Edición 2554: Miércoles, 29 de Agosto de 2018

Pucha, yo de Albabetizadora

Por: Lorena Tudela Loveday |

Pucha, cholita, la semana pasada se murió de un infarto la Maridé de la Fuente, menor que yo aunque parecía mi abuelita, pobre. Felizmente que no sufrió, estaba comiendo en La Huaca con su amante cuando apareció la esposa del modelón y de la impresión mi compañera de colegio se cayó al suelo con silla, mesa, champagne, tabule y el coño de la Bernarda, y por más que de ahí se la llevaron al aeropuerto para trasladarla a la clínica Mayo en la avioneta del marido, mi querida amiga, como dicen los reporteros de la tele, llegó cadáver. Bueno, esa historia me ha hecho reflexionar horrores acerca de la precariedad de nuestras vidas, pero sobre todo, la urgencia de ser más discreta con tu machucante, hija, porque si las cosas siguen así, pucha, mis amigas van a terminar por llenar el columbario del Carmelitas, yo sé que tú me entiendes. Pero bueno, hice como parte de la crisis una evaluación de mi vida y decidí que yo he recibido todo, pero todo y más y que ahora me toca dar, aunque te voy a decir que también he dado una barbaridad pero low profile, a mí no me vengan con desfiles de moda de caridad para los huerfanitos de Chuchubamba. Ya, decidí hacer un voluntariado y así, llamando por acá, escribiendo por allá, me dieron el encargo de alfabetizar a una congresista que se llama parecido a la chica que trabaja en mi casa, Jessikah´s, qué coincidencia, ¿no? Mira, yo decidí tomar el encargo como vocación de servicio, completamente despolitizada y sin que me importe que la analfabeta en mención hubiera puesto en su hoja de vida que tenía secundaria, condiscípulos, maestros y certificados, pero todo en su febril imaginación porque la verdad sea dicha, lo único que realmente detecté que tenía era una porción generosa de guano de las islas entre las sienes. Pero chola, voluntariado es voluntariado y tienes que atracar con lo que hay. La primera vez que vino a mi casa lógicamente la hice entrar por la cocina. Tenía puesto un modelito de Saga cuatro tallas menos, hija, de modo que el tafanario que exhibía podría haber sido usado como una mesa de burako en otras circunstancias. La pelambrera al viento como la de una gitanilla con furor, unas sandalias doradas taco quince… ¡con medias! Y en fin, para ponerle el No Va, pero en letras góticas. Se presentó con un cuaderno Loro, un lápiz, tajador y borrador. Muda se sentó en la mesa de la cocina de lo más agestada  y yo saqué un viejo ejemplar de Coquito que pedí prestado en la biblioteca de la municipalidad de San isidro. Le pregunté cuánto sabía de lectoescritura y me contestó que ella no estaba en la Comisión de Infraestructura sino Imbecerril porque “ahí hay harto billete”. Mal comienzo, pero te repito que el voluntariado, en fin. Para probarla abrí al azar una página del Coquito en la que aparecía la figura de una rana, porque era la parte dedicada al silabario hispanoamericano en la letra (R). Hija, la mechuda de lo más pagada de sí misma, hizo un tchis con los dientes y en instantes dijo, “¡Sapo! ¿Ya ve señora que sé leer?”. A esas alturas el voluntariado ya me estaba llegando al ornitorrinco, cómo te explico, pero tomé aire y persistí. Pasé a evaluarla en comprensión lectora, y le di un párrafo de Platero y Yo, tomado de una edición en la que en la carátula aparecía Platero con sus orejotas mirando al lector. Nuevamente la doña me quiso pendejear haciéndose la que leía: “Y entonces el burro le dijo a la burra que le disculpara a él por su pequeñez de él”. Hija, se me contrajo la mandíbula y durante un buen rato no pude hablar del pasmo mientras la aprovechada alumna había sacado de la refri una cerveza y se la estaba chupando a pico de botella, con todo y eructo. Yo, ante la posibilidad de que pretendiera realizar ese ritual de ellos de pasarse el trago de boca en boca, di por terminada la lección y de paso el voluntariado y que se vayan muriendo todas mis amigas, que nadie escapa a ese destino solo que yo las voy a sobrevivir por mi energía tan abundante y positiva. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León)

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