“Los muertos son un tema en Latinoamérica”, dice sobre Mis viajes a cementerios (Galerna, 2013).
“Los muertos son un tema en Latinoamérica”, dice sobre Mis viajes a cementerios (Galerna, 2013).
Edición 2475: Jueves, 16 de Febrero de 2017

Exorcismo Literario

Por: Nilton Torres Varillas| Escritora Mariana Enríquez reinventa el género fantástico argentino.

“Los muertos son un tema en Latinoamérica”, dice sobre Mis viajes a cementerios (Galerna, 2013).
“Los muertos son un tema en Latinoamérica”, dice sobre Mis viajes a cementerios (Galerna, 2013).

Mariana Enríquez escribe historias de terror. Lo dice sin pudor. Para ella el fantástico no es un género de entretenimiento o de iniciación en la literatura, sino más bien un género en mayúsculas. Para la escritora y periodista argentina, el 2016 fue el año en el que su trabajo literario se disparó a nivel internacional. Anagrama publicó Las cosas que perdimos en el fuego y los doce cuentos que conforman el libro atrajeron la atención de editoriales de veinte países. La prestigiosa revista The New Yorker publicó, en diciembre, uno de los relatos de ese mismo libro (Tela de araña), que además acaba de ganar el premio Ciudad de Barcelona. El mismo galardón que su compatriota Ricardo Piglia –fallecido en enero de este año– ganó el año pasado.

El 2017 también promete. Los peligros de fumar en la cama –editado originalmente en Argentina en el 2009–  acaba de ser lanzado al mercado iberoamericano por la misma Anagrama, que además publicará La hermana menor, el perfil que Enríquez escribió sobre la poeta Silvina Ocampo.

La obra de Enríquez  empieza a sonar fuerte internacionalmente 22 años después de su primera novela (Bajar es lo peor, 1995), y a través de relatos habitados por seres imposibles.

“Argentina es un país que creó fantasmas como política de estado. Yo nací a fines del 73, tenía con la dictadura dos o tres años, así que al mismo tiempo que descubrí los cuentos de miedo como algo juguetón, lo que estaba ocurriendo en la calle era un miedo absolutamente real. Por edad, por formación y por lecturas, necesariamente había que hablar de esa época de otra manera. Tengo compañeros de generación que son los hijos de los desaparecidos. Están haciendo cine, escriben, hacen teatro. Se puede hablar de la dictadura desde otro lugar. Como síntoma, el fantasma en sí es como el pasado que se ve obligado a repetirse, que no se va y es difícil de exorcizar. No es que sea malo, es que es el pasado en el presente, que sigue ocurriendo. La dictadura argentina sigue ocurriendo de muchas maneras, porque está en el discurso, se habla del tema. Sigue ocurriendo porque hay víctimas vivas que no conocen su identidad, como los chicos robados.

–En el cuento Chicos robados los niños desaparecidos reaparecen, aunque no son los mismos.

–Nunca había imaginado un cuento pensando en esos chicos recuperados. Y una amiga me lo tuvo que hacer ver. Yo le dije que había recuperado un mito irlandés del niño robado por las hadas que ponen a otro en su lugar. Mi amiga me dijo: “mi hermano fue eso, un niño que se fue y volvió otro”. Me di cuenta de cómo funciona en mi inconsciente todo eso que vivimos.

–¿Una memoria colectiva en la que el miedo está de forma inconsciente?

–Sí. Como en el Perú y Sendero Luminoso, por ejemplo. Cuando estuve en el Hay Festival de Arequipa una noche hubo un apagón. En la cara de los limeños vi un tipo de terror que identifiqué como el trauma. Y ese trauma vuelve.

–El 2014 publicaste La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo.

–Silvina Ocampo fue una biografía que me pidió Leila Guerriero. Yo era fan de Silvina pero no la había estudiado mucho. Ella fue una mujer desprejuiciada y lo pudo ser porque al ser mujer de Bioy Casares, y este era gran amigo de Borges, ella podía hacer lo que quisiera. Sus cuentos son una locura. Es una marciana. Es mucho más arriesgada que yo. Hay cuentos de Silvina que Borges odiaba y le decía “no lo publiqués”. Hay un cuento en el que ella se enamora de su perro y se acuesta con su perro. Es una bestialidad total. Y es de los años 50.

–¿Stephen King sigue siendo tu gran maestro?

–Sí, pero hay los que dejaron de serlo, como Lovecraft, que me aburrió. Me sigue gustando como creador de mitos pero ya no lo puedo leer. Al que redescubrí fue a Bradbury. Lo leí muy de chica, creí que era parte del pasado, pero cuando lo volví a leer encontré ternura y un amor por los personajes. También leo a los contemporáneos. Me gusta Kelly Link, soy fan. Me gusta mucho Neil Gaiman. También me gusta Shirley Jackson, a quien descubrí hace tiempo porque Stephen King le dedicaba sus libros.

–¿La literatura fantástica ya no es un género menor?

–Para mí no. La calificación de “género menor” tiene más que ver con dos cosas. Una es que “género popular” es lo que le gusta a la gente, y algunos de los que se dedican a la literatura aún tienen ese rechazo a lo popular, a lo que le gusta a la gente. Para ellos es como bajar de nivel. Esa es una mirada anticuada. Para mí es un género potente, un género central.