Edición 2484: Jueves, 20 de Abril de 2017

Amauta Subte

Antropólogo Shane Greene publica Pank y Revolución. 7 interpretaciones de la realidad subterránea (Pesopluma, 2017).

¿Cómo ser subterráneo cuando lo marginal es la norma? ¿A qué oponerse cuando no hay industria? ¿Qué es ser pank o punk peruano? ¿Cómo era el machismo en la movida subte ochentera? ¿Y el racismo? Estas y otras preguntas se hace el antropólogo norteamericano Shane Greene en su libro, previo prólogo de Víctor Vich. Se pre presentará el 27 de abril a las 6 p.m. en la Sala Kuélap del Ministerio de Cultura, en el marco de la Feria del Libro La Independiente. La presentación oficial será el sábado 29 de abril a las 7 p.m. en el Yield Bar de la Plaza San Martín. Algunos invitados estelares junto a la banda El Cuervo Sucio (el grupo de Greene) cerrarán el evento con un concierto gratuito. Más información en www.punkandrevolution.com.

–¿Por qué utilizar la estructura interdisciplinaria de los 7 Ensayos…?

–Porque Mariátegui fue un marxista muy idiosincrático, muy antidogmático. Tomo a Mariátegui como punto de partida e incluso hago una reescritura de dos de sus ensayos clásicos: El problema del indio y El problema de la tierra. No es un diálogo personal con Mariátegui: es un diálogo entre Mariátegui y otros autores como Marx, Debord, Bajtín, Benjamin o Goldman. Todos son intelectuales desadaptados o antiinstitucionales.

–Acá El problema del indio es El problema del pituco. El pecado original del punk peruano: la música llegó de la mano de los sectores más adinerados, de quienes podían traer música de afuera o viajar al extranjero. Un escándalo para algunos.

–Claro. Todos los viejos subtes apuntan a Martín Berninzon de Anarkía a finales de los setenta. Es una cuestión de acceso. Tanto él como ‘Cachorro’ armaron una especie de tienda informal en sus casas donde grababan casetes. Y eso sirvió para difundir la música.

–Lo que llamas “la cultura del casete”: bueno para la grabación y la reproducción. En tu libro insinúas que el Primera Dosis (1985) de Narcosis fue –por su peculiar técnica de grabación– una copia pirata sin original. No hay ‘aura’ de Benjamin.

–Claro, es una sub producción, como digo en el libro. Y los propios actores se encargaron de “piratearlo”. Es “una copia de una copia de una copia”.

338 pp. Editorial Pesopluma.
338 pp. Editorial Pesopluma.

–La autenticidad fue reemplazada por la copia, a lo Baudrillard.

–Y este ‘culto de la copia’ se repite en muchos países. El vinilo es un formato más pituco.

–Y luego Narcosis sale en vinilo. Es como llevar la memorabilia punk a un museo. ¿Qué es lo subte, el medio o el mensaje?

–Está en todo. No hay que caer en la trampa de solo mirar el medio de producción o solo ver lo simbólico. La intención subte es provocar reacciones, irrumpir, interpelar.

–Cuestionas la no existencia de la categoría “mestizopunk”, a pesar de la mayoría mestiza. Si hubo “pitupunks” y “cholopunks” / ”misiopunks”.

–En el Perú el racismo se presenta en formas clasistas y el clasismo se presenta con términos raciales. Casi todos los entrevistados se identificaron como mestizos. Ninguno dijo “soy cholo” o “soy pituco”. Pero luego ves los fanzines y las letras y es todo lo contrario. Ojo que había excepciones como el ‘Boui’, quien tenía fama de parar con todo el mundo a pesar de tener recursos. (CC)

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