Edición 2458: Jueves, 13 de Octubre de 2016

El Fuego Múltiple

Por: Ricardo González Vigil | Crítica al segundo libro de cuentos de Alexis Iparraguirre.

Con su primer libro (El inventario de las naves, Premio de Narrativa PUCP 2005), Alexis Iparraguirre (Lima, 1974) se situó entre los mejores cuentistas de su generación.

Más admirable todavía, El fuego de las multitudes (Emecé, 2016, 144 pp) contiene tres cuentos y una nouvelle tan magistrales como diversos en textura y temática: “Albedo”, de estirpe romántico-simbolista, sobre la aniquiladora visión de la belleza. “No es fábula”, un relato satírico sobre los enredos del mundo académico en contraste con la “enfermedad de la poesía” que sacude más allá de teorías y metodologías establecidas. “Demonio atómico”, una indagación (de ritmo envolvente) sobre el baile y la música (la salsa, específicamente) como un salto a la otra orilla. Y “Punto ciego”, una distopía (utopía negativa ambientada en el futuro) que desnuda los tentáculos oscuros (antítesis de la blancura estética del primer cuento del volumen) de la dominación política.

El título del libro proviene de “Punto ciego”, aplicado allí literalmente a “Las masas” (p. 72) que “encienden hogueras” (p. 82). En los otros textos las multitudes existen al interior del individuo, registradas por los poemas de Whitman y Vallejo (“No es fabula”); o en la apertura indeterminada de la música y el baile (“Demonio atómico”: se “rompe la cuadrícula creando un mundo distinto a cada paso con sus múltiples y efímeros centros de gravedad”, p. 68). Y, en el caso de “Albedo”, la blancura es la plenitud polícroma acentuada por las “superficies reflejantes” de un glaciar (p. 26).

Loading...