Una demostración de interface computadora-cerebro. (Crédito: Anders Sandberg, lincencia  Creative Commons Attribution 2.0 Generic)
Una demostración de interface computadora-cerebro. (Crédito: Anders Sandberg, lincencia  Creative Commons Attribution 2.0 Generic)
Edición 2481: Sábado, 1 de Abril de 2017

Enchufando Nuestros Cerebros a una Máquina

Escribe: Giuseppe Albatrino| The Wall Street Journal reporta esta semana que el fundador de SpaceX y Tesla Motors, el físico y billonario Elon Musk, ha creado una empresa de investigación médica para estudiar cómo crear enlaces cerebro-máquina.

Una demostración de interface computadora-cerebro. (Crédito: Anders Sandberg, lincencia  Creative Commons Attribution 2.0 Generic)
Una demostración de interface computadora-cerebro. (Crédito: Anders Sandberg, lincencia  Creative Commons Attribution 2.0 Generic)

Gigantes tecnológicos como Amazon, Google, IBM y Microsoft se encuentran a la caza, desde hace algunos años, de especialistas en Inteligencia Artificial. En esta ola de contrataciones se llega a pagar sueldos millonarios, con el propósito de no quedar relegados en esta etapa de la era de la información, que busca potenciar el aprendizaje por parte de las computadoras.

El impacto de estas tecnologías es tan importante que el billonario Elon Musk creó recientemente OpenAI (la parte “AI” se refiere a Inteligencia Artificial, en inglés), una StartUp sin fines de lucro, que ha enrolado a importantes científicos para promover la investigación abierta en este campo. Busca que quienes no puedan pagar millonarias investigaciones, no pierdan los beneficios de los algoritmos que OpenAI compartirá en sus patentes libres y publicaciones.

La noticia de esta semana sobre la fundación de Neuralink, la nueva empresa de Musk, se encuentra en línea con su deseo de que los seres humanos no quedemos relegados frente a las máquinas inteligentes. En una entrevista del año pasado para el portal Recode, muestra su preocupación por cómo quedaríamos las personas frente a una “ultrainteligencia” artificial. Señala que, si bien las computadoras ofrecen información con rapidez, somos lentos en el acceso a ellas, por ejemplo, al tener que digitar, lo cual nos pone en desventaja. La solución sería una conexión directa de nuestros cerebros con los equipos de cómputos.

Este tipo de enlace neuronal no es exclusivo, como podría pensarse, de la ciencia ficción (en su novela 3001: Odisea final Arthur C. Clarke describe una sociedad en dónde todos usan un “casco cerebral”). Desde 1875, año en que Richard Caton detectara impulsos eléctricos en el cerebro de animales, se han colocado electrodos en el cerebro para medir sus ondas y por fin, cien años después, para construir las primeras interfaces no invasivas cerebro-computadora. Mediante una serie de sensores colocados en la cabeza, se captan señales que se interpretan como órdenes para la computadora. Incluso existen aplicaciones comerciales que así ayudan a personas paralizadas para que se comuniquen seleccionando imágenes de un monitor.

Aun así, la meta de Neuralink es mucho más compleja que lo alcanzado hasta el momento leyendo señales del cerebro. Se trata de acceder a sistemas de cómputo mediante el pensamiento, poder consultar directamente bases de datos o la Internet casi al instante, extendiendo el alcance de nuestra materia gris tal como lo hacen los binoculares con nuestros ojos. Hablamos a largo plazo, pero de esta forma minimizaríamos la competencia de las inteligencias artificiales. Neuralink no está sola en esto, algunas universidades e incluso DARPA (la agencia de investigación del departamento de Defensa estadunidense) tienen iniciativas semejantes… Estamos ante un futuro interesante, sin duda. 

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