Edición 2509: Jueves, 12 de Octubre de 2017

La Muerte Del Siglo XX

Escribe: Luis E. Lama | Fernando de Szyszlo fusionó lo antiguo y lo moderno, la abstracción europea y el arte prehispánico. Nadie representó mejor al siglo XX.

En el nuevo milenio, nadie representaba mejor al siglo XX que Fernando de Szyszlo (1925-2017). Sus memorias han quedado registradas en su reciente libro La vida sin dueño donde narra las vicisitudes de un intelectual en medio de los avatares latinoamericanos.

No hay otro hombre como él que haya sido protagonista de los hechos culturales y políticos que hemos vivido y en los que participara de manera tan activa, ya sea rechazando dictaduras o proponiendo alternativas. Desde joven se opuso al anquilosamiento, sumándose a las intenciones del Grupo Espacio en 1947, luchando por el arte abstracto gracias al impulso otorgado a las vanguardias internacionales por (Cartucho) Miró Quesada, el arquitecto que fue nuestro  mejor teórico del arte.

Szyszlo asumió un liderazgo en el medio. Gracias al empeño que puso todo el grupo de arquitectos y artistas en que se encontraba, el Perú conoció la modernidad, de manera más notoria en el trabajo de nuestros arquitectos y en menor escala a la nueva generación de artistas abstractos que comenzaron a exponer en Lima en la década de los 50.

Fueron los años en los que se dio lugar a la polémica de mayor nivel en torno a la cultura del Perú. Cartucho se encargó de registrarla en su columna En Blanco y Negro en El Comercio de antaño. Posteriormente una edición reuniría todos  estos artículos hoy perdidos en el olvido.

Puede ser que la discusión entre los intelectuales más representativos de la época haya conducido a Szyszlo a manifestar nuestras raíces precolombinas a través del arte abstracto. Su serie “Apu Inca Atawallpaman”, basado en el anónimo poema quechua, es indudablemente su serie más representativa de las que fusionan, como nadie logró hacerlo, la contemporaneidad internacional y el pasado de América Latina.

Con su esposa Liliana Yábar, diciembre del 2016. Se casaron en 1988 y fallecieron   juntos el 9 de octubre del 2017. “Uno no iba a poder sobrevivir al otro”, dice Lama.
Con su esposa Liliana Yábar, diciembre del 2016. Se casaron en 1988 y fallecieron   juntos el 9 de octubre del 2017. “Uno no iba a poder sobrevivir al otro”, dice Lama.

Los años de la dictadura militar no fueron propicios para el artista, era enemigo de todo aquello que pudiera coartar su libertad. Pero fue en 1975, con el premio Nacional de Cultura a Joaquín López de Antay, que él cuestionó severamente, cuando se creó la mayor polémica en torno a lo que entonces se llamaba arte erudito y arte popular. Dicotomía que hoy se encuentra superada gracias en parte a los debates de aquellos tiempos.

Lo conocí personalmente en los años 80. Nos hicimos amigos después de algunos desencuentros en la crítica que escribía en CARETAS. La primera muestra que trabajé con él giraba en torno a la cibernética y expuse la obra que él primero diseñaba a través de las herramientas de entonces, pero con el indudable mérito de ser el primer artista que recurría al software, lo que luego se llamaría AUTOCAD, para hacer sus bocetos en tres dimensiones y experimentar con las variaciones de color.

Eran los tiempos en los cuales Elida Román fue su representante a través de galería 9. Ella fue su curadora en una magnífica antológica que coordinamos para el Centro Cultural de la Municipalidad de Miraflores, hoy Sala Luis Miró Quesada Garland, llamada así en homenaje a Cartucho. Arquitecto, intelectual y amigo.

Fue precisamente Cartucho quien diseñó la casa en la cual Szyszlo y su esposa se accidentaron y perdieron la vida. Pero esta muerte, tan dolorosa, tiene mucho de poética. En la realidad uno no iba a poder sobrevivir al otro. Por eso la tragedia sella de esta manera un romance legendario que superó los prejuicios de una ciudad envidiosa ante la felicidad.

Con Sérvulo Gutiérrez, Eielson, Salazar Bondy y Sologuren. Lima, 1946.
Con Sérvulo Gutiérrez, Eielson, Salazar Bondy y Sologuren. Lima, 1946.

Escribir sobre Szyszlo es una tarea inagotable. Es el artista sobre el cual más se ha escrito. Tuvo una vida plena, con grandes logros y dolorosas pérdidas. Fue un hombre que, como todos, conoció el amor y la mezquindad pero de una manera más intensa. Puedo, además, dar testimonio de su generosidad. En todas las oportunidades que me tocó trabajar con él nunca he conocido a un artista màs amable y respetuoso con las funciones de los demás. Y hasta el final de su vida, nunca rechazó las entrevistas que iba a hacerle a su casa con mis alumnos. Unos chicos afortunados que han tenido la lección de su vida. Y Szyszlo, que también fue profesor durante largos años en la PUCP, disfrutaba con la presencia de estos muchachos que contagiaban su vitalidad. Su último video se hizo por encargo del MALI para una próxima exposición.

Siempre recuerdo el miedo a la muerte de Szyszlo. Desde temprano temía enfrentarse a ella. Y aún en los últimos tiempos, cuando era inevitable un cercano desenlace, siguió rechazándola. Hoy, después de una vida plena, como la de pocos hombres, finalmente se ha encontrado con ella. Estoy seguro que al conocerla finalmente descubrirá que nada era igual a lo que él creía.

Szyszlo fue un producto de su tiempo y su circunstancia. Nunca volverá a haber otro Szyszlo en la historia del Perú.   

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