“A esta novela única, inimitable, se le ha cuadriculado dentro del realismo mágico” (González Vigil).
“A esta novela única, inimitable, se le ha cuadriculado dentro del realismo mágico” (González Vigil).
Edición 2492: Jueves, 15 de Junio de 2017

Los 50 años de Cien años

Cara y careta de Cien años de soledad (1967). Auténtico boom dentro del boom de la novela hispanoamericana.

“A esta novela única, inimitable, se le ha cuadriculado dentro del realismo mágico” (González Vigil).
“A esta novela única, inimitable, se le ha cuadriculado dentro del realismo mágico” (González Vigil).
A lo largo de mi existencia no he presenciado un mayor fenómeno de éxito literario simultáneamente en todos los aspectos (ventas, premios, elogios de críticos competentes y grandes escritores, traducciones, análisis pormenorizados de su asombrosa genialidad, inmediata incorporación al canon de los clásicos estudiados en colegios y universidades, en fin) que la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Incluso antes de su publicación en 1967, los lectores que habían tenido el privilegio de conocerla mientras era compuesta o que degustaron los capítulos adelantados en Mundo Nuevo (París) y Amaru (Lima), ya la consideraban una obra mayor.

Auténtico “boom” dentro del “boom” de la novela hispanoamericana, ha encabezado todas las encuestas realizadas sobre la mejor novela en español del siglo XX. Figura también en recuentos mundiales, verbigracia en el panorama publicado por la revista estadounidense Time.

LA CARETA DEL REALISMO MÁGICO

El problema es que a esta novela única, inimitable en sus frases solares y gracia expresiva por aquellos que la copian con resultados penosamente superficiales (como ocurre con tantos calcos de los estilos únicos de Vallejo o Borges), se le ha cuadriculado dentro del realismo mágico. Se la culpa de la imaginería ornamental y exotista, esquemáticamente identificada con el pueblo enfrentado a la dominación capitalista, de Manuel Scorza, Isabel Allende, Ángeles Mastretta y Laura Esquivel.

El logro de la poderosa imaginación y honda sensibilidad poética de García Márquez (al recibir el premio Nobel en 1982, habló de sus narraciones como poemas) es una síntesis prodigiosa (sin que el lector corriente perciba la complejidad técnica de sus recursos literarios, gracias a una “facilidad” verbal que lo asemeja a Cervantes y Tolstoi) entre la base realista de Cien años de soledad (su familia, sus amistades y la historia de Colombia y América), las creencias realmaravillosas (presentes en los indios y los negros de su maestro Faulkner, también en su admirado Rulfo) y la ruptura de todo realismo (incluyendo el realmaravilloso) a cargo del relato insólito (Kafka) y la literatura fantástica (hace continuas alusiones a Borges). Todo ello con un humor de raíces populares (ahí el magisterio de Rabelais) y comunión con la tradición oral (Arguedas lo comparó con la narradora quechua Carmen Taripha).

Primera edición de Editorial Sudamericana (1967) y edición conmemorativa de la Real Academia Española (2007).
Primera edición de Editorial Sudamericana (1967) y edición conmemorativa de la Real Academia Española (2007).

INFLUENCIA UNIVERSAL

Mencionemos a algunos de los grandes escritores que han asimilado lecciones de Cien años de soledad, y han plasmado obras maestras incorporándolas a su propio universo creador sin sujetarse a las fórmulas del llamado “realismo mágico”: los argentinos Manuel Mujica Láinez (De milagros y melancolías, 1968) y Tomás Eloy Martínez (Santa Evita, 1995), y el chileno José Donoso (Casa de campo, 1978). Entre los peruanos, además de Miguel Gutiérrez (La violencia del tiempo, 1991) y Gregorio Martínez (el Coyungo de sus libros), el mismísimo Mario Vargas Llosa, quien, luego de su formidable ensayo Gabriel García Márquez: historia de un deicidio (1971), abandonó su resistencia sartreana al humor (Pantaleón y las visitadoras (1973) y el melodrama (La tía Julia y el escribidor, 1977), y ahondó en las creencias realmaravillosas (La guerra del fin del mundo, 1981, y El hablador, 1987).

Fuera del ámbito del español: la premio Nobel afronorteamericana Toni Morrison, el premio Nobel turco Ohran Pamuk, el premio Nobel chino Mo Yan, el irreverente indio Salman Rushdie y el fabulador japonés Haruki Murakami, entre otros.

En general, García Márquez encarna la afirmación de las raíces culturales no occidentales, en diálogo enriquecedor con la cultura occidental. Cuestión central de nuestra época.   

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