Edición 2591: Jueves, 23 de Mayo de 2019

¿Colegio… de Qué?

Por: Lorena Tudela Loveday |

Pucha, cholita, yo soy socia del Golf porque me queda frente a la casa y si quiero cruzo la pista y voy en pijama a comer sus huevos a la rabona, que son únicos en Lima. Mi papi y mis hermanos son socios del Club Nacional porque si no cómo, yo sé que tú me entiendes y a pesar de que mis tíos que están en la directiva son unos machistas horrorosos que no dejan entrar a mujeres solas al comedor, pucha, con tal de clavarme una sábana de pallares con apanado y después los limones rellenos que vienen envueltos en papel dorado, soy capaz de renunciar a mi más enraizada convicción feminista. Pero qué importa, la vida es como un caracol, anda despacio pero con concha. Bueno, pero hasta ahí llego. No sería socia del Regatas ni con el búfalo Pacheco detrás con una cachiporra. O sea, ¿tú te imaginas estar en un sitio frente al mar donde no cabe un alfiler, donde todas las mujeres son por afuera y por adentro como Lourdes Flores, y donde los hombres por adentro y por afuera como  Ántero Flores Aráoz? No, querida, yo no me he quedado en el mundo para eso, y bueno, hago extensiva mi fobia a los clubes, al de Villa, al Terrazas y a todos esos sitios bien terraja, como se dice en Uruguay, que se dispersan por Chosica y en las costas del sur. Tú sabes que yo soy íntima de Antenor, que es bien íntegro, pero no sale al parque porque se come el pasto.  Bueno, él además de ser el autor del celebérrimo “no le pidas peras al horno”, tiene la firme intención de no pertenecer a ninguno de esos clubes, “porque, China, o sea, yo no tengo cara de miembro”. A ver, yo tampoco, ¿ya?, por eso la posibilidad de que se apruebe ese proyecto de ley que crea el Colegio de Politólogos cómo te explico que me saca bubas en las partes húmedas del cuerpo. Si yo he escogido ser psicoanalista es justamente porque pucha, un Colegio de Psicoanalistas sería inviable porque en las reuniones nos la pasaríamos haciéndonos interpretaciones entre nosotros y la verdad que yo ya estoy haaaaaarta de que me digan que tengo envidia del pene, cómo te explico que he pagado por treinta años para eso y no para que después los colegas vengan a hincharme las bolas con el mismo cuento. ¿Colegio de Politólogos, pero en qué cabeza cabe eso? O sea, si los congresistas quieren opinar de política que lo hagan, como que lo hacen, y se aplaudan entre ellos como lobos marinos anfetaminizados, es su asunto. Pero por el amor del cielo, ¿tú te imaginas que yo, Mirko, Augusto, Guti, Tola, Tafur, Gustavo, Dargent, Salinas y otros regios más tengamos que juntarnos con sabe dios pues, hija, compartiendo carnet, pagando cuota, votando en unas elecciones chirimpicas y sobre todo, pucha, yendo a almuerzos de camaradería? Mira, todo lo anterior lo podría aguantar pero, cholita, lo de los almuerzos, ni muerta. No me quiero ni imaginar una mesa gigante en U, en el salón de algún club provincial alquilado, empezando el brindis con un pisco sour de esos que al día siguiente te mete a la banda del Colegio Militar Leoncio Prado entre las orejas, para luego tener que trambucharte un cebichito de cabrilla congelada lleno de cebolla roja y una cantidad tal de ají que tienes que ir volando al baño a regresarlo y no hay toalla de manos sino uno de esos aparatos que echan aire caliente y que siempre están malogrados? Ni loca. Y el segundo, agárrate, seco con frijoles, como para regresar en moto a tu casa si es que no te quedas al postre, que no pasa de gelatina con esos duraznos al jugo chileno que mi mami le regalaba al servicio en Navidad para que estuvieran contentos. Stop, que eso no va conmigo. Es que seguro, como ya a los congresistas no los van a reelegir, se están creando sus chambas para el futuro y si ese proyecto progresa, pues tendrás a insignes colegiados como Becerril, la Vilcatoma, la Chacón, la bella ciao de Alcorta y otros especímenes que felizmente he olvidado, pucha, llenando con sus columnas los periódicos de Lima, que a pesar de todo hasta ahora conservan su decencia gracias a que la mayoría –insisto, la mayoría– de sus columnistas son GCU y punto. Esto no es opinable, ¿te queda claro? Regio, ¿no? Chau, chau.