Edición 2555: Jueves, 6 de Septiembre de 2018

¡En Palo Alto Con Los Choledos!

Por: Lorena Tudela Loveday |

Ay, cholita, tuve que ir a ver a mi hermana Ana Luisa a Palo Alto, en California, y la verdad que no tenía la menor gana porque yo no soy de las soleadas west coast sino todo lo opuesto, mi ánimo es oscuro y misterioso como un sótano neoyorkino, pero qué remedio, la Ana Luisa había recaído con el trago, hija, y cuando eso pasa, agárrate, que Estados Unidos es capaz de romper relaciones con el Perú ante lo indeseable de su gente, y todo porque pucha, ella era una señora regia en Lima, casadísima con un de la Borda y todo, hasta que una tarde llegó a su casa sin avisar y al maridete lo encontró ensartado con el guachimán y lógico, por menos te das a la vodka, pero en fin. La visité, conversamos, nos emborrachamos como cosacas de duelo y un día le dije para ir a comer al Greens, que es regio, chola, a pesar de que a la comida francesa estos gringos corronchos le meten cátchup y esos choclitos de conserva que a mí me dejan ciega del disgusto. Pero había que distraerse así que nos fuimos. Todo muy rico, todo muy fino, nos sentamos, le saqué la copa de vino a mi hermanita y la obligué a tomar extracto de arándanos, que tiene el mismo color. Y en esas estábamos cuando de pronto levanto la vista y en una mesa cercana adivina quién. Primero, vi unos pelos rojos, marchitos, casposos y horquillados que enmarcaban una cara que te lo juro, ni lo que me hacen tomar cuando me hago examen de glucosa en ayunas me pone algo igual. “¡La Carrot!, le dije a Ana Luisa, “tápame porque si me reconoce es capaz de venir a darme de cachetadas”. Mi hermana sacó una pashmina de la cartera y me la enrolló en la cabeza, “fíngete musulmana”, y en efecto, me disimulé bien y hasta adopté una forma de hablar para confundir del todo a la colorada. “Na ma gasta al asaita de olava, na astá la suficiantamanta tratada”, le decía a Ana Luisa y cosas así. Pero claro, al lado de la Diabla Incontinente contrastaba ya tú sabes quién, con un terno verde petróleo que daba naúseas, la corbata floja y una curda encima, chola, de alquilar balcones. Con decirte que casi no lo dejan entrar hasta que se apareció el gerente y bueno. Pero qué crees que hizo…¡se puso a orinar en el macetero de una palmera! Unas gringas viejas, borrachísimas y millonarísimas que estaban al lado comentaban, “Oh Maddy, If that is the size of the bird of the Aztecs, I prefer a good vulture of my Red Skins”. Bueno, se sentaron y él quetejedi solo pidió su whiscacho y la Carrot una lechuga sin aliño y punto, “Odio comerrrg”, gritaba, como si una le hubiese preguntado. Cholita, de pronto de otra mesa se para un muchacho con una cámara de video, se acerca al Cholitranco y le empieza a preguntar por sus procesos en el Perú. Pucha, qué vergüenza, casi muero porque el Cuy Cosmopolita se paró como mordido por un alacrán de Cabana y se le tiró encima al chico, que encima de todo por el acento pitudo descubrimos que era chileno. Pucha, en ese descuido, Ana Luisa se pidió dos martinis y se los clavó sin respirar uno tras otro y comenzó a bailar sola entre las mesas una versión de Fly me to the Moon que sabe dios a qué la haría acordar. Yo, de musulmana, la Carrot hecha una Erinia contra el chileno, el Cholifaz con todo el fuego de los apus afuera, Ana Luisa moviéndose como Josephine Baker, imagínate el numerito. Pero el Cholotrón siguió contra el camarógrafo porque este le preguntó sobre Odebrecht y ahí saltó también la Tronada Belga (de la que ya sabemos que en su juventud lavaba la ropa en el río Mosa, de ahí sus modales), y pucha, se armó la de los hermanos Marx en el ascensor, no te imaginas, y peor cuando mi hermana me pisó el velo y quedé yo regia al descubierto y la Madame Follie me reconoció y empezó a gritar, “!Esa debe mogiggg, yo la mato, pásenme el cuchillo de las carnes que no se me escapa esta pituquita migaflorina”. Ana Luisa escuchó y la corrigió, “de San Isidro, para que lo sepa”, y fue ahí que salimos corriendo y bueno, no arranqué a mi hermana de las garras del alcohol pero al menos  nos libramos de las garras de la Naranja Automática. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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