Edición 2484: Jueves, 20 de Abril de 2017

Volver al Túnel

A 20 años del rescate de los rehenes, polémico periodista Umberto Jara reedita libro Secretos del Túnel. Lima, Perú. 126 días de cautiverio en la residencia del embajador del Japón (Planeta, 2017). 

Umberto Jara se mantiene alejado de la prensa desde hace algún tiempo. En una entrevista con CARETAS cuenta cómo decidió contar la historia de uno de los grupos más sanguinarios en la historia del Perú. Y además, opina sobre temas de actualidad.  “No se trata de algo coyuntural. Es necesario que los estudiantes sepan cómo se originó el MRTA, quiénes fueron sus líderes y cuál era su ideología”, explica.

-¿No incurrió en conflicto de interés al publicar Morir dos veces (Planeta, 2014), investigación sobre la muerte de la cantante Edita Guerrero, y haber sido al mismo tiempo asesor del grupo Sanna?

-No, porque mi trabajo ya había concluido. Acá la prensa dijo que los médicos eran los culpables y al final terminé dándoles una asesoría de cómo debían orientar sus mensajes y cómo hacer frente a todas las mentiras que habían divulgado. Culminado ese trabajo, lo que quedaba era la investigación en sí y es un interés que no me lleva a investigar a la clínica sino al Ministerio Público, que es una de las instituciones más peligrosas que hay en el Perú. Pudo ser Eda Guerrero o Juan Pérez.

Leer: Confesiones de un Sicario 

-Después de haber publicado Historia de dos aventureros (2005), ¿qué piensa de Toledo?  

-Toledo es un personaje de tragicomedia. Trágico porque que un tipo de esa categoría haya llegado a ser presidente es una tragedia para el Perú y cómico por ser el tipo de las frases infelices, el borrachito, el mentiroso. Una muestra es lo que acaba de decir sobre la decodificación de las Líneas de Nazca a cargo de Mark Zuckerberg. Debe haberse equivocado con el Street View de Google porque Facebook con ese tema no tiene nada que ver.

Leer: Pluma Fuerte

-Siendo autor de Ojo por ojo (Norma, 2003), la investigación sobre el grupo Colina en el gobierno de Fujimori, ¿creyó en la nueva postura de Keiko Fujimori?

-Ninguna actividad humana es estática. Aquí en el Perú creemos que todo es inamovible y tenemos esa herencia hispánica de colgar el sambenito de que nadie puede evolucionar ni involucionar. Ella tiene derecho a plantear ese discurso, lo que nosotros como ciudadanos debemos exigir no solo de ella sino de cualquier político son los actos concretos que puedan efectuar a fin de que el país funcione.

-Ella dijo que el fujimorismo tiene experiencia combatiendo el terror y usted ha demostrado que utilizaron métodos poco santos para lograrlo. ¿Eso no le genera dudas?

-Lo que yo investigué fue el caso del grupo Colina, no la historia política del fujimorismo. Las acciones de un grupo como ese deben enmarcarse en lo que fue la lucha contra el terrorismo y sus miembros hoy en día están en prisión purgando una condena que les corresponde. Más allá, si hay un partido que cumple con los requisitos legales, no veo por qué no pueda participar.

-Seguramente al leer este artículo sus colegas dirán con qué derecho habla Umberto Jara de ética periodística si él mismo fue cercano a Montesinos.

-Acá se hace periodismo sin tener ninguna prueba ni nada. Yo no he tenido absolutamente nada que ver (con Montesinos) y la mejor prueba es que soy el autor de la investigación más importante que ha habido sobre el fujimorismo. Yo he sido uno de los testigos fundamentales en el proceso de Fujimori. Eso no dicen los creadores de rumores. Desde el principio he dicho que Hora 20 fue un programa donde mi convicción antitoledista se expresó de manera excesiva y eso hizo que se pensara que estaba haciendo un trabajo pro Fujimori.

-¿Y cuál es su percepción del último gobierno de Alan García?

Creo que íbamos bien hasta que llegó otro aventurero como Ollanta Humala y este país se traba, la economía se frena y eso es porque elegimos a personas que no tienen ningún tipo de calificación ni capacidad para gestionar mínimamente el país.

-¿Cuánto influyó Nadine Heredia en esta situación?

-Nadine, para mí, es un personaje al que habría que entender desde la psicología para tratar de encontrar una explicación. No lo digo en términos peyorativos, pero su capacidad autodestructiva es impresionante.

-¿No hubo en ensañamiento de parte de la prensa contra ella?

-Es interesante. Creo que la raíz de la debacle está en ella, a lo cual se le ha añadido el exceso mediático en su contra. Porque si cierta prensa quiere sostener que ha sido equilibrada, que admita también que ha sido excesivamente dura con ella acusándola de cosas absurdas como haberse comprado chocolates importados.

-¿Pasión o intereses subalternos?

-Es una mezcla de todo. Este es un país donde los periodistas se agraden, insultan y maltratan de una manera bochornosa.

-¿Cómo salir de ese hoyo?

-Empezando porque los dueños y los directores de los medios tengan como un valor supremo no emplear su medio para agredir ni insultar. Y, desde el plano de los periodistas en general, leyendo. Aquella persona que tiene un mínimo de cultura sabe que las ideas se contrastan, no recurre al adjetivo ni al insulto. Acá se hace mucha prensa de rumores porque hacer periodismo de verdad es muy laborioso.

-¿Hay una suerte de proliferación de opinólogos, diría usted?

-Ya lo decía Alberto Vergara en una entrevista que lo más caracterizado que había entre izquierda y derecha en el Perú eran los 50 columnistas que hay en el medio. Este es un país de columnistas, pero sería maravilloso si esos columnistas nos entregaran una idea, una reflexión o un planteamiento original. ¿Qué les preocupa? Que salga su foto u obtener una figuración pública para aprovecharla en otras actividades.

-¿Hemos cambiado los libros de investigación periodística por las recopilaciones de columnas?

-Ese es otro aspecto pernicioso del periodismo peruano: el ego. Escribir un libro es una tarea dura, que requiere de paciencia, muchas horas de trabajo, buscar fuentes, leer. Pero acá todos quieren tener un libro. O entonces juntan columnas, que es lo más fugaz que hay, o ponen su nombre en un libro donde no tuvieron ninguna participación. Ese es el ego, la vanidad. (CP)

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