Edición 2580: Jueves, 7 de Marzo de 2019

A mí Con Calenturas de Whatsapp

Por: Lorena Tudela Loveday |

No te voy a decir que al fin había encontrado la oportunidad de rehacer mi vida porque primero, mi vida nunca se deshizo y segundo que si tuviera que restaurarla, pucha, no dependería para ello de un caballero con todo y pelotas, porque yo solita hago y deshago conmigo, con mis amigos y con la sociedad entera si se me cruza la idea entre ceja y ceja. De modo que el affaire que estaba empezando con Ramón XYZ más que un Soldimix era una fontana de fluidos para qué, bien copiosa, cosa que me gustó mucho desde la primera vez que lo hicimos, en la repostería de la casa de Maritú Tudela en Totoras, yo encima de la tabla de amasar igual que en El cartero llama dos veces, solo que bueno, terminé con un cernidor en la cabeza y él con el pelo blanco de los polvos Royal, pero qué tanto si lo mejor estaba en su punto. Regio, desde ahí, como el caballero también tiene casa en la misma yapla, pucha, nos veíamos con una frecuencia te diré que excesiva para sus sesenta y un poco también para mis cincuenta. Pero nada, parecía que algún OVNI de esos que andan por Chilca nos había lanzado una luz de energía kundalini pero no sabes de qué calibre. Todo súper hasta que una tarde, después de la siesta, pucha, yo con las piernas temblando y él en la ducha a la que había llegado llevándose la sábana pegada sin darse cuenta, pucha, veo que su IPhone o como se llame, estaba ahí tirado sobre la cama y sin clave. Pucha, se me salió la tía Teté que llevo adentro, chola, que le olía las axilas de las camisas al marido a ver si detectaba el aroma marino de alguna otra damisela, y agarré el aparato. O sea, entré al Messenger y encontré un diálogo que el cabrón ese que se estaba frotando la panza con mi jabón de rosas de Bulgaria, sostenía con una fámula seguro de shorts deshilachados y laceado marroquí. Él le escribía, “amiguita, ¿ya estás metida en la camita?” Y la amiguita, “Siiii… ¿por?” “Es que me acuerdo de tu delantera y me pongo oso”. Amiguita: “¡Oye, no!”. Ramón: “¿Tan seca me contestas? Solo muéstrame las delanteras…” Señorita: “Me estás faltando el respeto y eso se paga”. Él: “¿Ah si? ¿Cuánto?”. Damisela: “¡Te cagaste, te voy a denunciar por acoso y vas a perder la chamba, a la espantosa mujer que tienes y a los horribles hijos que ella te ha dado”. Y se fue. Cholita, casi me ampaya el tipejo ese cuando regresó del baño cantando “Se va el caimán, se va el caimán….”, sabrá dios qué emociones caribeñas se le habían desatado bajo el chorro. “Chinita, un Bellini bien helado y a buscar a los amigos para la timba”. Me lo quedé mirando con los ojos que le debe haber puesto Liz Taylor a Richard Burton cuando lo encontró dentro de la tina vacía en plena chubichanga con Ava Garder, los dos en una turca que parecía importada de la Capadoccia. Agarré su asquerosa ropa y se la tiré encima, le lancé los lentes con fuerza contra la joya de la familia y bien hecho que se le cerró una de las patitas donde ya te imaginas y comenzó a gritar como un chancho al que llevan al matadero. “Lárgate de acá, impresentable viejo verde, no quiero verte más, pero ni siquiera cruzando el malecón porque si se trata de privatizar el de mi frente para que no pases por ahí, pucha, mañana me lo compro. Fuera de acá, cucaracha de grifo, rata de colector, alimaña de agua servida!” Hija, el muy idiota se dio cuenta de que yo había estado revisando el teléfono y calladito, con el tiempo apenas para ponerse las bermudas, salió hecho un alma en pena y no lo he vuelto a ver más. Después me enteré que la amiguita lo había denunciado y que estaba con prisión preventiva en la misma celda con un violador que según dicen, atraca con todo lo que se mueve. Me parece maravilloso, ¿a ti no? Regio, ¿no? Chau, chau.