Edición 2584: Jueves, 4 de Abril de 2019

¡Pucha, la Modernidad!

Por: Lorena Tudela Loveday |

Qué te crees, doña Jessykah’s Jesseniah’s se me sentó en la sala –ni siquiera en el family room– y con taza de té en la mano, me encaró: “Señorita China, necesito que me aumente porque todo está en las nubes; pero además que me instale therma en lugar del calentador eléctrico porque el otro día me pasó corriente y casi salgo calata hasta la avenida El Golf y ya la hubiera querido ver a usted correteándome con una toalla para envolverme”. Chola, mi primera reacción fue académica, pensé, esto en sociología sí que es nuevo, nunca se ha visto –ni previsto– que un proletario que ha mejorado un montón sus condiciones de vida, pucha, quiera más. Eso, al menos en las teorías que aprendí en mis cursos libres en la Católica, donde me aburría como una almeja con Rivotril, pucha, correspondía con la actitud del capitalista, que como te imaginarás, pucha, siempre quiere sacarle un poquito más a la plusvalía, porque para eso está en el mundo, ¿no, Roque? Mi segunda reacción ya no fue tan académica, “oye, hijita, estás ganando súper bien, haces y deshaces con lo que hay en la refrigeradora, la congeladora, la despensa y hasta en la bodega de vinos; trabajas tres horas al día y esto es, tienes un día y medio de salida, comes lo mismo que yo y en fin, cómo te explico que estás un poco desubicada”. ¿Sabes tú lo que me respondió la insurrecta? Te mueres: “Muy bien, señorita China, si hemos llegado a este punto me puedo considerar despedida. He hecho las cuentas y por veinte años de trabajo con usted me corresponden de liquidación cuarenta mil soles, o si prefiere, 12,000 dólares. Ahora mismo le paso por guasap mi CCI para que me haga el depósito”. Se levantó y se fue, canturreando un reguetón que decía más o menos, “a la vieja dale por el tubo, pero bien duro, por el tubo”. Bueno, cómo te explico que me quedé en una pieza y más todavía cuando agarro el periódico y me entero de que los comuneros protestones de Las Bambas no son esos andinos maravillosos con sus ropitas folclóricas tradicionales, que te dicen mamita y te regalan un quesito que va de frente al tacho porque huele a pila. No, pucha, andan ellos en buzo, ellas también, tienen camionetas Hi Lux, viajan en avión y ven Netflix. Entonces, salvo ciertos rasgos antropológicos que no son pertinentes –como los que tú ya sabes pero no puedo mencionar porque los buenistas son capaces de ponerme una multa por discriminar– ¿en qué se diferencia esa gente de mí o de Jaime que, pucha, por derecho propio estamos donde estamos, tenemos más educación, nos movemos regio en el mundo y hacemos horrores de cosas por el Perú? El mundo al revés, chola. O sea, yo entiendo una protesta, pero pacífica, sin tomar carreteras y creo que serían regias con velas y cantando temas de Joan Baez, en el caso de gente súper pobre que no tiene ni para el té porque bueno, el mercado a veces falla y hay que conceder. Por eso hacemos las cenas y los desfiles de modas en favor de algunas de esas poblaciones miserables pero eso sí, nada de insurrecciones. Pero, mi reina, protestones de 4 x 4, dónde se ha visto. Además, pucha, ellos deberían agradecer que se les haya reubicado en una ciudad regia que tiene tres iglesias, canchas deportivas, unas casitas súper nice y solo falta un hotel con sauna para que parezca del todo moderna y civilizada, y no andar quejándose por una carretera por la que pasan 125 camiones al día cargados de mineral. Yo les propongo imaginar lo que sería que fueran trescientos camiones, a ver si se tranquilizan. Bueno, al final negocié con la Jessy, le aumenté algo y le puse agua de therma. Ella se cagó de risa en mi cara y se burló de mí de la peor manera: “modernidad, señorita China, Modernidad”. Ay, estoy incomodísima, desasosegada e insomne, pero no hay nada que no se arregle con una quetipina con su gin. Regio, ¿no? Chau, chau.