeta, 2017) explica que los historiadores han sido demasiado conservadores como para prestarle atención a la arista psicotrópica de la Segunda Guerra Mundial. El desgarbado alemán parece imitar a Keith Richards. Ríe, se soba sospechosamente la nariz y se pierde en el hilo de la conversación con Miguel Barreda. Puro sillar & roll.

Poeta Cees Nooteboom brinda con vino. Derecha, “Chávez no tuvo una épica” (Barrera)
Poeta Cees Nooteboom brinda con vino. Derecha, “Chávez no tuvo una épica” (Barrera)
Alberto Barrera y Hugo Coya se enfrascan en una larga conversa en el auditorio del Colegio de Arquitectos. Mientras ambos diseccionan la hoy lejana figura de Hugo Chávez, en Lima otra voz autoritaria pretende manejar a la Fiscalía de la Nación como su chacra. Como dijo el camarada: primero como tragedia, luego como farsa. “(Hugo) Chávez incluyó elementos de la telenovela y la radionovela en su discurso político”, plantea el autor venezolano de Patria o muerte (Tusquets, 2015).

Maduro, en cambio, tiene serias limitaciones, anticuerpos feroces, chistes poco felices. Por su lado, desde el Centro Cultural Peruano Norteamericano, Geoff Dyer discrepaba con casi todo el mundo al decir una perogrullada: en esencia, el periodismo responsable no ha cambiado en nada. Antes de despedirse, anuncia dos libros saliendo del horno: uno sobre el fotógrafo neoyorquino Garry Winogrand y otro sobre la película bélica Where Eagles Dare (1968).

Francesa Maylis de Kerangal.
Francesa Maylis de Kerangal.
  Cae la noche y reaparece Nooteboom. Esta vez para hablar de poesía junto con Carmen Ollé. Deyan Sudjic está en plena charla museográfica con Natalia Majluf. Jago Cooper le sube la moral al peruano promedio: la tradición oral de los Incas no es menos que la cultura escrita. “Y encima tienen los quipus”, agrega el director de América del Museo Británico. Así que basta de creer que Atahualpa arrojando la Biblia es un gesto que simboliza nuestro rechazo a la ciudad letrada.

Bailarines enmascarados reciben a los visitantes a la casona Tristán del Pozo, sede del cóctel del BBVA Banco Continental. Como la literatura no puede combatir a su rival futbolístico, solo le queda unirse a él: colocar un ecran para ver el partido Perú-Nueva Zelanda. Falsa disyuntiva, sí. Porque no rivalizan: se complementan. Si no que lo diga Martín Roldán, quien ya recuerda la trivia de un viejo partido de Waldir Sáenz. Ante las primeras jugadas algunos se toman la cabeza con ambas manos.

Maldicen, suspiran, sonríen de medio lado. Juan ‘El Cuy’ Acevedo se lamenta, trago en mano. Diego García Sayán se sirve un segundo whisky con hielo, poco agua, por favor. Francesca Denegri está en medio de una animada charla y Teresina Muñoz Nájar prueba el vino tinto. Renato Cisneros se acerca a la pantalla gigante. Todos sostienen banderitas rojiblancas salvo un escritor distraído. Dice bajito, casi susurrando, que no le gusta el fútbol, corriendo el riesgo de recibir un apanado characato. Todos los convocados están en el campo. Algunos se marcan personalmente. Pero el gol, ya se sabe, nunca llegó. No importa. Arequipa era una fiesta.

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