Edición 2500: Martes, 15 de Agosto de 2017

Comunicación en la era de la posverdad

Por: Patricia Sánchez | Decana de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

La revista CARETAS y la Universidad Privada del Norte, hacen una alianza para dar a conocer valiosa información publicada en la plataforma de blogs de la UPN. Los textos que reproducimos aquí son artículos escritos por catedráticos y profesores y responden a sus áreas de investigación y expertise.

Con esta alianza ofrecemos a los lectores de CARETAS temas abordados con curioso y saludable espíritu académico.  Usted puede seguir el blog de la Universidad Privada del Norte a través de su página web y sus redes sociales.

Según la RAE, el término posverdad se refiere a “aquella información que apela a las emociones, creencias o deseos del público”. Esta emotividad, mezclada con creencias y deseos, es una bomba explosiva para el periodismo y para la comunicación en general. En un mundo donde pareciera que la verdad pasa de moda y en el que algunos periodistas se envilecen al insistir en tratar la realidad como una fantasía a través de contenidos sensacionalistas y análisis tendenciosos, no solo se daña a la profesión, sino que principalmente se afecta a la sociedad. Y nuestro país sabe mucho de eso.

En las últimas horas hemos visto, a manera de un cruel recuerdo de que si no se aprende de la historia esta vuelve a repetirse, cómo se pasa de un hecho concreto a una noticia falsa que no solo busca presionar al gobierno sino, lo que es más probable, desinformar a la población.

Según un estudio de GFK de octubre del 2015, los peruanos confían en los medios tradicionales, entendiendo estos como radio, televisión, diarios y revistas. Si tenemos en cuenta que la penetración de internet, y por ende de los medios digitales, aún es baja en el interior del país, y que la radio, la televisión y la prensa siguen siendo los medios líderes en los gustos de consumo de información de los peruanos, la responsabilidad de los medios y sus periodistas es aún mayor.

Nuestro país es un país fragmentado, dividido, no necesitamos seguir ahondando las diferencias. La información periodística debe buscar, ante todo, la verdad y con ella el bien común. Al parecer no hemos aprendido, como comunicadores, que nuestro rol es muy importante para construir y mantener valores democráticos. Un país democrático no existe por declaración; existe en la medida que todos los agentes que lo construyen valoran y afianzan dicho sistema.

Si bien cada medio de comunicación es libre de desarrollar una línea editorial, esta nunca debería erigirse en torno a la desinformación, al titular del engaño, a la foto trucada, a la exacerbación del morbo. Usar un medio de comunicación, cualquiera que este sea, para modificar la realidad y generar o contribuir a la desinformación no solo es una bajeza, debería ser considerado una falta muy grave.

En nuestro país, como ya hemos mencionado, la mayor parte de personas señalan que los medios de comunicación son confiables. Si no podemos honrar este encargo como comunicadores, entonces estamos condenados no solo al fracaso como profesionales sino también como personas y como país. La UNESCO reconoce que los medios de comunicación contribuyen al sostenimiento de la democracia, y en eso se basó el Día de la Libertad de Prensa 2017. Los medios de comunicación deben ser conscientes de su rol, solicitado o no pero hecho suyo por el uso de los consumidores. El tratamiento de la información, tanto en géneros periodísticos como de entretenimiento debe hacerse con respeto a las audiencias y a la realidad.

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