André Silva interpreta a ‘Pedro’, un cantante y guitarrista que compone “Triciclo Perú” en la ficción.
André Silva interpreta a ‘Pedro’, un cantante y guitarrista que compone “Triciclo Perú” en la ficción.
Edición 2482: Jueves, 6 de Abril de 2017

Avenida Sin Esquina

Aciertos, errores y horrores de Avenida Larco.

André Silva interpreta a ‘Pedro’, un cantante y guitarrista que compone “Triciclo Perú” en la ficción.
André Silva interpreta a ‘Pedro’, un cantante y guitarrista que compone “Triciclo Perú” en la ficción.

Obviemos por unos minutos los evidentes errores temporales de una película que empieza en 1989 y luego, tras un corte abrupto, salta hasta “5 años después”. En ese universo que vendría a ser 1994 coexisten los apagones, el grill de la Costa Verde, la primera tienda Phantom en Miraflores, una handycam, cochebombas en Lima, el álbum Animal Boy (1986) de The Ramones “que acaba de salir”, el toque de queda y el cajero Ramón (1982) del Banco Continental (elegante product placement).

Luego de dos abruptas coreografías que desentonan con el ritmo de la historia, la escena del primer concierto termina por lograr que la película instaure su propio universo de referencias. Qué importa si los polos de Sumo se mezclan con los de The Psychedelic Furs. La odisea rumbo al segundo concierto, en El Agustino, termina por convencer al cinéfilo más quisquilloso. Un buen entramado de historias paralelas que terminan cantándose al unísono en un mashup de hasta cinco canciones que emula y supera al de Rock of Ages (2012).

A partir de ahí, sin embargo, todo es cuesta abajo. La batida más monse del cine peruano precede un sinnúmero de incongruencias ya no musicales sino narrativas. ¿Un general de la Policía con casa en las Casuarinas (con piscina pero sin grupo electrógeno)? ¿Chicas pitucas que se van solas en un taxi desde El Agustino? ¿Un capitán corrupto que no pide coima ni saca ningún beneficio? Las costuras y los parches ya empezaban a notarse.

Los cuatro integrantes de Astalculo, banda ficticia que toca “Sucio policía” y “Demolición”.
Los cuatro integrantes de Astalculo, banda ficticia que toca “Sucio policía” y “Demolición”.

Es cierto que el filme evita los meandros argumentales de la soporífera obra teatral de tres horas. Pero el problema sigue siendo el mismo: la historia se ha construido con retazos cosidos alrededor de las canciones. Solo eso explica el ritmo errático que avanza dando tumbos hasta el anticlimático final, pleno en humor involuntario.

Rebeca (Mayra Goñi) y Andrés (Juan Carlos Rey de Castro).
Rebeca (Mayra Goñi) y Andrés (Juan Carlos Rey de Castro).

Un final que, discursivamente hablando, se ubica ya en la posguerra y la posdictadura. Porque la multitudinaria marcha final que une a todos los personajes no es la Marcha por la Paz de 1989, una manifestación sobria y temeraria en plena campaña electoral. Es más bien una marcha por la memoria, con velas y fotos de los caídos. Una hábil jugada del director Jorge Carmona: hacer fast forward hasta la retórica de la reconciliación del nuevo siglo. Y evitar tomar postura.

Y es ese, precisamente, el mayor problema de Avenida Larco: su no postura. Su mundo ideal en donde un festival puede pasar de Miraflores a El Agustino y de allí a la Plaza de Acho como si nada. Su burbuja en la que metaleros no se mechan con góticos ni con punks. Avenida Larco idealiza –al igual que cierta prensa nostálgica– a la ‘movida’ ochentera y (aspirante a) subterránea. Acá no hay líos entre ‘pitupunks’ y ‘misiopunks’. No hay broncas de La Gran Horda Metallica del Perú ni una SdM que cante “Púdrete pituco”. En su ecosistema musical no existe el racismo, el clasismo, la misoginia, el machismo ni la homofobia. El ‘mariconeo’ es solo un malentendido entre patas. El ‘choleo’ es solo una tara de la generación mayor, de los policías y el general, de los auspiciadores del concurso (pero no del animador rubio ni de los jóvenes músicos). De haber vivido en la dura Lima de los ochenta, el personaje de Pedro (André Silva) habría tenido algo más que un ojo morado por atreverse a ser cholo, metalero y maricón. 

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