Edición 2579: Jueves, 28 de Febrero de 2019

Algo Flotaba en mi Piscina

Por: Lorena Tudela Loveday |

Bueno, cholita, creo que llegó el momento, ¿no? Ya hablé con madame Phillipart, mi contadora de París para que vaya viendo cómo es la moña de mis impuestos franceses, y una vez zanjado ese temita, pucha, empezar a adecuar el departamento del Marais para trasladarme allá y que la muerte me agarre mirando los techos color pizarra de París en octubre. Es que no sabes, lo que me ha pasado hace una semana en Totoras, o seguro que ya lo sabes porque el chisme ha corrido como reguero de pólvora en una sociedad como la nuestra que en fin, no tiene remedio, y como dice Antenor, “no le puedes pedir peras al horno”. Mira, yo tengo una sobrina, Anunziata, hija de mi hermana Ana Tere, que nadie sabe muy bien por qué nació amarcigada, trinchuda y fea como un sapo con la regla, no sabes. Y lo peor es que en contra de todas nuestras predicciones de que con los días habría de mejorar, nada, se iba poniendo peor y claro, con los años a la pobre chica no le quedó otra que volverse izquierdista, porque si no mírales las caras nomás, se salva Marisita y para de contar porque la Vero parece que se hubiera comido a la facción del cura Arana, cómo se ha descuidado tanto, ella que habla regio francés y quechua, cómo te explico. La cosa es que estábamos a punto de almorzar yo y mis amigos en la terraza de Totoras el domingo cuando se aparece Anunziata –dieciocho años, contrahecha, piernas de patizamba como las de Alan García, bigote y encima bizca, acompañada de un noviete, ¡dios!, un híbrido entre Melcochita y Sammy Davies que yo no entendí cómo era que lo habían dejado entrar a la playa; después me enteré que es mexicano, de una familia regia pero que también nació horrible, ¿ves la estadística lo que te dice? Bueno, muy educados saludaron a todos con un chaucito con la mano y se metieron a la piscina porque según dijeron, pucha, se ahogaban de calor. Yo ya me desentendí del drama de tener que aguantar que ese par de mostrencos con olor a ala y ropa de tienda hindú de dos por medio, se pusieran a retozar en mi piscina, es que tenía que atender a mi gente  y encima pasarla bien. Como una hora más tarde, cuando estábamos con los postres de frutos del campo y cava ultra seco, la parejita salió del agua y despidiéndose con el mismo chaucito, se mandaron mudar. Respiré aliviada y recuperé la serenidad hasta que tuvo que ser la maldita de la Maripí Pinillos la que dio el grito de alarma: “¡China, hay un mojón flotando en tu piscina!”. Hija, luego de darme cuenta de que no era broma del horror me vino un prolapso severo y me tuvieron que traer a la Delgado de emergencia en avioneta, con reserva de helicóptero en caso hubiera sido necesario llevarme a Houston. Felizmente todo se me pasó cuando me enteré de que Anunziata y su lumpen proletario les habían hecho en Totoras la misma cochinada a Maritú, a Pocotón, a Toffee, a Maridé y a unos diplomáticos belgas que tienen una casa regia hacia la curva del sur. Chola, después supe de que esa moda de ir a las piscinas y cagarse adentro es la forma de protesta contra el sistema más radical que el mundo joven resentido e insurrecto ha encontrado en esta etapa del fin de la historia, ya que no les ha funcionado ni la guerrilla, ni los bombazos y mucho menos el simio de Maduro, y entonces, pucha, a destruir la moral de la gente decente dejando flotar sus soretes apestosos en piscinas que tanta plata nos cuesta mantener limpias. Por eso, cholita, a París, donde no creo que ocurra nada semejante, menos en el club al que yo voy, hija, totalmente prohibido para árabes, o para ciertos árabes mejor dicho. Regio, ¿no? Chau, chau.