Anteriormente, Ubilluz publicó libros de crítica cultural, psicoanálisis y cine. También estudió la literatura peruana ante la violencia política.
Anteriormente, Ubilluz publicó libros de crítica cultural, psicoanálisis y cine. También estudió la literatura peruana ante la violencia política.
Edición 2500: Jueves, 10 de Agosto de 2017

Tinta Roja

Por: Paolo de Lima | Novela de Juan Carlos Ubilluz: parricidio y psicoanálisis.

Anteriormente, Ubilluz publicó libros de crítica cultural, psicoanálisis y cine. También estudió la literatura peruana ante la violencia política.
Anteriormente, Ubilluz publicó libros de crítica cultural, psicoanálisis y cine. También estudió la literatura peruana ante la violencia política.

Juan Carlos Ubilluz (Lima, 1968) es un destacado crítico cultural de raigambre lacaniana. En sus trabajos ha explorado temáticas tan disímiles como el indigenismo y la narrativa de la violencia política, Bataille y lo sagrado, el perreo, el cinismo y la perversión como síntomas posnacionales, la ética y la política desde la luz cinematográfica de Hollywood, la subversión de categorías dicotómicas como totalitarismo versus democracia, entre otros. Últimamente venía desarrollando un trabajo que giraba en torno a la relación entre parricidio y globalización, pero prefirió llevarlo al terreno de la ficción. “No me sentía cómodo abordando críticamente el sonado caso que tomé como ejemplo”, comenta. El resultado es la trepidante novela que acaba de publicar bajo el sello Penguin Random House: No tengo nada que ver con esto (2017, 245 págs.), la cual se presentó en el Auditorio José María Arguedas de la Feria Internacional del Libro.

–Lo primero que quiero preguntarle es cómo vivió la experiencia de abordar un trabajo de ficción narrativa. ¿Qué sintió al pasar de lector y crítico agudo a autor de literatura?
–Creo que la división entre autor y crítico es anticuada. Pienso, con Roland Barthes, que el “crítico” debería ser un intérprete de “partituras” literarias, algo así como un violinista que crea una melodía a partir de ciertas anotaciones musicales incompletas. Y el “autor”, por su parte, tiene que ejercer una labor “crítica” sobre su propio proceso creativo. Como lo advierte un dicho anglosajón, a un escritor se le conoce más por lo que bota al tacho que por lo que publica. Prefiero decir entonces que antes yo practicaba el arte de la interpretación literaria y ahora –con No tengo que nada que ver con eso– he practicado el arte de escribir novelas.

–La novela está contada desde la conciencia de los distintos personajes que la integran: el padre, la madre, el hermano, la protagonista, el poeta y profesor. ¿Por qué eligió esta estrategia narrativa?
–El narrador, en efecto, cuenta las cosas desde la perspectiva de los personajes, asumiendo sus respectivos ritmos, fraseos, muletillas, etc. Y a partir de allí van apareciendo fuerzas, imágenes y palabras que se adueñan de ellos, que los empujan a actuar a veces contra su voluntad. Es decir, se van mostrando mecanismos inconscientes que provienen no solo de sus historias personales o familiares sino también de la cultura contemporánea. Resumiendo lo anterior, he tratado de explotar el estilo indirecto libre hasta el punto de problematizar la autonomía individual.

–Tras esta novela, ¿qué nuevos proyectos literarios tiene en mente?
–Quiero seguir experimentando con el nexo entre la narración y la escritura del caso clínico, psicoanalítico. Y quiero seguir escribiendo sobre asesinatos perpetrados por jóvenes, pues creo que estos reflejan ciertos cambios en el individuo y en la sociedad que se les escapan a los medios de comunicación. De hecho, creo que estos crímenes “excepcionales” echan luces sobre lo que hoy se considera “normal”.

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