Edición 2551: Jueves, 9 de Agosto de 2018

Pucha, ¡Mi Vecino en el Golffffff!!!!

Por: Lorena Tudela Loveday |

Ay, cholita, yo no tengo  por qué saberlo todo, tantas cosas que una tiene en la cabeza. Ese día me atropella para entrar primero al ascensor del edificio un caballero cachetón y mal encarado y yo en lugar de llamarle la atención por sus malos modales, preferí recurrir a la sociología y ponerlo en su lugar: “Joven, seguro debe ser nuevo, fíjese el ascensor para ustedes está allá al fondo junto a los separadores de basura, vaya y de paso si fuera tan amable, me saca de la vista ese trapeador que la chica de los de Osma siempre deja tirado, qué barbaridad”.

Hija, el nuevo me miró como si yo fuera la marquesa de El Golf y él, un descendiente de Mateo Pumacahua, “oiga tía, no se huevée que yo soy un flamante vecino de origen inglés y si me sigue troleando, mañana la saco la mierda en Exitosa”. Y nos metimos juntos al aparato.

Bueno, como tú sabes, pucha, yo de esas historias tengo repertorio, así que mientras subíamos y él seguía rumiando sus diferencias étnicas, me dediqué a mirarme en el espejo la carnosidad que me ha salido en el ojo y que me tiene aterrada comprando onco seguros en Rocheter, varios.

Pero, reina, me distraje demasiado y cuando se abrió la puerta salí yo sin darme cuenta de que también el caimán ese hacía lo mismo y terminamos en su departamento, en el piso cuatro, cómo te explico que yo casi con el apéndice de corsage, porque ese es el último síntoma a través del cual se expresa mi ansiedad. Pero, chola, lo que vi me quitó el habla y la movilidad de las piernas, por eso no atiné a salir volando.

En el recibo nos recibían (para eso es) unas estatuas hechas en China de tamaño natural y en fibra de vidrio, representando una a Cleopatra y la otra a Sócrates a punto de chuparse la cicuta. Yo, académica al fin, superé el terror y le expliqué al horrendo dueño de casa que allí había una inexactitud histórica, peor todavía si en la pared principal colgaba un póster iluminado de lila con la figura de Keiquito con los brazos abiertos como Eva Perón en el balcón, solo que nuestra madre de los pobres tiene las extremidades cortonas y más parecía un balaustre.

Hija, el cachalote dueño de casa entendió que yo quería una tour por el ambiance y eso era en efecto lo que yo quería, ávida por conocer cómo vive cierta gente cuando es trasplantada a un ecosistema que no le pertenece, yo sé que tú me entiendes, como un paico en los Kew Gardens.

Y entonces me avine al paseíllo y no me arrepiento, hija ,porque como en el Aleph, vi alfombras turcas tejidas ayer a máquina con diseños de tutankamones en verde, otro verde, otro verde más y verde perico. Unos sillones que más parecían marshmellows de cooperativa, hija, color rosado chicle con unos cojines imitación gobelino que se adornaban con unos caballeros lanza en ristre tan mal hechos que no se distinguía si el arma estaba lista para el combate o simplemente el sire estaba en pleno running his straw, cómo te explico.

La araña que pendía del techo era tan enorme que parecía tarántula chola, con la mitad de los caireles en ciclame y la otra, en verde, por supuesto, para hacer conjunto todo junto. Sobre la mesa de centro, de una  reciente talla virreinal que combinaba las hojas de acanto del barroco con un ¡Arriba Alianza!

En saliente alto relieve, se lucían varios trofeos deportivos con tira de bandera peruana y futbolista patuleco en la cúspide, junto con un ruedo de ceniceros robados de hoteles, bares y restaurantes, delatados por los logotipos que orgullosos lucían, además de las quemaduras de cigarro. A todo esto el anfitrión no paraba de hablar de sus amigotes, que chupaba a diario con el dueño de una repuestera (chola, en mi época esos no existían), que el juez supremo, que el fiscal superior y que la querida del secretario del juzgado y que Aldo, pobrecito, en fin, qué más te puedo contar.

Cuando me enteré de quién era el corroncho de vecino que nos habíamos echado al cuello, pucha, además de a los bomberos y a Defensa Civil, convoqué a una junta de vecinos y decidimos hacerle hielo, para comenzar. Regio, ¿no? Chau, chau.

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