El tenor lírico italiano ayudó a popularizar la ópera por sus colaboraciones con Bono, Sting, Liza Minnelli y Sinatra.
El tenor lírico italiano ayudó a popularizar la ópera por sus colaboraciones con Bono, Sting, Liza Minnelli y Sinatra.
Edición 2505: Jueves, 14 de Septiembre de 2017

Pavarotti: Su Voz Existe

Escribe: Eduardo González Viaña | Breve anecdotario peruano a 10 años de la muerte del cantor Luciano Pavarotti. O cómo Los Tres Tenores salvaron al mundo.

El tenor lírico italiano ayudó a popularizar la ópera por sus colaboraciones con Bono, Sting, Liza Minnelli y Sinatra.
El tenor lírico italiano ayudó a popularizar la ópera por sus colaboraciones con Bono, Sting, Liza Minnelli y Sinatra.

En julio de 1994, el mundo se iba a acabar. José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, los tres tenores, lo salvaron.

¿Fue julio y fue 1994? Corríjanme, por favor. Me estoy refiriendo a la clausura del Campeonato Mundial de fútbol celebrado en los Estados Unidos. En Los Ángeles, los tres más celebrados tenores de nuestro tiempo, acompañados por una orquesta de 200 profesores, ofrecían un concierto que la televisión hacía llegar hasta un poco más de la mitad de la población terrestre.

Para ese día, los astrónomos estaban anunciando un inesperado evento cósmico. Una oleada de meteoros había colisionado con Júpiter y, debido a ello, una región entera, cuya extensión sobrepasaba a la de todo el continente americano, había sido borrada del mapa. En el caso de que ese planeta hubiera estado habitado por seres inteligentes, el choque habría significado la catástrofe de su civilización.

Pero allí no terminaba la aventura estelar. Solamente una porción de los asteroides había caído sobre Júpiter; el resto continuaba su marcha silenciosa e infernal por los espacios; y aquella noche, justamente, debían de pasar sobre la Tierra, o estrellarse sobre ella.

No se sabía en qué lugar caerían. La noticia apareció en todas las primeras páginas, pero sin duda la eclipsaban los finales angustiosos y los últimos goles del campeonato porque en Trujillo, Perú, donde me hallaba, no escuché un solo comentario astronómico, y sí muchos y muy apasionados sobre los partidos de fútbol.

Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti cantando en el mundial de fútbol de Estados Unidos 94.
Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti cantando en el mundial de fútbol de Estados Unidos 94.

Y sin embargo, la hora final se aproximaba. De acuerdo con las estimaciones científicas, a las 10 y 15 minutos de la noche, hora del Perú, las estrellas del Apocalipsis comenzarían a estrellarse, una tras otra, sobre la superficie terrestre. El lado del planeta que no recibiera los impactos quedaría sumergido en una noche que duraría 400 años, pues hasta entonces no habría de desvanecerse el humo de la destrucción.

Y sin embargo, el único que lloraba esa noche era Frank Sinatra, en Los Ángeles, cuando los tenores entonaron, en su homenaje, “I did it my way” (“A mi manera”).

“Monde nouveau, tu m’appartiens¡”, de la ópera de Meyerbeer, cantaba Plácido Domingo cuando ya eran las 9 y 30 de la noche, y a las 10, muy cerca de la hora en que debía ocurrir la catástrofe, Luciano Pavarotti interpretaba otra vez a Puccini: “Nessundorma¡ Nessundorma¡” (Ningún hombre duerma. Nadie duerma); y un rato después añadía: “...guardi le stelle che tremano/dámore e di speranza” (observa la estrella y tiembla de amor y de esperanza...)

El peruano Edwin Tinoco fue asistente de Pavarotti hasta su muerte.
El peruano Edwin Tinoco fue asistente de Pavarotti hasta su muerte.

Allí fue cuando supe exactamente lo que estaba ocurriendo: en el centro del mundo, los tenores estaban haciendo las veces de sacerdotes universales porque habían congregado en una sola voz toda la esperanza humana. Lo decía la propia letra de lo que cantaban.

Ahora estoy seguro de que por eso se salvó la Tierra en julio de 1994; las voces de los tres y nuestros silencios se transmutaron en una sola fuerza que desvió la amenaza del espacio.

Luciano Pavarotti, la mayor leyenda del bel canto del siglo XX, moriría después el 6 de septiembre del 2007. Y ya se han cumplido diez años de su partida. En los días en que dos hombres de extraño peinado compiten en amenazarnos con la destrucción del planeta, lo necesitamos más que nunca.

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