Edición 2589: Jueves, 9 de Mayo de 2019

¡Ya Viene mi Pela!

Ya está decidido, cholita, voy a hacer mi película, con mi guion, mi dirección y mi actuación protagónica, o sea, además del vestuario, la dirección de arte, la iluminación y obvio, la edición y musicalización, porque déjame decirte que si dejas alguna de esas tareas en manos de nuestros esforzados cineastas  pero tan carentes de mundo, pucha, te sale el típico dramón del idilio imposible entre el cabo y la terruca, pucha, la remanida caviarada para hacer quedar mal a los pobres militares, que no son precisamente los seguidores de Jean Cocteau, pero hacen lo que pueden, ¿no te parece? Te explico, tomé la decisión luego de que mi amigo Thierry de la Falaise me llamara la otra noche a contarme que con su novio Miou Moiou se habían aventurado a entrar a una proyección de cine peruano en un festival que hay todos los años en París y sabe dios pues, hija. La cosa es que les ligó una película que al decir de Thierry, “Cela m’a fait comprendre que le Pérou est en Australie”, y todo porque la película estaba toda en aymara, hija, pero qué tal desatino, si lo que se quiere es dar una buena imagen del Perú, moderna y atractiva, pucha, no puedes caer en la etnohistoria de esa manera, ¿no te parece? En lo que a mí respecta, y recurriendo a la pluralidad existencial que lleva a cineastas nuestros a filmar en lengua aborígenes, mi película entera va a ser en francés, ¿o es que tú no nos concedes el mismo derecho a expresarnos en nuestra lengua favorita a los que no andamos con ojotas y maskaypacha, a ver dime? Había inicialmente pensado en ponerle un título bien marketero como Le cul avec peur, pero después cambié de idea, chola, tú sabes que yo no necesito apelar a las reglas del mercado cuando estas te llevan a la vulgaridad, ag. Entonces me tienes ahora busca que te busca el título que corresponda a un argumento que paso, o sea, a sintetizarte. Claudine es una regia de cincuenta y pico que por razones que tienen que ver con la masonería y el proceso contra Dreyfuss, pucha, termina naciendo en Lima, en los años sesenta, en una familia bastante feliz compuesta por el marsellés Jean Philippe y la arequipeña Rosa Fernanda de Cereceda y Marcó del Pont, dueña de una hacienda que empezaba en la Plaza de Armas de Arequipa y terminaba en la Plaza de Armas de Salta, en los Andes argentinos, para que veas lo nacionalista que era la dama. Claudine tiene dos hermanas que la verdad son tan opacas que no se integran a la historia. El asunto comienza cuando la protagonista vuelve a Lima a inicio de los ochenta luego de haber estudiado charm en Laussanne, Ciencias Políticas en La Sorbonne y Física Cuántica en Departament de Didàctica de les Ciències Experimentals i Socials. De la Universitat de Valencia. Pucha, regresó regia, segura, empoderada, dueña de sí misma pero con el corazón vacío. En Europa no había podido encontrar al hombre (o a la mujer, para el caso es lo mismo), que llenara sus expectativas, que en realidad son bien especiales, porque Claudine muere por los cholos buenmozones, esos que sin preguntar te llevan a su colchón de pueblo joven y te hacen sentir lo que de telúrico le queda a este planeta de mierda. Bueno, te la hago breve, además que no quiero spoilarte. En una fiesta en la casa de Osma de pronto sus ojos se encuentran con los de un mozo que cargaba una bandeja llena de hors de’euvre (obvio, de Marisa) y allí empezó su tragedia porque a la hora que Claudine se retiraba de la fiesta, pucha, encuentra junto a su carro al muchácho ya con ropa normal y simplemente cae privada. Desde ese momento el Kitharinton Cutipa y Claudine se enredaron en uno de esos amores que en Francia califican como l’un aime et l’autre fait mal (para decirlo con elegancia), que puso patas arriba a la sociedad limeña. Pero lo peor vino cuando una noche Kitharinton sale disparado del colchón en el que dormía como un perezoso Claudine, y no aparece sino tres meses después, pucha, metido en una jaula y con traje a rayas. Cómo te explico que ya puedes imaginarte lo que había pasado, ¿no? En fin, te dejo porque tengo una cita con una productora francesa que mueeeere por empezar, pero mueeeere. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)