Natalie Portman es Jackie.
Natalie Portman es Jackie.
Edición 2479: Jueves, 16 de Marzo de 2017

JBK

Jackie de Pablo Larraín.

Natalie Portman es Jackie.
Natalie Portman es Jackie.

El director de El club y Neruda se acerca al mito de Jacqueline Bouvier, conocida como Jackie Kennedy. Pablo Larraín recrea, a la manera de un caleidoscopio, tres días en la vida de Jackie: los que siguieron al crimen de Dallas.

Jackie puede verse como una biografía acotada en el tiempo, como la descripción de un luto profundo, como la crónica de los preparativos de un sepelio cuya magnífica severidad solo podía encontrar equivalente en el cortejo fúnebre que acompañó a Lincoln, como el retrato de una mujer tocada por el dolor de una muerte cercana e inesperada. Puede verse también como un documento sobre la performance de Natalie Portman desdoblada en una Jackie pública, hablando para la televisión con afectación aristocrática, y la Jackie privada, la viuda joven, con el vestido rosa aún marcado por la sangre de su marido, que construye y desmantela el mito de Camelot a orillas del Potomac.

Jackie puede verse de muchas maneras, pero la más interesante es la que proviene de la mirada extranjera del chileno Larraín. No filma un ‘biopic’ a la manera de Hollywood, ni reconstruye el itinerario final del Presidente, ni jala los hilos de las teorías de los complots que han sustentado tantas ficciones sobre este asunto. Larraín refleja a Jacqueline Kennedy en el espejo trizado de la leyenda, de esa narrativa imperial que nos llegó a través de las fotos de la revista Life y los reportajes de la televisión de la época. Espejo que se quiebra como el cráneo del Presidente y que resulta imposible de recomponer.

En esta película –la mejor de Larraín, de lejos– la interrogante central e insoluble gira en torno al lugar que ocupa la ‘verdad’ en la construcción del mito. La entrevista de Jacqueline que estructura la acción renueva el aserto que proclama la primacía de la ficción sobre la ‘verdad’ en la construcción de un buen titular periodístico. La Jackie de Larraín es tan impenetrable como el Ciudadano Kane: sus misterios no pueden resumirse en los sentidos de sendos vocablos. Ni Rosebud, ni Camelot. (Ricardo Bedoya)

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